Ana Morales: "Creo que la concepción de la Gen Z de trabajar para vivir les va a ayudar a la hora de no estar tan cansados como lo estamos nosotras"
Entrevista con la periodista experta en belleza y bienestar, que publica 'Estado civil: CANSADA', libro en el que analiza por qué las mujeres están exhaustas y da claves para facilitarse la vida.
"A todas esas mujeres que viven una astenia primaveral eterna y que han normalizado el cansancio como estilo de vida". Esta frase, que habrá hecho asentir con la cabeza a demasiadas lectoras, es la dedicatoria de Estado civil: CANSADA (Roca Editorial), libro que acaba de publicar Ana Morales, de belleza de Vogue.
Tras más de dos décadas especializada en bienestar, ha acudido a expertas de todas las áreas, de la nutrición al sueño, pasando por la salud mental, para desentrañar en sus páginas por qué las mujeres están agotadas y, lo más importante, qué está en nuestra mano para revertirlo. Porque, como sigue su dedicatoria, "podemos (y debemos) cambiarlo".
Llegados a este punto, quizá haya quien piense '¿y qué pasa con los hombres; acaso ellos no están cansados?'. Por supuesto que sí, es un mal de la sociedad, pero ellas, como incide Morales, suelen asumir más los cuidados, necesitan más horas de sueño, tienen bailes de hormonas en todas las etapas de su vida y suelen ser más autoexigentes y más multitarea, además de ser expertas en rumiación. Y todo esto, procurando ser buenas profesionales, buenas madres y tener buen aspecto.
De todo ello y de cómo reducir la carga y el agotamiento silencioso que nos quita claridad mental charlamos con la periodista, defensora de intentar de encontrar la manera "en nuestro día a día de que en esa lista de tareas que tenemos tan larga haya también momentos para nosotras mismas".
Recoges en el libro que hay hasta siete tipos de cansancio. Son muchos entonces los frentes que nos pueden estar drenando esa energía que tanto nos escasea, ¿no?
Total. Lo dice una doctora que tiene un libro que es como la Biblia del cansancio, Dalton-Smith. Habla de hasta siete tipos, que es verdad que son muchos, pero tienen todo el sentido, porque al final no solo el cansancio es físico o mental, sino también el creativo de cuando estás supercansada y no eres capaz de tomar buenas decisiones ni se te ocurren buenas ideas. El sensorial, que pierdes un poco esa capacidad de disfrutar de las cosas cuando estás cansada. El social, que disfrutas menos de las relaciones sociales, porque a veces lo único que quieres es encerrarte, estar en silencio y no hacer nada.
Habla también del emocional, del espiritual, que también tiene ahí un matiz de encontrar tu forma de desconectar, ya sea con algún acto de fe o simplemente creyendo en algo que te reconforte. Es bastante amplio el tema del cansancio.
En este libro te centras en las mujeres, que nadie dice que los hombres no estén cansados también, pero ¿por qué nuestro cansancio es distinto?
Es verdad lo que dices, todo el mundo está cansado. Hasta mis hijas, que incluso siendo adolescentes y preadolescentes ya están cansadas y creo que en parte es porque tenemos esta hiperconexión tan grande y este enganche a las redes sociales que al final estamos agotados todos.
El ritmo de vida que llevamos es acelerado para todos, pero el caso concreto de las mujeres el cansancio es muy particular por varias cosas. Por un lado está el tema físico; las hormonas nos condicionan muchísimo a lo largo de todas nuestras etapas, en la adolescencia y la etapa fértil y luego en la perimenopausia y menopausia. Una de las doctoras con las que hablé, Carla Estivill, me decía que el porcentaje de mujeres que padecen insomnio subía hasta un 45% de mujeres en la menopausia.
También está esta herencia que tenemos, cultural y social: nos hemos incorporado al mundo laboral más tarde y hemos tenido que demostrar muchísimo y siempre con este mensaje de podemos llegar a todo. En fin, toda esa presión que siempre nos ha sobrevolado y que, aunque las cosas van cambiando, siempre está ahí.
Y luego creo que psicológicamente somos muy particulares también, pues porque le damos muchas vueltas a todo. Hay estudios de que, normalmente, tenemos una respuesta rumiativa mayor que los hombres, además del tema de la autoconfianza y la autoestima, que flojea incluso ya desde niñas. También me comentó una neurocientífica, Ana Ibáñez, que el sistema límbico en el cerebro, que está relacionado con las emociones, también parece estar más activado en nosotras. Eso explica un poco que vivamos todo con tanta intensidad. Hay una amalgama ahí de factores y de condicionamientos que nos hacen estar un poquito más cansadas.
Hay un capítulo en el que dices si comparamos nuestra jornada de hace 10 años con la de ahora, seguro que estamos abarcando muchas más cosas, pero sin soltar nada. Para aliviar carga, ¿por qué delegar nos cuesta tanto y por qué es tan clave?
