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EEUU e Irán, a negociar: desacuerdos, exigencias y amenazas de una cita incierta

EEUU e Irán, a negociar: desacuerdos, exigencias y amenazas de una cita incierta

El hecho de que los dos adversarios se sienten en la misma mesa puede parecer un paso hacia la distensión, pero no hay que perder de vista el despliegue militar que ha ordenado Trump en la zona ni sus exigencias respecto a los ayatolás. 

El líder supremo de Irán, Ali Jamenei, y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en sendas imágenes de archivo.
El líder supremo de Irán, Ali Jamenei, y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en sendas imágenes de archivo.Reuters

Con incertidumbre y esperanza, el mundo mira este viernes a Mascate, la capital de Omán. Allí, delegaciones de Estados Unidos y de Irán mantendrán una reunión directa para intentar calmar una de las crisis geopolíticas más complicadas del momento, aunque enraizada en una enemistad de hace casi cinco décadas. 

El ambiente que rodeará al encuentro es de tensión y desconfianza. Claro que ver una reunión civilizada alienta, pero que por ahora se opte por la diplomacia no borra ni el despliegue militar que ha ordenado Washington en la zona ni sus exigencias respecto a los ayatolás, tampoco la violencia de los manifestantes contra Teherán y sus violaciones sistemáticas de derechos. 

Estamos ante un intento común de acercamiento porque ninguno de los dos quiere una guerra. Para el líder supremo iraní, Ali Jamenei, un conflicto abierto sería insostenible, dada la debilidad defensiva y económica que sufre, por los daños de la Guerra de los 12 Días del pasado verano (con los ataques de Israel y el propio EEUU) y las sanciones internacionales impuestas por su programa nuclear. Para el presidente norteamericano, Donald Trump, una contienda en toda regla supone un agujero en el presupuesto, perder el foco de las zonas que sí le interesan del planeta e incumplir la promesa electoral de no enrolar a jóvenes de su país en un fuego que los puede hacer retornar en un féretro. 

Así que los dos se aproximan cual pistoleros del oeste, mirándose y calibrando si hay que echar mano de las pistolas pero, realmente, sin ganas de hacerlo. No hacer al menos eso denotaría cobardía, así que ahí están, intentando hablar de sus diferencias, que son muchas, y del grado de flexibilidad o de cesión que se puede tener para no ir a la guerra total. Qué es soportable, qué es vendible, qué puede pasar por una victoria relativa, qué no. Los límites, el relato. 

La cita

Por parte estadounidense, se espera la participación en la reunión de Steve Witkoff, enviado especial para Oriente Medio, y de Jared Kushner, yerno del presidente Trump y mediador sin cargo fijo en la Casa Blanca, pero con enormes intereses particulares en la región. Por su parte, Irán estará representado por su ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araqchi, con el respaldo directo del presidente Masoud Pezeshkian y bajo la atenta supervisión de Jamenei. 

Omán, tradicionalmente discreto pero actor clave en los contactos entre Washington y Teherán, actuará como mediador. No era ese el plan que quería EEUU, sin embargo, lo cual hace aún más significativa la elección del territorio. Durante días, el desacuerdo sobre la sede -primero Estambul (Turquía) y luego Mascate- hizo que se temiera por un descarrilamiento de los contactos. A Washington le parecía un mediador parcial. Teherán no se fiaba un pelo del presidente turco, Recep Tayyip Erdoğan, a su vez. 

Ese fue el primer roce importante en los contactos previos a la cita de este viernes, en los que participaron altos funcionarios de EEUU e Israel, así como de Turquía y Arabia Saudí, con encuentros por separado en Jerusalén y Riad, donde abordaron los desafíos regionales de las próximas conversaciones.

Luego, estaba obviamente el contenido de la agenda, que sembró más dudas aún y alimentó la sensación de que EEUU podría optar por un enfoque más coercitivo, castigador. Trump no ayudó a aliviar esa tensión al declarar que Jamenei "debería estar muy preocupado", una frase que se interpretó en Teherán como una advertencia directa a su líder político y religioso, aunque el presidente estadounidense también dio la de arena: "Están negociando con nosotros", dijo, dejando la puerta abierta a un entendimiento. Una postura clásica en el republicano. 

