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27/09/2015 10:24 CEST | Actualizado 27/09/2016 11:12 CEST

Una voz impertinente

colegioEl inicio de curso es, para muchos niños y jóvenes, el inicio de un viaje que intuyen que les llevará (o debería llevarlos) a final de curso. Eso es todo. El objetivo: aprobar tal asignatura. Pero ¿cuál es el trayecto previsto? Nadie habla de ello.

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Son las 7 de la mañana y estoy en un tren que no avanza, arrinconado en la vía muerta de una estación. La verdad es que no sé muy bien cómo hemos llegado aquí, porque andaba sumergida en mi libro. Nadie nos informa y algunos pasajeros abandonan el tren. De repente, una voz un pelín impertinente (es una grabación) nos recuerda que debemos viajar con el billete correcto y nos advierte sobre las consecuencias de no hacerlo. El cóctel de retraso no informado y anuncio de sanción me hierve en la sangre. Me entran ganas de liarla en Twitter (@lourdesmarti10), pero mi libro está tan apasionante que vuelvo a sumergirme en él, sin levantar la voz.

El inicio de curso es, para muchos niños y jóvenes, exactamente así. Inician un viaje que intuyen que les llevará (o debería llevarlos) a final de curso. Eso es todo. El objetivo: aprobar tal asignatura. Pero ¿cuál es el trayecto previsto? Nadie habla de ello. Primera clase en Sociales, por ejemplo: seguimos el libro de texto, exámenes al final de cada bloque; cómo presentar los trabajos, qué tipo de libreta, formación de grupos y recuperación de exámenes. Pero, ¿de qué hablaremos? Pocos adolescentes saben definir cuáles son los propósitos de conocimiento de un curso o de una asignatura. Mientras vaya avanzando, no habrá problema. Pero si su tren se queda en alguna vía muerta, pueden ocurrir dos cosas: que se abstraiga, y entonces será un chico distraído y sin motivación por nada. O que la lie, y entonces lo llamaremos "disruptivo".

Me viene a la cabeza Jordi Domènech (@jdomenechca), profesor de Secundaria que, en su blog, advierte al docente: "Hay que crear con ellos [los alumnos] un camino compartido, construir y vivir una narración conjunta del cambio". Y concluye: "No es que se hayan perdido todos, es que vas a tu bola".

He llegado a mi destino. Pero, ¿y los que abandonaron el tren?

Este post fue publicado originalmente en catalán en el blog de la autora

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