De los mundos de Yupi a los mundos de Ayuso
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De los mundos de Yupi a los mundos de Ayuso

"Ya lo dijo ella misma: esta iba a ser la legislatura de la vivienda. Y vaya si lo está siendo. De la suya. De las suyas". 

Isabel Díaz Ayuso, este jueves en la Asamblea de MadridEuropa Press via Getty Images

Hubo un tiempo en el que la televisión enseñaba a convivir. Los mundos de Yupi, emitida entre 1988 y 1991, proponía un universo ingenuo, amable, de pequeños conflictos y extraterrestres haciendo amigos ajenos a la crudeza de la vida real. De ahí salió la expresión: “vivir en los mundos de Yupi”, una forma amable de decir que alguien vive desconectado del mundo que le rodea.

Algo parecido sucede cuando Isabel Díaz Ayuso habla de vivienda.

Porque hay que vivir en un mundo muy particular -un Madrid paralelo, hecho de mordidas, favores y operaciones difíciles de explicar- para no ver el drama que vive Madrid. Alguien que en 2023 declaraba 75.000€ y que en 2026 va camino de su tercer piso de lujo en Chamberí por más de 850.000€ no parece compartir las preocupaciones del madrileño medio. Pero vamos, que ya lo dijo ella misma: esta iba a ser la legislatura de la vivienda. Y vaya si lo está siendo. De la suya. De las suyas.

Mientras tanto, fuera de esa burbuja inmobiliaria, Madrid se ha convertido en una trampa. El acceso a la vivienda, lejos de ser un derecho, se ha convertido en una carrera de obstáculos. El alquiler devora salarios y proyectos de vida. Según la Encuesta de Condiciones de Vida del INE, el 44.1% de la población tiene dificultades para llegar a fin de mes. Y aún así, el Gobierno regional se niega a apoyar la prórroga de los alquileres, a declarar zonas tensionadas -lo que podría ahorrar más de 250€ mensuales por hogar-, limitar las subidas del alquiler al 2%, cerrar los pisos turísticos ilegales o frenar la compra especulativa.

No es negligencia. Es otra cosa. Es que viven en otro Madrid. En uno que oye vivienda y piensa vivir de las rentas antes que en pagar cada mes.

Igual que Los mundos de Yupi quiso recoger el testigo de Barrio Sésamo, Ayuso parece haber heredado, y perfeccionado, la forma tradicional de hacer política de la derecha madrileña. La de convertir lo público en una oportunidad de saqueo mientras se dan lecciones de esfuerzo desde el privilegio. La de hablar del sacrificio mientras viven a todo trapo.

Mientras cualquier madrileño sabe lo que es abrir Idealista con angustia, temer la llamada del casero o hacer cuentas imposibles para pagar una entrada, Ayuso ha transitado un camino bien distinto. Estancias de hoteles de lujo durante la pandemia, un ático de 1.8 millones vinculado a oscuros intereses empresariales y ahora la búsqueda de un nuevo inmueble a cargo de su secretario. Una normalidad que poco tiene que ver con quienes sostienen Madrid.

No es un caso aislado. La vivienda, esa que debería estar protegida, se ha convertido demasiadas veces en botín. Lo vimos con Ana Botella vendiendo 1860 viviendas públicas a Blackstone. Lo hemos visto con el escándalo de las VPO de Alicante. Lo vemos en tantas operaciones donde lo que debería ser un escudo frente al mercado acaba siendo pasto del mismo. Ayuso no es una excepción en su partido. Pero sí, probablemente, su versión más acabada.

Resulta difícil escuchar lecciones sobre políticas de vivienda de quienes tienen la abrumadora mayoría de las competencias pero ningún indicador que les acompañen. Cuando la emancipación juvenil empeora, la vivienda pública es insuficiente y los alquileres no dejan de subir, ¿a quién pretenden enseñar desde la Puerta del Sol? Si Madrid se consolida como uno de los territorios más caros para vivir, cada vez hacen falta más años de salario para acceder a una casa y una empresa que compra para especular paga menos impuestos que una familia que compra para vivir, ¿pueden hablar de modelo de éxito? El problema es que sí, que lo hacen. ¡Si hasta la mano derecha de Almeida celebraba que los precios en Carabanchel no dejen de subir! Para ellos es un logro conseguir que cada vez vengan más fondos buitre y más turistas VIP a hoteles de hiperlujo aunque sea a costa de quienes vivimos aquí.

No es tanto discutir sobre una u otra política sino señalar una desconexión profunda. Un abismo entre quienes gobiernan una ciudad, una región, y quienes la sacan adelante. Una distancia creciente entre una presidenta, y un alcalde, que toman decisiones sobre un problema que no sufren.

La de quienes, en definitiva, siguen viviendo en los mundos de Yupi mientras Madrid se queda sin casa.

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