Los negociadores de EEUU, Steve Witkoff y Jared Kushner, tras una reunión de la Coalición de Voluntarios para Ucrania, 6 de enero de 2026, en París.
Los negociadores de EEUU, Steve Witkoff y Jared Kushner, tras una reunión de la Coalición de Voluntarios para Ucrania, 6 de enero de 2026, en París.Tom Nicholson / Getty Images

Cómo llegan los adversarios

Irán llega a la cumbre de Omán con una postura clara, basada exclusivamente en la permanencia de su programa nuclear. Insiste en que es para uso civil, no militar, y que tiene pleno derecho a avanzar en sus investigaciones porque busca progresos energéticos o médicos, no una bomba atómica. 

El canciller Araqchi ha reiterado en las últimas horas que cualquier intento de introducir en el debate el programa de misiles balísticos o el apoyo iraní a actores armados en la región (el llamado Eje de Resistencia) supondría cruzar una línea roja. 

En Washington, sin embargo, insisten en hablar de todo eso que Irán no quiere: el secretario de Estado, Marco Rubio, ha dejado claro que no considera suficiente un acuerdo limitado al ámbito nuclear. Eso era antes, quizá, cuando aún estaban calientes los rescoldos de su ataque en ayuda de Israel del pasado verano. El escenario ha cambiado ligeramente: sabe que le hizo algo de daño a ese programa nuclear, aunque no lo destruyó por completo, y sabe que hay una enorme presión en las calles de Irán, por las protestas multitudinarias por la crisis económica, por lo que la posición de los ayatolás es más comprometida, y eso lleva a la flaqueza, ansía la Casa Blanca. 

Para el equipo de Trump, cualquier entendimiento que excluya esa situación interna y la represión con que se intenta acallar (hay 11.000 muertos según ONG como HRANA, cifra que puede llegar a los 20.000 según la ONU), que deje fuera el programa de misiles de Irán o su influencia regional -por más que también esté descafeinada tras los golpes a sus aliados de siempre, como el sirio Bachar el Assad, los hutíes de Yemen, Hamás en Palestina y Hezbolá, en Líbano-, convierte en inútil las conversaciones. O, como poco, en cortoplacistas, en parches temporales. 

Esta diferencia de enfoque ha condicionado las conversaciones de Mascate desde el principio y abre dos caminos posibles: un acuerdo técnico y limitado para reducir las tensiones inmediatas o un nuevo bloqueo, que devuelva la relación al terreno de la presión y las amenazas.

Eric Brewer, de la Iniciativa contra la Amenaza Nuclear, apunta en la prensa norteamericana a que, por ahora, el simple hecho de que haya acercamiento ya está beneficiando a Teherán. "No quiero decir que Irán se sienta seguro o confiado en su posición, pero me imagino que está bastante entusiasmado de que, tan sólo unas semanas después de masacrar a miles de sus ciudadanos, la conversación haya vuelto a la diplomacia nuclear y al destino de su uranio altamente enriquecido", expone.

Ciudadanos iraníes se reúnen bajo una valla publicitaria antiestadounidense e israelí durante una manifestación a favor del régimen, el 4 de febrero de 2026, en Teherán.
Ciudadanos iraníes se reúnen bajo una valla publicitaria antiestadounidense e israelí durante una manifestación a favor del régimen, el 4 de febrero de 2026, en Teherán.Morteza Nikoubazl / NurPhoto via Getty Images

Enseñando los dientes

No hay que perder de vista que EEUU sienta a su gente a hablar pero con las espaldas muy bien cubiertas, después de haber incrementado su presencia militar en Oriente Medio a un nivel no visto en décadas. Y no sólo con material defensivo, sino también ofensivo. 

