El pueblo de Canarias con una ermita que llegó por mar: los altares están hechos con conchas
Está varada sobre las rocas y pintada con los colores de la bandera canaria.

En Canarias existe una ermita que rompe con cualquier imagen tradicional: no tiene campanario ni muros de piedra, sino la silueta inconfundible de una barca varada frente al mar. Su aspecto singular, levantado con conchas y colores marineros, llama la atención de quienes llegan a un pequeño pueblo de Fuerteventura donde la fe, el océano y la memoria de la emigración atlántica se mezclan de una forma tan discreta como sorprendente.
Este lugar tan especial se encuentra en El Jablito, una pequeña cala recogida del municipio de La Oliva, donde las calles son de tierra y la prisa no tiene cabida. Allí una barca decidió cambiar de oficio: dejó el mar para convertirse en ermita. La embarcación, varada sobre las rocas junto a la orilla y pintada con los colores de la bandera canaria, acoge un santuario dedicado a la Virgen de la Caridad del Cobre cuyos altares están hechos con conchas.
El Jablito no figura en muchas guías como un destino masivo, sino que se trata de un pueblo pesquero que se entiende mejor caminando despacio por su bahía de barcas fondeadas y casas blancas. La playa, resguardada por la forma del terreno, ofrece aguas calmadas y es habitual para baños tranquilos y la práctica de buceo entre principiantes. Todo en este rincón invita a un ritmo pausado, lejos de las grandes infraestructuras turísticas, con vecinos que se conocen por su nombre y un paisaje cotidiano marcado por el mar.
Devoción y festividades
La devoción a la Virgen de la Caridad del Cobre en este rincón tiene raíces que cruzan el Atlántico. Según recoge La Razón, la imagen y la veneración llegaron ligada a los movimientos migratorios entre Canarias y Cuba en el siglo XX, y la advocación encontró aquí una expresión singular en la barca-ermita. Desde entonces, este pequeño santuario marinero se ha convertido en un símbolo de memoria compartida, donde se mezclan fe y nostalgia.
Además, cada verano, alrededor del 15 de agosto, la comunidad celebra a la patrona y la imagen protagoniza actos que combinan tierra y mar. En algunos años la talla participa incluso en una procesión marítima que recuerda aquel primer viaje transatlántico. Además, El Jablito mantiene otras celebraciones, como la fiesta en torno a la Virgen del Carmen en julio. Durante estos días el pueblo se transforma, las barcas se engalanan, regresan antiguos vecinos y la calma habitual da paso a un ambiente festivo.
Ahora bien, quien quiera visitar este lugar debe saber que el camino incluye tramos de pista, es decir, se aparca en terrenos de tierra y se accede a pie, razones por las que este enclave ha conservado su discreción frente al turismo masivo. Esa modestia, sin embargo, es también su carta de identidad: no presume, no compite y, por eso, engancha a quien busca algo distinto a las playas con paseo marítimo.