Tengo esa sensación de que —te hablo de mi sensación personal, pero creo que es muy generalizada— vamos asumiendo cada vez más tareas de una forma incluso muchas veces silenciosa, que no verbalizas. O lo verbalizas cuando estás agotada, explotas, ya no puedes más y lo dices de mala manera.
Se establecen unas dinámicas en las relaciones, ya sea de pareja, familiares o sociales en las que somos nosotras las que nos vamos cargando y nos cuesta compartir esa responsabilidad, un poco también por ese deseo de perfeccionismo que tenemos y esa autoexigencia. Muchas veces creemos que, o al menos hablo por mí, que esto lo tengo que hacer yo porque solo me gusta la forma en la que lo hago yo.
Siendo periodista de belleza, es curioso porque has abrazado el minimalismo en, ya sea en ropa o en ‘potingues’. ¿Cómo llegaste a ello y qué beneficios has notado?
Como editora de belleza tengo que probar muchos productos y forma parte de mi trabajo, pero es verdad que a veces me llega a fatigar el ver tantas cosas en mi cuarto de baño, en mi armario o en casa. Está demostrado esto del ruido visual: cuantas más cosas tienes a la vista y más desordenadas están, para tu cerebro es un asunto inacabado e incluso incrementa el cortisol. Por eso estoy entregada a intentar hacer las cosas más fáciles y eso implica también reducir el número de cosas que tienes. Además, cuantas más tienes, más preocupada estás por ellas.
Intento también hacer una compra y un consumo más consciente. Para ese capítulo en el que hablo de reducir la fatiga de decisión a la hora de elegir que me pongo, hablé con María José Pérez, creadora de la plataforma DModa, y ella me explicaba que a la hora de comprarte una prenda, primero que no compres por impulso, en el sentido de comprarte algo cada vez que tienes un evento. Por otra parte, cada vez que te compres una prenda, pensar al menos tres looks que podrías crear con ella. Me pareció una recomendación muy práctica para invertir en la ropa de una forma más coherente y hacer un armario más sostenible.
Y tú misma, un poco a lo Steve Jobs, has escogido como tu prenda de confianza el vestido negro.
¡Sí! Tengo muchos, algunos se parecen entre ellos, pero elegir la ropa y experimentar con ella he dejado de que sea una carga para mí. Entiendo que eso es muy personal porque hay gente que se divierte muchísimo con la ropa y para ellas es como un reducto de paz, pero en mi caso me he dado cuenta de que me restaba muchísima energía el probar, intentar seguir las tendencias, usar prendas, estampados o patrones que no van conmigo y no me hacen sentir cómoda. Si yo me siento cómoda con vestidos negros o pantalones básicos y un jersey de lana, pues ya está. No me complico más la vida y en ese sentido intento reducir esa carga.
¿Y tienes algún truquito más de decisiones del día a día que podamos automatizar y que nos simplifiquen?
Sobre las comidas, que en esto es verdad que me sé la teoría, pero no tanto la práctica, en lo que insisten todas las nutricionistas con las que he hablado es en la importancia de planificar los menús y la compra. Y tampoco tiene que ser algo muy elaborado; hay incluso buenos envasados que puedes consumir con tranquilidad y que te van a facilitar hacer una cena rápida. Si vas al súper después de salir del trabajo y con hambre, vas a tomar la peor decisión. Si lo planificas con antelación y haces una buena reserva de alimentos consigues que a la hora de preparar las cenas sea todo fácil y sano
O simplificar las rutinas cosméticas. Tampoco hace falta hacer rutinas de diez pasos; con usar dos o tres productos bien usados, prescritos por un especialista si puede ser, y siendo constantes en su uso, haremos que cuidarnos la piel no sea una carga más.
Y hay personas para las que el desorden no es un problema, pero para otras sí, entonces pues intentar mantenerlo en el día a día con ciertas recomendaciones básicas. Una que me gusta mucho es la de resetear las habitaciones después de usarlas: antes de irte a la cama, colocas los cojines en su sitio, doblas las mantas y ya te vas a la cama más tranquila y al día siguiente no te levantas con ese desorden que te puede poner ya en alerta antes de tiempo.
Tu día a día empieza muy temprano, cuentas que eres del llamado club de las 5:00 ¿Qué pautas darías para quien lo quiera probar?
Tengo que reconocer que estoy cambiándolo. Durante mucho tiempo lo he sido, pero de una mala manera. Aunque está vinculado al tema de la productividad, la idea que tenía Robin Sharma era levantarte pronto, pero también para dedicarte a actividades que te aporten a nivel personal o emocional: meditar, hacer ejercicio... Y por otra parte, él también hablaba de acabar el día antes, de hacer una buena rutina de sueño a partir de las 19:00 con actividades que te lleven a la desconexión.
El problema es que yo he sido un poco miembro de este club, pero sin cumplir bien la teoría, porque me he levantado muy pronto y he acabado el día tarde. No soy una buena embajadora y eso lo estoy intentando cambiar; levantarme un poquito más tarde para que el día no sea tan largo.
Y tampoco es para todo el mundo, ¿no? Para quien sea más nocturno, no es su fórmula.
