Paola, 45 años, hace 20 que se dedica al sector de la pesca artesanal: "Trabajo en un ambiente hostil, hay mucho machismo"
“Siempre están juzgándome, incluso las personas de mi género”, asegura.

Desde tiempos ancestrales, la pesca ha sido un oficio fundamental para la supervivencia y el desarrollo de comunidades costeras, transmitido de generación en generación. Aunque la imagen tradicional se asocia con hombres en alta mar, cada vez más mujeres desafían esa percepción y se adentran en este trabajo exigente y riesgoso, construyendo historias de esfuerzo, pasión y resiliencia como la de Paola Rodríguez Donn.
Esta mujer de 45 años lleva más de dos décadas trabajando en la pesca artesanal y se ha consolidado como una de las voces femeninas más visibles de un oficio peligroso y, a la vez, poco reconocido. A lo largo de estos años, ha enfrentado jornadas extenuantes, condiciones climáticas extremas y un entorno laboral marcado por el machismo, construyendo su carrera a base de esfuerzo, determinación y pasión por el mar.
Su historia, que combina sacrificio, persistencia y una relación casi visceral con el mar, llega ahora a la televisión en el marco del documental ‘Captura Salvaje’, que busca mostrar tanto los desafíos como las experiencias humanas detrás de la pesca artesanal. “Trabajo en un ambiente hostil. Hay mucho machismo, muchos hombres misóginos. Es bastante duro”, asegura en declaraciones recogidas por TN.
En esto desde los 21
Para Paola, lo más duro no son solo las jornadas bajo el frío y las olas, sino el prejuicio por ser mujer en un ambiente dominado por hombres. “Siempre están juzgándome, incluso, las personas de mi género. He perdido trabajos porque a la mujer del capitán le molesta que esté a bordo. Nadie valora el profesionalismo”, cuenta. A pesar de los episodios de discriminación, mantiene la convicción de que su lugar está en el mar.
A los 21 años viajó desde Bahía Blanca hacia Comodoro Rivadavia con apenas dinero y la libreta de embarco en mano. “Le prometí a mi mamá que no iba a volver hasta que no consiguiera embarque”, recuerda. Pasó noches en la terminal de ómnibus y buscó puestos hasta que logró su primer embarque en un fresquero. Desde entonces alternó faenas en distintos puertos y asegura que implica un “desgaste físico y psicológico terrible”.
En el día a día a bordo, Paola realiza las mismas tareas que sus compañeros: desde “canastear” hasta cargar con 1.500 cajones llenos de pescado. Suele trabajar en las bodegas a temperaturas extremas y está acostumbrada a soportar travesías largas lejos de sus tres hijos, a quienes visita cuando las mareas y los contratos se lo permiten. Sin embargo, también reconoce que ha encontrado compañerismo en algunas personas y se emociona cuando otras mujeres se animan a seguir su ejemplo.
A pesar de los riesgos, Paola reafirma su elección: “Lo volvería a hacer. Hay que seguir a pesar de las trabas. Lo que siempre me mantuvo fuerte es el ejemplo que tengo que dejarles a mis hijos”. Su amor por el mar y la pasión por su oficio la impulsan a seguir adelante, enfrentando temporales, largas jornadas y la distancia de su familia, convencida de que cada desafío superado es una lección de perseverancia y valentía que también inspira a otras mujeres a perseguir sus sueños en un mundo históricamente dominado por hombres.
