Los antropólogos coinciden: los padres modernos no duermen menos que sus ancestros cazadores-recolectores, pero se sienten mucho más agotados
Es una cuestión de diferencia cultural.

La falta de sueño es algo que ya va incluido en la rutina de todos los padres con niños pequeños. Frases como "no he pegado ojo en toda la noche", "el café es mi mejor amigo" o cuestionarse si algún día podrán volver a dormir son parte de su día a día.
Ante esta situación, varios antropólogos y expertos en sueño han comparado los ritmos de sueño de los padres modernos, con nuestros antepasados y sociedades de cazadores-recolectores. Y a la conclusión a la que han llegado es que la gran diferencia está en cómo se vive el cansancio.
El análisis antropológico y científico apunta a que los padres modernos no necesariamente descansan menos horas, pero sí se sienten mucho más agotados física y mentalmente. Además, las razones por las cuales ocurre este fenómeno van mucho más allá de los despertares nocturnos de los bebés.
El mito de que los padres no duermen
Durante años se ha asociado la crianza con una privación extrema de sueño y, a pesar de que cada casa es un mundo, se ha realizado un estudio en Alemania para analizar cuánto tiempo de sueño se pierde realmente. Y aunque el descanso tarda años en volver a los niveles previos al embarazo, la diferencia total no es tan extrema como suele pensarse.
Según los datos del estudio, —que seguro que sorprenden a más de uno— las madres primerizas duermen aproximadamente una hora menos durante los primeros meses tras el nacimiento del bebé, mientras que los padres pierden una media de 20 minutos.
Cuando los antropólogos compararon estos datos con en sociedades de cazadores-recolectores contemporáneas como los hadza del norte de Tanzania —para intentar determinar cómo vivían nuestros antepasados—, descubrieron que sus patrones de sueño no eran tan distintos. Los adultos de estas comunidades pasan entre 6,9 y 8,5 horas en la cama, aunque se despiertan frecuentemente durante la noche.
¿Por qué los padres modernos se sienten tan agotados?
La clave parece estar en la percepción del descanso y en el contexto social. David Samson, antropólogo evolutivo de la Universidad de Toronto, asegura que las personas de comunidades cazadoras-recolectoras suelen mostrarse satisfechas con su sueño pese a despertarse varias veces por noche.
En las sociedades industrializadas ocurre lo contrario. Muchos padres califican su descanso como insuficiente incluso durmiendo un número de horas razonable. Los expertos creen que esto tiene relación con las expectativas modernas sobre cómo "debería" ser el sueño.
La idea de dormir ocho horas seguidas y profundamente es relativamente reciente en la historia humana. Antes de la Revolución Industrial, los despertares nocturnos eran habituales y no se percibían como un problema. Hoy, en cambio, existe una fuerte presión por dormir de forma continua para poder rendir en jornadas laborales rígidas y altamente exigentes.
La crianza "no colectiva" pasa factura
Otro de los grandes cambios respecto a nuestros ancestros es la falta de apoyo comunitario. En las sociedades cazadoras-recolectoras, el cuidado infantil era compartido. Abuelas, hermanos mayores y otros miembros del grupo ayudaban constantemente en la crianza. Ahora, no todo el mundo cuenta con esa ayuda "extra".
La antropóloga Sarah Blaffer Hrdy explica que los humanos no habrían sobrevivido como especie sin esa "crianza colectiva". Hoy, en cambio, muchas familias crían prácticamente en soledad mientras intentan compaginar empleo, tareas domésticas y cuidados. En Europa y Estados Unidos predominan los hogares con dos progenitores trabajando fuera de casa, lo que multiplica la sensación de agotamiento.
El sueño compartido y las diferencias culturales
Los antropólogos también han observado importantes diferencias en la forma de dormir con los bebés. En la mayoría de culturas tradicionales, las madres duermen junto a sus hijos y los amamantan durante la noche. Para muchas sociedades, separar al bebé de sus cuidadores resulta incluso extraño.
Algunas investigaciones sugieren que las madres que practican lactancia nocturna y sueño compartido pueden llegar a sentirse más descansadas, aunque los despertares sean frecuentes. Esto se debe a que muchas veces no llegan a despertarse completamente y vuelven a dormirse con rapidez.
Además, la prolactina —la hormona relacionada con la lactancia— también favorece el sueño materno. Algunos estudios han encontrado que las madres lactantes duermen entre 30 y 45 minutos más por noche que aquellas que recurren exclusivamente a leche de fórmula.