Totalmente. Lo que dicen de que hay personas que son alondra, que rinden mucho más por la mañana, y otras búho, que lo hacen por la noche. Si eres una persona más búho, evidentemente este club no es para ti. A mí, que soy una morning person, como se suele decir, sí me ha ayudado a esas primeras horas del día a tener más concentración, a ser más productiva, pero claro, esto choca con la idea del descanso. Luego he pagado un poco las consecuencias porque a las 12:00 de la mañana ya estaba agotada y ya no podía con mi alma. Entonces, bueno, creo que estas teorías hay que adaptarlas a tus necesidades y a tus circunstancias.
Y yendo a ese melón que es la maternidad, es necesaria esa reflexión de que no hace falta el megacumpleaños perfecto ni pasarse el fin de semana haciendo planes especiales y todo cuqui, ¿verdad?
Sí, me parece que esto es muy necesario, más hoy en día. Tenemos tantísima información y vemos tantas cosas bonitas en las redes sociales... tú antes te comparabas con tu círculo más íntimo, pero ahora te puedes comparar con un mundo infinito de idealidad y esto también agota. Y en el caso de la maternidad, hay muchísima información que nos puede ayudar a intentar hacer las cosas mejor, pero por otra parte, en el tema cumpleaños, ocio y tal, nos estamos complicando la vida muchísimo.
Ahora en Navidad se ha hablado mucho de eso, del tema de los elfos, que agota a las madres porque cada día tienen que inventar una trastada y tal. Ahí también tenemos que poder un poco de raciocinio y no cargarnos con más cosas de las necesarias.
¿Qué es la queja pasiva, sobre la que también tratas?
Me pasa muchas veces con amigas, con compañeras, me pasa incluso en casa, que empiezas a enumerar todo lo que has hecho, todo lo que tienes que hacer. A veces no escuchas a la otra persona porque solo quieres validar todo lo que haces y te queda por hacer. Y entras en una queja negativa que te intoxica a ti e intoxica a la otra persona. Esa queja pasiva tampoco nos ayuda a cambiar. La queja activa es supernecesaria para lograr cambios, pero esta queja pasiva de ‘me quejo porque me quejo, pero tampoco hago nada por cambiar’ no nos lleva a ninguna parte, aunque también reconozco que soy la primera que me quejo muchísimo.
Un desahogo no viene mal, pero quedarnos ahí permanentemente, no...
Exacto, es muy bueno desahogarse un ratito, pero ya está, no encallarse.
Y mirando a futuro, observando a la Generación Z, sus dinámicas y su relación con el cansancio, ¿estarán cuando ellos tengan los 30 y los 40 menos cansados de lo que estamos los millennials ahora?
Creo que ellos van a estar menos cansados que nosotros. Por una parte, ellos tienen que lidiar con las redes sociales; las nuevas tecnologías han llegado a nuestra vida más tarde. En su caso, prácticamente han crecido con ellas y eso agota muchísimo. Pero sí creo que, por otra parte, tienen una cultura y una gestión de las emociones más formada que la nuestra. Yo tengo 43; a las que somos de esta generación de 'Yo fui a EGB', se nos ha inculcado el sobreesfuerzo, el no poner límites, el llegar a todo, y creo que eso entre los más jóvenes está cambiando.
Ahora son mucho más capaces de decir que no. Incluso a la hora de elegir un trabajo valoran muchísimo cómo les facilita también el equilibrio personal, que eso es algo que quizá en generaciones más mayores no lo teníamos en cuenta. Creo que esa concepción que tienen de ‘trabajar para vivir, pero no vivir para trabajar’ les va a ayudar mucho a la hora de no estar tan cansados como lo estamos nosotras.
¿Tienes algún mensaje que quieras dar a quien de buen propósito de 2026 tenga estar menos cansado?
El otro día me gustó mucho una cosa que leí que era ‘propósito para 2026: hacer menos’. Me refiero a hacer menos en el sentido de la productividad tal y como la conocemos. Hemos puesto tanto el valor en la productividad, en el hacer, que se nos ha olvidado un poco el ser, el sentir, el poner el foco en las emociones. Hay que diferenciar entre lo urgente y lo importante. Relajarse en ese sentido nos puede ayudar.
Obviamente esto es fácil decirlo y luego el día a día te lleva y hay cosas que hay que hacer sí o sí porque nadie las va a hacer por ti, y entiendo que la teoría puede sonar utópica. Pero creo que es encontrar la manera en nuestro día a día de que en esa lista de tareas que tenemos tan larga haya también momentos para nosotras mismas. Y no me refiero a grandes planes, porque no todos los días se puede quedar a comer como una amiga, ir al cine o darse un masaje.
Me refiero a cosas pequeñitas, dedicarte unos minutitos a tomarte el café en calma por la mañana, a escuchar un podcast o a hablar por teléfono con una amiga, aunque sean 10 minutos. Eso ya te te conecta mucho contigo y con los demás y te desconecta un poco de este mundo en el que hay tanto ruido. Esas pequeñas cosas son las que te dan alegría en el día a día, lo que a veces se nos olvida.