España demuestra que se puede decir NO a Trump
"Europa debe acrecentar su influencia y capacidad de actuación política, económica y militar sin miedo a Trump".
Hace unos días los socialistas españoles convertimos nuestro país en el centro de las fuerzas progresistas del mundo en torno a la Global Progressive Mobilisation. Delegados y delegadas de más de 100 países, líderes mundiales de la talla de Lula (Brasil) y de Claudia Sheinbaum (México) -juntos gobiernan a casi 350 millones de personas-, se han reunido en Barcelona en torno a la figura del presidente Pedro Sánchez.
Reivindicaron juntos el “No a la Guerra” ilegal de Trump y Netanyahu, y demostraron al mundo que existe una alternativa progresista fuerte y unida a esa ultraderecha que quiere acabar con nuestras democracias y los valores de libertad e igualdad. Y han acudido a Barcelona porque España demuestra que se puede decir NO a Trump.
El momento de este encuentro no ha podido ser más certero. Una semana antes el ultra Orbán perdió las elecciones en Hungría de forma contundente, mientras la guerra en Irán sigue arrastrando a Trump a las profundidades de un pozo del que cada día le cuesta más salir.
La alianza internacional neofascista ya empieza a dar serios síntomas de fragilidad por la propia fragilidad de sus propuestas y postulados. En palabras del presidente Sánchez: “la derecha no lidera, languidece. Y solo han traído guerra, inflación, desigualdad y fractura social”.
El progresismo tiene capacidad de influencia y poder económico y político para hacer frente a los populismos liberales, neofascistas y antidemocráticos. La supuesta ola imparable del trumpismo está mostrando sus limitaciones con un líder global inestable y con claras muestras de descontrol. Sus satélites en Europa y Latinoamérica ya cuentan con el hartazgo ciudadano habiéndose desenmascarado sus intereses personales, corruptelas y alianzas geoestratégicas contrarias a los intereses de sus países y regiones.
Los ultras son productores natos de inestabilidad y de caos: Trump y sus guerras sin sentido; una extrema derecha europea que es el caballo de Troya ruso y que frena las grandes decisiones geopolíticas comunitarias, tomando decisiones económicas que provocan inestabilidad económica y social al sector empresarial, al sector público y a la ciudadanía en general.
La influencia de la socialdemocracia
La socialdemocracia debe ser consciente de toda su capacidad de influencia política, institucional, cultural, empresarial y social, así como de su capacidad para crear un frente sólido, coordinado y global contra la extrema derecha. Así se hizo tras la II Guerra Mundial en alianza con la democracia-cristiana para crear el Estado de bienestar, la Unión Europea, la ONU o la libertad comercial global que, con sus claroscuros, son, sin duda, el camino a seguir y no el descontrol político, militar y económico que promueve la extrema derecha.
En este punto el progresismo también necesita a los y a las mejores en todos los niveles. Hay que alejarse de quienes vienen a servirse y no a servir; denostar la mediocridad vacua para poder luchar con las mejores armas que son la preparación, la inteligencia y la constancia contra una derecha que ostenta el poder, convencida de que son superiores a otras personas y que provoca una brecha económica y social cada día más amplia.
Desde Europa hace falta una “recolocación” geopolítica de posicionamiento global. La izquierda europea debe tener un papel preponderante, ya que la derecha democrática ha demostrado que se deja llevar por el corto plazo y, por ello, están permitiendo el avance electoral de la extrema derecha en países como España, Francia, Alemania o Polonia.
El liderazgo de España
Es aquí donde ha surgido y se ha consolidado el papel de liderazgo de España con un presidente como Pedro Sánchez capaz de convertirse en referente del multilateralismo, del respeto a las normas internacionales y de la defensa de la paz. Europa debe acrecentar su influencia y capacidad de actuación política, económica y militar sin miedo a Trump, con autonomía para hacer frente al matonismo de Putin y buscando una posición de beneficio mutuo y un orden internacional racional con potencias comerciales como China o India.
El encuentro de la izquierda global en Barcelona es, por todo esto, una razón muy poderosa para que los progresistas seamos optimistas. Hay alternativa a la ultraderecha y a la derecha y a sus políticas de la desigualdad y del miedo. Hay que levantar la bandera de un mundo que ha ido a mejor en los últimos sesenta años y donde los valores democráticos, el orden y el derecho internacional y la búsqueda del crecimiento sostenido y sostenible tienen toda la fuerza de la razón y el apoyo de la clara mayoría. Y eso es imparable.
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Antonio Martínez Rodríguez es senador socialista por Almería