Los investigadores del Alzheimer coinciden: dos de cada tres enfermos son mujeres y el 57% de los cuidadores también son mujeres, y la ciencia lleva décadas ignorando esta diferencia
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Los investigadores del Alzheimer coinciden: dos de cada tres enfermos son mujeres y el 57% de los cuidadores también son mujeres, y la ciencia lleva décadas ignorando esta diferencia

La investigación científica sobre el Alzheimer ha tendido a tratar la enfermedad como si afectara por igual a hombres y mujeres. Sin embargo, cada vez hay más evidencias de que el envejecimiento cerebral sigue trayectorias distintas según el sexo.

Primer plano de los ojos de una anciana pensativa en una residencia de ancianos, con miedo, estrés, preocupación, pena o depresión. Ansiedad, rostro de una anciana triste por la nostalgia, la duda o la demencia, la pérdida de memoria o el Alzheimer.Getty Images

La enfermedad de Alzheimer sigue siendo uno de los mayores retos sanitarios del siglo XXI, pero una realidad clave ha permanecido durante años en segundo plano: su impacto desproporcionado en las mujeres. 

Así lo subraya la investigadora Géraldine Rauchs, quien advierte de que esta desigualdad ha sido históricamente infravalorada tanto en la investigación como en la organización de los cuidados.

Las cifras son contundentes. Cerca de dos de cada tres personas diagnosticadas son mujeres. Y no solo eso: también representan el 57% de quienes asumen el cuidado diario de los pacientes. 

Este doble papel —pacientes y cuidadoras— configura una carga que, según los expertos, no puede explicarse únicamente por la mayor esperanza de vida femenina. Aunque durante años se atribuyó a este factor, hoy se sabe que las diferencias persisten incluso a edades similares, lo que apunta a causas más complejas.

La investigación científica sobre el Alzheimer ha tendido a tratar la enfermedad como si afectara por igual a hombres y mujeres. Sin embargo, cada vez hay más evidencias de que el envejecimiento cerebral sigue trayectorias distintas según el sexo.

Entre las hipótesis que se investigan destacan los factores hormonales, especialmente los cambios asociados a la menopausia y la caída de los niveles de estrógeno, que podrían influir en la vulnerabilidad del cerebro. También se analizan componentes genéticos relacionados con el cromosoma X, así como factores sociales que afectan de forma desigual a hombres y mujeres.

Para los especialistas, integrar esta variable en los estudios no es una opción, sino una necesidad urgente si se quiere avanzar en la prevención y el tratamiento.

Más allá del diagnóstico, la enfermedad también revela una profunda desigualdad en el ámbito de los cuidados. La mayoría de quienes acompañan a los pacientes son mujeres, muchas de ellas en torno a los 50 años y todavía en activo laboralmente.

Su labor va mucho más allá de tareas concretas. Implica una dedicación constante, tanto física como mental: desde la atención diaria hasta la gestión médica y administrativa, pasando por el apoyo emocional. En muchos casos, este compromiso se traduce en renuncias profesionales, desgaste psicológico y dificultades económicas.

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