Todo esto es lo que ha enviado hasta ahora a la zona:

  • Hay ya cerca de una docena de buques de guerra, incluidos destructores con capacidad antimisiles y armamento de largo alcance, operan entre el mar Arábigo, el Rojo y las inmediaciones de Ormuz, vital para los exportadores de gas y petróleo de la región del Golfo, ya que es la única ruta por mar para exportar grandes volúmenes de ambos bienes, producidos entre los países ricos en petróleo de la región. Los petroleros transportan a través del estrecho una media de 20 millones de barriles diarios, o el equivalente a cerca del 20% del consumo mundial de líquidos petrolíferos, según el análisis de la Administración de Información Energética de Estados Unidos.
  • En el agua, destaca especialmente el despliegue de un grupo de combate encabezado por el portaaviones USS Abraham Lincoln, desviado expresamente desde el Indo-Pacífico, para aumentar la presión sobre el régimen iraní. El pasado martes, se produjo un incidente serio, cuando un dron iraní Shahed-139 voló en su dirección "con intenciones poco claras". Fue derribado por un caza F-35C de EEUU. No hubo daños personales ni materiales, pero aquello fue una muestra de la volatilidad del escenario y de cómo cualquier chispa puede acelerar el choque. Un error podría tener serias consecuencias. 
  • El refuerzo se completa con un despliegue aéreo igualmente notable, que incluye una treintena de cazas, drones con munición, aviones de reabastecimiento, transporte y reconocimiento. Han sido detectados sobrevolando o aterrizando en bases norteamericanas de Jordania y Qatar.  
El USS Abraham Lincoln, un portaaviones de propulsión nuclear de clase Nimitz, en la Estación Aérea Naval de North Island en San Diego (California), el 11 de agosto de 2025.
El USS Abraham Lincoln, un portaaviones de propulsión nuclear de clase Nimitz, en la Estación Aérea Naval de North Island en San Diego (California), el 11 de agosto de 2025.Mike Blake / Reuters

En qué puede quedar

El régimen de Teherán teme que un ataque externo, sobre todo de su peor enemigo mundial junto a Tel Aviv, pueda reavivar las protestas internas, tras más de 40 días y cuando las motivaciones económicas iniciales han ido dando paso, poco a poco, a una nueva muestra de descontento general con la opresión que impone el Gobierno religioso. 

En este escenario, una de las hipótesis que barajan diplomáticos y analistas es la de un acuerdo mínimo en la cita de este viernes, que incluya limitaciones verificables al enriquecimiento de uranio, a cambio de un alivio parcial de las sanciones internacionales, pero realmente no ha trascendido a las claras qué pedirían los iraníes a cambio. 

En un momento dado, en el pasado, ya pareció que Irán planeaba proponer la entrega de su arsenal de uranio altamente enriquecido al 60 % a un país tercero, como Turquía. Aunque Irán ha dudado públicamente sobre este punto desde entonces, se trata de la misma concesión discutida en la Asamblea General de las Naciones Unidas en septiembre, para evitar la cláusula de "retroceso rápido" de la Resolución 2231 del Consejo de Seguridad. EEUU y Europa rechazaron la oferta en septiembre. Sin embargo, si la descarga de uranio iraní se combina con una suspensión continua del enriquecimiento iraní y restablece el acceso a los inspectores del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), será un logro notable. 

Este no sería un resultado ni grandioso ni definitivo, pero sí suficiente para reducir las tensiones a corto plazo. A la vez, supondrían para Irán un respiro económico, además de permitir a Trump presentarlo como un éxito negociador. Ninguno de los dos levanta el arma primero, los dos tienen un titular que vender, los dos evitan comprometer más billetes, más armas y más vidas. 

Otra posibilidad, también, es que las conversaciones sólo sirvan para ganar tiempo, que no haya avances sustanciales, mientras ambas partes miden sus fuerzas y calculan el coste real de una escalada. Una toma de contacto para pulsar cómo están las cosas y hasta dónde estaría dispuesto a llegar cada cual, que mantendría esas miradas de cowboys, alerta, con la mano cerca del gatillo. 

Nadie sabe, eso sí, todo esto cómo podría ayudar directamente a los críticos con los ayatolás, que es a quienes Trump ha puesto ahora por delante como parapeto para reforzar sus amenazas contra Teherán. El propio Ejecutivo norteamericano ha reconocido que desconoce qué ocurriría si el régimen cae. Quizá eso le haga andar con pies de plomo y evitar, por ahora, una acción militar mayor. 

