La casa más aislada del mundo está en una isla sin puerto y si fallas al saltar a la roca caes al agua helada
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La casa más aislada del mundo está en una isla sin puerto y si fallas al saltar a la roca caes al agua helada

Los últimos habitantes del lugar abandonaron el islote en la década de 1930.

Vista por una ventana desde el interior de una casa rural.GETTY

Una pequeña casa blanca, encajada entre colinas verdes y rodeada por el océano, se alza en la isla de Ellidaey, en el archipiélago de Vestmannaeyjar, al sur de Islandia. Sin carreteras, sin vecinos y sin puerto, este refugio se ha ganado en redes sociales el apodo de “la casa más aislada del mundo”.

Durante años, su imagen ha alimentado todo tipo de rumores: desde que fue un regalo del Gobierno islandés para la cantante Björk hasta que se trata de un búnker secreto para un multimillonario. Sin embargo, la realidad es mucho menos extravagante.

Un refugio para cazadores de frailecillos

Aunque hoy parece completamente deshabitada, la isla de Ellidaey sí tuvo población. Hasta principios del siglo XX vivieron allí cinco familias que se dedicaban a la pesca y a la cría de ovejas. Los últimos habitantes abandonaron el islote en la década de 1930.

La casa actual no es tan antigua como parece. Fue construida en 1953 por la Asociación de Caza de Ellidaey para servir de refugio a los cazadores de frailecillos, unas aves marinas muy abundantes en la zona.

En la actualidad, el edificio se utiliza de forma ocasional por cazadores y científicos que obtienen permiso para alojarse allí. El lugar está protegido por el Gobierno islandés y no está abierto al turismo.

Con sauna, pero sin agua corriente

A pesar de su aislamiento, el interior de la casa sorprende por su nivel de comodidad. Cuenta con sofás amplios, estufa de leña y una cocina equipada. En la planta superior hay un dormitorio con capacidad para unas diez personas.

Eso sí, la vivienda no dispone de agua corriente. Para abastecerse, utiliza un sistema de recogida de agua de lluvia. Como es tradición en Islandia, también tiene sauna, además de una terraza de madera con vistas al océano.

Un acceso solo para los más valientes

Llegar hasta la isla no es sencillo. No existe muelle ni punto de desembarco. Quienes consiguen permiso deben acercarse en barco y saltar hasta un acantilado, donde una cuerda permite trepar hasta la parte superior de la isla.

Si el salto falla, la caída al agua helada es casi segura. Una vez superado ese primer obstáculo, aún queda subir por la empinada pendiente hasta alcanzar la casa.

Por eso, la mayoría de visitantes solo puede verla desde lejos, durante excursiones en barco por las islas Vestman. Un paisaje que, con su única casa blanca en mitad del océano, sigue alimentando el mito de uno de los lugares más aislados del planeta.

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