Los partisanos ucranianos, orgullosos de lo que han provocado en las filas de Rusia: "Hemos hecho metástasis en el ejército ruso"
La resistencia ucraniana asegura haber roto el mito de la retaguardia rusa segura: sabotajes, infiltración y paranoia dentro del ejército de Rusia en 2025.

La resistencia ucraniana en 2025 dejó de ser un fenómeno marginal asociado a sabotajes puntuales en territorios ocupados. Según sus propios protagonistas, se ha convertido en una red coordinada, profunda y extendida incluso dentro de Rusia, capaz de erosionar la seguridad, la logística y la moral del ejército ruso lejos del frente. A pesar de un posible acuerdo de paz cercano, la guerra continúa.
Así lo explican miembros del movimiento ATESH en una entrevista concedida a Kyiv Post. Entre ellos, Selim, uno de los coordinadores del grupo, y Yevpatoriy, agente clandestino que opera en la Crimea ocupada. Ambos coinciden en una idea central: el mito de una "retaguardia rusa segura" ha colapsado.
El fin de la retaguardia segura rusa
"Si antes el ocupante solo se sentía amenazado en Crimea o cerca de Donetsk, hoy se estremece ante cualquier ruido en la región de Moscú o Volgogrado", resume uno de los entrevistados. Para ATESH, ese es el gran logro de 2025: haber extendido la sensación de vulnerabilidad a todo el territorio ruso.
El movimiento sostiene que ya no actúa como un conjunto de células aisladas, sino como una estructura sistémica incrustada en la maquinaria militar rusa. Una red que, en sus palabras, ha hecho “metástasis” dentro del propio ejército de Rusia.
Sabotajes que paralizan el frente
Entre las operaciones más relevantes de año, los partisanos destacan las que se dirigen contra comunicaciones, radares e infraestructuras ferroviarias, claves para el abastecimiento del frente. "Sin ojos ni oídos, sus generales se convierten en gatitos ciegos", afirman.
Uno de los ejemplos citados es el sabotaje de una locomotora militar en la región de Briansk, un nudo logístico esencial. Según ATESH, esa acción provocó semanas de retrasos en el suministro de material a unidades desplegadas cerca de Pokrovsk o Kupiansk. Cada relé quemado, cada vía inutilizada, aseguran, reduce la capacidad ofensiva rusa.
Profesionalización y guerra tecnológica
El perfil del partisano también ha cambiado. "Ya no se trata de lanzar un cóctel molotov", explican. ATESH dice contar ahora con saboteadores experimentados, especialistas en ciberinteligencia e incluso oficiales del propio Estado Mayor ruso.
La resistencia ya no se limita a acciones armadas. Incluye obtención de información, sabotaje técnico y transmisión de datos críticos a las Fuerzas de Defensa de Ucrania. "Un teléfono inteligente hoy puede matar no peor que un rifle", aseguran.
Paranoia dentro del ejército ruso
Uno de los efectos más buscados —y logrados, según el grupo— es el psicológico. Los entrevistados hablan de una paranoia creciente en las filas rusas. Oficiales que desconfían de sus propios subordinados, unidades donde cada sabotaje dispara las sospechas internas.
"Todos los coroneles sospechan que su segundo colabora con ATESH", afirma una de las fuentes. Para la resistencia, esa desconfianza es una forma de presión tan eficaz como el daño material.
Una resistencia invisible… pero presente
ATESH describe una red sin un perfil único: jóvenes, adultos, jubilados y, cada vez más, militares rusos desencantados. Camareros que escuchan conversaciones, ferroviarios que conocen horarios, técnicos que "desactivan accidentalmente" sistemas clave. "Estamos en todas partes y en ninguna", resumen.
Pese a la represión, especialmente dura en Crimea y Donetsk, aseguran que la rabia y la convicción de estar debilitando al ocupante mantienen viva la resistencia. Para muchos civiles, cada sabotaje es una señal silenciosa de que Ucrania sigue cerca.
Si tuvieran que definir 2025 en una frase, lo tienen claro: "El año en que demostramos que ATESH es un fuego inextinguible". Un fuego que, según ellos, seguirá quemando la maquinaria de ocupación desde dentro.