Las estadísticas reflejan una fuerte escalada de las importaciones de diésel y las empresas temen que algunas redes delicitivas estén usando el Peñón para introducir el combustible.
Daños como el del Prestige, el vertido del Golfo de México u otras catástrofes ambientales, tienen que llevarnos a pensar si verdaderamente interesa someter a una zona única como las Canarias a una presión tan intensa, donde el mínimo problema podría llevar a una catástrofe irreversible.
La buena noticia es que todavía podemos frenar el cambio climático, pero la no tan buena es que no hay tiempo que perder. Es urgente abandonar la quema de combustibles fósiles y acelerar la implantación de las energías renovables, que han experimentado un avance significativo desde 2007.
Podemos alzar nuestra voz y hacer que los líderes políticos y las petroleras nos escuchen. No caigamos en el pesimismo, en el recurso al "no podemos hacer nada", al "depende de otros". La movilización ciudadana depende exclusivamente de ti, de nosotros, y tenemos en ella la herramienta que puede generar un cambio, que puede evitar que el Ártico se degrade por la codicia de las petroleras.