La verdad es que este escenario tiene paralelismos con la Hungría de 1956 o el Irak de 1991, donde Washington llamó al pueblo a levantarse, pero luego hizo poco. Los manifestantes fueron brutalmente aplastados en ambos casos. Lo recuerda Nate Swanson, director del Proyecto de Estrategia sobre Irán en la Iniciativa de Seguridad Scowcroft para Oriente Medio del Atlantic Council,  en un análisis sobre esta cita. 

Señala, además, que hay que ser muy cautos con la reunión. "No representa necesariamente un giro claro hacia la diplomacia, las posibles conversaciones no implican que Trump no vaya a atacar a Irán en el futuro", recuerda. Ya pasó en junio, cuando EEUU atacó instalaciones militares iraníes dos días antes de la fecha prevista para una nueva ronda de negociaciones nucleares. La pregunta que el planeta se hizo es si Trump había estado jugando con los ayatolás todo el tiempo, para que se confiaran. 

"Quizás se trate, una vez más, de una elaborada maniobra para desestabilizar a Irán o de una oportunidad para buscar concesiones masivas antes de recurrir a los ataques si las conversaciones no logran el resultado deseado. La participación de los ministros de Asuntos Exteriores de la región indica que probablemente no será una negociación íntima ni técnica", avanza.

¿Cuáles son las capacidades de Irán hoy?

En junio de 2025, EEUU e Israel eliminaron las defensas aéreas de Irán, debilitaron la capacidad de ataque de largo alcance y penetraron en su espacio aéreo para atacar instalaciones nucleares estratégicas sin sufrir una sola pérdida. 

La respuesta iraní se centró en Tel Aviv, aunque también acometió un ataque sin consecuencias contra la base estadounidense de Al-Udeid en Qatar. Fue más un toque de atención que un intento real de hacer daño. Esta vez, Teherán afirma estar listo para tomar represalias contundentes y se prepara para ello: más allá de que los mulás y la Guardia Revolucionaria no sean tomados por sorpresa, comprenden plenamente que serán un blanco especial, debido a sus intereses económicos y su capacidad militar. La Guardia Revolucionaria controla ahora casi toda la infraestructura productiva y comercial y constituye un ejército muy bien equipado.

El Instituto Francés de Asuntos Internacionales y Estratégicos (IRIS) señala que sus unidades de defensa aérea fueron parcialmente reconstruidas con apoyo chino; su capacidad de represalia se basa en reservas de misiles de largo alcance, drones Shahed en gran número, una flota de submarinos (clase Kilo, de 3.000 toneladas, armados con misiles Kalibr, y 23 submarinos clase Ghadir, de 123 toneladas, equipados con misiles y torpedos), lanchas rápidas y aliados exteriores. 

Esto les da la capacidad de sembrar el caos en Oriente Medio a través de diversas vías, bloquear el estrecho de Ormuz, intentar atacar buques estadounidenses (civiles y militares) y, por supuesto, cubrir a Israel con una lluvia de misiles. Todo eso, no obstante, está en horas bajas, insisten sus expertos. 

Donald Trump y Benjamín Netanyahu, en el aeropuerto Ben Gurión, antes de que el norteamericano acuda a la firma del acuerdo sobre Gaza, el 13 de octubre de 2025.Chip Somodevilla / Getty Images

Mucho más que una bilateral

Y es que el impacto de estas negociaciones se extiende mucho más allá de Washington y Teherán. Israel ve con preocupación cualquier acuerdo que considere insuficiente para frenar la eventual capacidad nuclear de Irán y se reserva la opción de actuar por su cuenta si percibe una amenaza existencial. Sin embargo, estos días guarda un llamativo silencio. Igual que en verano alentó a EEUU a ayudarle en su operación insólita contra el programa atómico de su enemigo, ahora hace como el que oye llover. 

El gabinete del primer ministro Benjamin Netanyahu insiste en que el régimen actual es una "amenaza existencial" para su Estado, pero se cuida de alentar más las llamas. Witkoff, el enviado de Trump, se reunió el martes con el mandatario israelí y recibió el mensaje de que "no se puede confiar en que Irán cumpla sus promesas".

