Un vídeo en bucle y una carcasa de plástico: el fraude de la falsa máquina que prometía rejuvenecer la cara por 1.000 euros la sesión
Los hechos han tenido lugar en Madrid y los pacientes se arriesgaban a padecer graves quemaduras.
La Policía Nacional ha intervenido en una clínica de estética de Madrid una copia falsificada e ilegal que imitaba a una máquina de una conocida tecnología para realizar tratamientos antiarrugas con precios que oscilaban entre 700 y 1.000 euros, pero que podían provocar graves quemaduras en los pacientes.
El dispositivo había sido comprado e importado de China el pasado mes de octubre por 4.800 euros frente a los 70.000 euros que alcanza este tipo de maquinaria, según ha informado este viernes la Dirección General de la Policía que en enero detuvo a un hombre por un delito contra la salud pública y otro contra la propiedad industrial.
Manuel Contador, jefe del grupo de Propiedad Industrial adscrito a la Unidad Central de Delincuencia Especializada y Violenta (UDEV) Central, ha explicado a los medios de comunicación que junto al arrestado también se encuentra como investigada la propietaria del centro estético, situado en el distrito madrileño de Moncloa y donde fue incautado este dispositivo.
Los agentes tienen acreditado que la clínica habría usado esta máquina falsificada en más de una ocasión, si bien no constan de momento denuncias de ninguna cliente. También han constatado que todos los permisos del centro para realizar los tratamientos que ofertan están en regla.
Cómo se descubrió la estafa
Fue precisamente un anuncio en redes sociales de la clínica que ofertaba tratamientos con esta máquina la de dio la alerta a la Policía tras recibir una llamada de la empresa propietaria de la tecnología. Sospechaba que en ese centro contaban con un dispositivo pirata ya que no figuraba entre sus registros.
La tecnología que supuestamente copiaba el dispositivo se denomina HIFU (en inglés, High-Intensity Focused Ultrasound), que trata arrugas o marcas de forma no invasiva y con ultrasonidos de alta intensidad.
Para simular que la máquina era verdadera -en apariencia es una réplica fiel del diseño original- y que hacía tratamientos de lifting facial, disponía de una pantalla donde se proyectaba un vídeo en bucle simulando imágenes captadas por el ecógrafo para engañar a los pacientes.
Tras las primeras averiguaciones, los agentes lograron su ubicación en una clínica de la ciudad de Madrid, donde realizaron una inspección el pasado 20 de enero.
En su página web y en sus redes sociales anunciaban los tratamientos de rejuvenecimiento facial por valor de entre 700 y 1.000 euros, precios similares a los ofrecidos por la maquinaria auténtica. Sin embargo, las pulsiones de este dispositivo podían provocar quemaduras y, al hacer una prueba, relata el agente, se llegó a derretir por completo un plástico.
Una vez identificado el vendedor, realizaron una inspección en su empresa, ubicada en una nave de un polígono industrial de Toledo, donde encontraron numerosos documentos que reflejaban que el administrador estaba importando en España estos aparatos procedentes de China.