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'Gula/Gola', lo que hay que hacer para comerse un donut

'Gula/Gola', lo que hay que hacer para comerse un donut

Oriol Pla ofrece mucho más que un recital de interpretación. 

Oriol Pla en Gula/Gola
Oriol Pla en Gula/GolaClàudia Serrahima

¿Se puede criticar a alguien con talento que se entrega con oficio? Porque eso es lo que hace Oriol Pla en Gula/Gola, obra del propio Pla y Pau Matas Nogué, en la Sala el Mirlo Blanco del Teatro Valle-Inclán del Centro Dramático Nacional. Y, claro, se ha corrido la voz, y se han agotado entradas.

La idea es que un clown o payaso, vaya usted a saber qué, sale a escena. Pide perdón por lo que va a mostrar. Se demora en la petición de perdones y juguetea con el público. Al público le hace gracia. Le sigue el juego. Se le entrega. A partir de ahí, todo es posible.

Que salga un carromato de gitano o del oeste. Pues lo saca. Que salga un pasamanos en arco, de los que hay en los parques infantiles. Pues lo saca también. Que le hable Jesús, pero no Jesucristo sino la persona de contacto de la máquina de vending que hay en escena, pues le habla. Que se siente a la mesa. Pues se sienta. Que haga más de un volantín y ponga en riesgo su vida, pues lo hace. Que hay que comer y beber sin medida, la comida que la máquina de vending proporciona a mansalva, se come como si no hubiese un mañana. Que hay que contar una historia, un cuento, se cuenta.

Tampoco es que haya mucho más, pero la sensación de abundancia, de que aquello está lleno, ahíto de acciones, de historias, de cosas que suceden y ocurren es apabullante. Vamos, un no parar. Aunque la acción a veces se detiene, da un respiro al espectador y, es de esperar, al propio Pla. Porque es imposible no preguntarse cómo puede aguantar las dos horas y pico que dura la función.

Escena de Gula/Gola
  Escena de Gula/GolaClàudia Serrahima

El cansancio debe ser mayúsculo. Lo que queda en escena al final de la función son los restos de todo ese despliegue. Un escenario lleno de detritus, de basura, donde todavía el protagonista se pregunta dos cosas: si podía haber dado más y qué podría haber hecho para satisfacer a más público del que ha satisfecho, que son casi la totalidad. Un público al que le cuesta abandonar la sala. Seguramente porque está tan agotado de reír como el propio actor de actuar.

La crítica ha visto en esta propuesta una metáfora de la sociedad capitalista actual en la que se incentiva el deseo. Por un lado, diciendo que todo es posible, que todo se puede alcanzar y la sociedad proporcionártelo. Solo hay que señalarlo como un objetivo e ir a por ello.

Y con esa lógica, el payaso que lidera al público, le señala la máquina de vending llena de comida basura y poco nutritiva, como la mayoría de los deseos a los que induce esta sociedad. El público, dirigido, aunque se piense que le han dado libertad, elige un donut. Epítome del azúcar y las grasas trans que no se necesitan, de los deseos inducidos.

¿Qué ocurre cuando el proceso no funciona y el donut no sale de la máquina? La sociedad de la abundancia, que promete facilidad para conseguirlo y felicidad al hacerlo, en forma de satisfacción del cliente, ofrece lo que considera alternativas. Otras versiones de donut, pero que no son donut, con los que poder satisfacerse.

Oriol Pla en 'Gula/Gola'
  Oriol Pla en 'Gula/Gola'Clàudia Serrahima

¿Es lo mismo? No ¿Es lo que se quiere? Tampoco ¿Satisface igual? Pues hay que pensarlo, porque la alternativa son Cheetos, patatas fritas, gusanitos, hasta Pantera Rosa y palitos de chocolate. Se obtiene de todo, menos lo que se quiere, de lo que se ha elegido y lo que se había prometido que se podía conseguir. Pero el que no se conforma es porque no quiere.

¿Y entre medias? ¿Lo acompaña algo más? Lo acompaña. Un entretenimiento que es puro cuento, un cuento increíble pero lleno de credibilidad literaria. La historia de una niña pobre pero rica en imaginación que ofrece modelos de sumisión y despersonalización al salir de ese ámbito y que acaba transformándose en un cuento sangriento y de terror.

Habrá quien pensará que para hablar del exceso en nuestra sociedad no es necesario ser tan excesivo, como lo es esta obra y el actor que la interpreta. Habrá quien ría todo esto como una comedia desopilante en la que se espera el máximo grado de absurdez al que puede llegar la obra, y ya se ha dicho que hay espectadores que piden más al final de la función, sin darse cuenta que su deseo, el deseo que les ha inducido el actor no tiene fin.

Habrá también quien mire horrorizado, asustado, al reconocer y reconocerse en la vorágine en la que se ha metido en busca de un deseo, que puede parecer mejor que un donut, pero que está cargado del mismo azúcar y de las mismas grasas trans que este. Será ese el público que se mantiene serio. Que no ríe. Los menos. El que puede parecer que arruina la fiesta que todos celebran.

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Como el dramaturgo Anton Chejov, me dedico al teatro y a la medicina. Al teatro porque hago crítica teatral para El HuffPost, la Revista Actores&Actrices, The Theater Times, de ópera, danza y música escénica para Sulponticello, Frontera D y en mi página de FB: El teatro, la crítica y el espectador. Además, hago entrevistas a mujeres del teatro para la revista Woman's Soul y participo en los ranking teatrales de la revista Godot y de Tragycom. Como médico me dedico a la Medicina del Trabajo y a la Prevención de Riesgos Laborales. Aunque como curioso, todo me interesa.