Los países del Golfo, por otro lado, presionan discretamente para que la diplomacia avance, señalando que una guerra abierta tendría un gran impacto en la seguridad energética y sus propias economías. No es casualidad que, tras la confirmación de la reunión en Omán, los precios del petróleo y el oro hayan caído, lo que refleja una ligera reducción del riesgo inmediato.

También habría que ver cómo reaccionan a una agresión a Irán esos restos que aún le quedan de aliados proxys, los que hasta hace dos años eran un frente unido, fuerte, y ahora son restos desarbolados, unos por la acción del propio EEUU y de Israel, otros como resultado de la guerra civil interna. El caso es que el brazo internacional de Jamenei es, hoy, infinitamente más corto y menos musculado que entonces. 

Rusia y China también miran desde lejos todo el proceso. Moscú ha advertido contra el uso de la fuerza y aboga por la diplomacia, mientras que Pekín considera la estabilidad del Golfo un interés estratégico directo. Para ambos, un fracaso del diálogo reforzaría la volatilidad global en un momento ya marcado por múltiples frentes de tensión.

Por lo tanto, las conversaciones de Mascate parecen ser un punto de inflexión incierto. Si tienen éxito, podrían marcar el comienzo de una fase de desescalada controlada, aunque limitada y frágil. Si fracasan, el riesgo no es sólo el colapso de la diplomacia nuclear, sino una cadena de decisiones que podría empujar a la región hacia una mayor Conflicto. En Omán, las conversaciones no sólo se centrarán en las centrifugadoras y los niveles de enriquecimiento de uranio, sino también en el delicado equilibrio en un tablero tan precario siempre como el de Oriente Medio, en los meses por venir. 

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Soy redactora centrada en Global y trato de contar el mundo de forma didáctica y crítica, con especial atención a los conflictos armados y las violaciones de derechos humanos.

 

Sobre qué temas escribo

Mi labor es diversa, como diverso es el planeta, así que salto de Oriente Medio a Estados Unidos, pero siempre con el mismo interés: tratar de entender quién y cómo manda en el siglo XXI y cómo afectan sus decisiones a la ciudadanía. Nunca hemos tenido tantos recursos, nunca hemos tenido tanto conocimiento, pero no llegan ni las reformas ni la convivencia prometidas. Las injusticias siempre hay que denunciarlas y para eso le damos a la tecla.

 

También tengo un especial empeño en la actualidad europea, que es la que nos condiciona el día a día, y trato de acercar sus novedades desde Bruselas. En esta ciudad y en este momento, la defensa es otra de las materias que más me ocupan y preocupan.

 

Mi trayectoria

Nací en Albacete en 1980 pero mis raíces son sevillanas. Estudié Periodismo en la Universidad de Sevilla, donde también me hice especialista en Comunicación Institucional y Defensa. Trabajé nueve años en El Correo de Andalucía escribiendo de política regional y salté al gabinete de la Secretaría de Estado de Defensa, en Madrid. En 2010 me marché como freelance (autónoma) a Jerusalén, donde fui corresponsal durante cinco años, trabajando para medios como la Cadena SER, El País o Canal Sur TV.

 

En 2015 me incorporé al Huff, pasando por las secciones de Fin de Semana y Hard News, siempre centrada en la información internacional, pero con brochazos de memoria histórica o crisis climática. El motor siempre es el mismo y lo resumió Martha Gellhorn, maestra de corresponsales: "Tiro piedras sobre un estanque. No sé qué efecto producen, pero al menos yo tiro piedras". Es lo que nos queda cuando nuestras armas son el ordenador y las palabras: contarlo. 

 

Sí, soy un poco intensa con el oficio periodístico y me preocupan sus condiciones, por eso he formado parte durante unos años de la junta directiva de la ONG Reporteros Sin Fronteras (RSF) España. Como también adoro la fotografía, escribí  'El viaje andaluz de Robert Capa'. Tuve el honor de recibir el XXIII Premio de la Comunicación Asociación de la Prensa de Sevilla por mi trabajo en Israel y Palestina y una mención especial en los Andalucía de Periodismo de la Junta de Andalucía (2007). He sido jurado del IV Premio Internacional de Periodismo ‘Manuel Chaves Nogales’.

 

 


 

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