El elefante en la habitación de la ampliación de la UE
Opinión
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El elefante en la habitación de la ampliación de la UE

El verdadero examen es bidireccional: también la UE se examina a fondo a la hora de absorber cada nueva incorporación.

El 'elefante' en la habitación de la futura UE, por López Aguilar

La UE se ha emplazado a la promesa de su ampliación. No solo por honrar su historia —70 años de crecimiento de la integración supranacional, desde los seis Estados fundadores a sus actuales 27 (habiendo alcanzado 28, con RU antes del Brexit)—, sino porque su narrativa descansa en su capacidad de atraer nuevas adhesiones. A esta conjunción de factores se une en los últimos años su proclamada ambición de adquirir estatura geopolítica.

La ecuación así descrita solo puede despejarse con una ponderación justa de dos relatos diferenciados, cuya complementariedad o contradicción es objeto de debate en las Instituciones europeas, todas ellas decisivas para culminar la ampliación con cada nueva adhesión de alguno de los 10 estados listados en la lista de espera: desde Turquía (cuya candidatura, cada vez más quimérica por falta de realismo, se remonta a fines del pasado siglo XX) hasta Ucrania, Moldavia y Georgia, procedentes de la antigua área de influencia de la extinta URSS y que, por injerencia de Rusia, padecen severos problemas para asegurar su propia integridad territorial.

Todas las Instituciones europeas decisivas de la UE están implicadas en la evaluación de los progresos de las reformas exigidas por la negociación conducente a una eventual adhesión: el Consejo (reunión de los Gobiernos de los Estados miembros/EEMM) adopta por unanimidad el mandato de apertura de las negociaciones, y por unanimidad deberá también, llegado el momento, decidir su completamiento exitoso con la sucesiva ratificación por los respectivos parlamentos nacionales de cada nueva incorporación. 

La Comisión Europea que preside Von der Leyen (Comisión VDL II) conduce la negociación y evalúa el seguimiento de cada uno de sus capítulos en los sucesivos protocolos. El Parlamento Europeo (PE) se reserva la última palabra con su voto determinante sobre cada nueva adhesión.

Se explica así que el PE preste atención, en sus debates en Pleno en Estrasburgo, a las vicisitudes de la estrategia adoptada sobre el así llamado individual merit-based exam de cada candidatura: Balcanes occidentales (Repúblicas procedentes de la antigua Yugoslavia: Serbia, Bosnia-Herzegovina, Macedonia del Norte, Montenegro) además de Albania; Ucrania, Moldavia, Georgia… la siempre pospuesta Turquía (embarcada en su propia estrategia como actor regional) y la singularidad de Kosovo (entidad no reconocida por cinco EEMM de la UE, entre los que se cuenta España, y a la que no se ha oficializado como candidato a la adhesión). Emerge en el horizonte la posibilidad de que Islandia decida solicitar apertura de negociaciones tras un referéndum previsto antes de finales de año.

Es evidente que cada nueva incorporación deberá acreditar estar en disposición de incorporar a su ordenamiento interno el acquis communautaire (acervo comunitario, Derecho europeo legislado) y de aceptar las reglas del Mercado Interior, sino también, sobre todo, de adherirse a los valores comunes de rango constitucional del art. 2 TUE y de sujetarse a las exigencias del Marco UE de Estado de Derecho, Democracia y Derechos Fundamentales, sometiéndose por ende al examen regular del EU Rule of Law Annual Report y del correspondiente Country Report en sus parámetros de separación de poderes, independencia judicial, pluralismo informativo y lucha contra la corrupción.

Pero no menos innegable es que el verdadero examen es bidireccional: también la UE se examina a fondo a la hora de absorber cada nueva incorporación. Ello implica, en primer término, que ni el debate sobre cada negociación ni la valoración de sus resultados se presta a "Package Approaches”, esto es, a “enfoques de paquete” o englobadores, sin más, son situaciones muy distintas entre sí, ignorando sus diferencias y los matices que exige la ponderación de cada situación individualizada de cada candidatura. 

Pero significa también, en segundo término, que el "elefante en la habitación", “The Elephant in the Room”, reside en la necesidad y en la oportunidad de adoptar las reformas requeribles en el Decision Making y en los procedimientos legislativos de la UE para evitar que la adhesión redunde en un empeoramiento del síndrome de bloqueo impuesto por vetos nacionales allí donde se requieran unanimidades cada vez más improbables o imposibles (fiscalidad, impuestos, Política Exterior, Seguridad, Defensa….) o lentitud en la respuesta allí donde sea esperable una UE relevante ante retos inaplazables en la gobernanza de la globalización, ya sean los derivados de la emergencia climática (calentamiento global y descarbonización), ya sean los dimanantes de la revolución tecnológica de la imparable IA, ya sean los que nos imponga el desorden global causado por actores disruptivos desvinculados por completo del Derecho internacional (EEUU, Rusia, Israel..).

Esta última consideración resulta del todo esencial: porque es aquí donde se dirime si la UE es un proyecto de integración supranacional fundado, estructurado y regido por el Derecho (un ordenamiento jurídico europeo que surge de fuentes propias, en modo que su Derecho primario de rango constitucional se ramifica a través de un Derecho derivado, legislación europea que obliga a sus EEMM) o es, alternativamente, un proyecto geopolítico cuya estrategia reside en adquirir cada vez mayor capacidad disuasoria frente a sus rivales sistémicos y competidores globales.

Y aun en ese orden de razonamiento, urge interrogarse, acto seguido, acerca de si es acertada una estrategia que resida en el crecimiento de peso, extensión territorial y población, en lugar de apostar —como defendemos, con convicción, los federalistas europeos— por una mayor integración de capacidades defensivas, tecnológicas y disuasorias, mediante inversiones conjuntas (con endeudamiento común y nuevos recursos propios) en una industria europea de Defensa, la conformación de una comunidad europea de Inteligencia (compartiendo la información al alcance de sus respectivos Servicios nacionales) y la progresión militar hacia una capacidad conjunta de intervención rápida, un Estado Mayor conjunto y, en el futuro mediato, un Ejército Europeo con proyección global.

Resolver estos dilemas antes de cualquier adhesión y nueva incorporación: ese es, en efecto, el elefante en la habitación de la ampliación de la UE.

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Licenciado en Derecho por la Universidad de Granada con premio extraordinario, Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid, becario de la Fundación Príncipe de Asturias en EE.UU, Máster en Derecho y Diplomacia por la Fletcher School of Law and Diplomacy (Tufts University, Boston, Massasachussetts), y Doctor en Derecho por la Universidad de Bolonia, con premio extraordinario. Desde 1993 ocupa la Cátedra de Derecho Constitucional en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Es, además, titular de la Cátedra Jean Monnet de Derecho e Integración Europea desde 1999 y autor de una docena de libros. En 2000 fue elegido diputado por la provincia de Las Palmas y reelegido en 2004 y 2008 como cabeza de lista a la cámara baja de España. Desde 2004 a febrero 2007 fue ministro de Justicia en el primer Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. En octubre de 2007 fue elegido Secretario general del PSC-PSOE, cargo que mantuvo hasta 2010. En el año 2009 encabezó la lista del PSOE para las elecciones europeas. Desde entonces hasta 2014 presidió la Delegación Socialista Española y ocupó la presidencia de la Comisión de Libertades Civiles, Justicia y Asuntos de Interior en el Parlamento Europeo. En 2010 fue nombrado vicepresidente del Partido Socialista Europeo (PSE).

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