Una experta en 'slow life', sobre los buenos propósitos: "Quizás enero no sea el momento de reinventarse, sino de un descanso radical"
"Debemos dejar de intentar ser mejores en el nuevo año".

No hay nada más típico del inicio de un año nuevo que tomárselo como un lienzo en blanco para, ahora sí que sí, llevar a cabo todo eso que nunca hacemos a través de los propósitos de año nuevo.
Ejercicio, alimentación saludable, dejar hábitos perjudiciales o materializar esos "a ver si" que nunca se llevan a la práctica copan las listas de ese 'nuevo yo' en el que pretendemos convertirnos en enero.
Pero, ¿y si en vez de tanto cambio, tanto derroche de energía y tanta productividad, lo que de verdad debiéramos hacer fuera descansar? ¿Y si estamos yendo contra natura?
Eso es lo que plantea un artículo de la revista TIME que comienza con una comparación bien gráfica: mientras nosotros nos afanamos por ir al gimnasio, la naturaleza hiberna.
Una época para un ritmo más pausado
"No hay nada malo en el crecimiento personal, pero enero es el peor momento para priorizarlo. Debemos dejar de intentar ser mejores en el nuevo año", defiende Raquel Bearn, autora del texto y experta en 'slow life'.
Argumenta que aunque los seres humanos no hibernamos como otros animales, pero sí estamos "biológicamente diseñados para un ritmo de vida más tranquilo durante el invierno". Además, al haber menos horas de luz solar, "nuestros cuerpos producen más melatonina, la hormona del sueño, lo que nos provoca mayor cansancio".
Bearn, quien ha escrito el libro Un año para bajar el ritmo, es clara: "Quizás enero no sea el momento de reinventarse, sino de un descanso radical". Algo que también es positivo para nuestra productividad a largo plazo.
Cómo conectar con el momento presente
Para ella, "vivir en sintonía con las estaciones es una excelente manera de conectar con el presente" y darle al cuerpo lo que necesita en cada momento. Para reforzar este mindfulness y esta calma, aconseja aprovechar las tardes oscuras para "alejarse un poco de las pantallas" y dedicarlas a manualidades, leer o practicar yoga.
La autora deja un párrafo perfecto para recordar en esos momentos en los que sólo queremos remolonear: "El invierno nos recuerda que el mundo no florece todo el año y que la productividad no es la única medida de una vida plena. Quizás la lección de enero no sea empezar de nuevo, sino honrar dónde estamos. Así como los árboles no se apresuran a brotar y la tierra se toma su tiempo para descongelarse, nosotros también podemos permitirnos movernos con calma, descansar, recuperarnos".
