Paleofascismo, fascismo, neofascismo
A veces asociamos A con B para que B adquiera el significado emocional de A, pero lo que conseguimos es que A adquiera el significado emocional de B. Por eso, debemos tener cuidado con el uso que damos al término "fascista" en la discusión pública.

Un viejo chiste de psicólogos cuenta que un paciente acudió en cierta ocasión a consulta quejándose de una terrible eyaculación precoz. Tras la evaluación por parte del profesional, este le recomendó que recitara mentalmente durante unos segundos la lista de los reyes godos cuando sintiera que ya estaba alcanzando el clímax en las relaciones de pareja, para ralentizar así la respuesta sexual y retrasar la llegada del adelantado orgasmo. Ataúlfo, Sigerico, Walia, Teodorico, Turismundo, Gesaleico, Amalarico… En la consulta siguiente el psicólogo preguntó al paciente qué tal le había ido durante la semana. "Fatal, doctor. Mucho peor. Sigo teniendo la misma eyaculación precoz de siempre, pero ahora además me corro cada vez que leo un libro de historia".
A veces asociamos A con B para que B adquiera el significado emocional de A, pero lo que conseguimos es que A adquiera el significado emocional de B. Por eso, debemos tener cuidado con el uso que damos al término "fascista" en la discusión pública. Porque buscamos reprobar totalmente al político o pensador al que calificamos de esa manera, pero quizá lo que estamos consiguiendo es rehabilitar a Hitler, Franco o Pinochet. Y esto es especialmente posible si nos referimos a votantes que, por su juventud, aún no tienen aprendidas ciertas respuestas fóbicas que damos por supuestas en cualquier ciudadano bien educado. "No tengo ni idea de quién fue Mussolini", puede pensar un joven madrileño de dieciocho años, "pero no debió de ser para tanto si al parecer Almeida es igual que él".
El término "neofascismo", que utilizó Óscar Puente esta semana para referirse a los medios críticos con su gestión del accidente de Adamuz, complica más las cosas. Por tres motivos principales. El primero es que suponer que quitarle al fascismo los campos de concentración, el expansionismo territorial, la dictadura militar, el exterminio racial, los desaparecidos y la prohibición de los partidos políticos, la libertad de prensa, los sindicatos de clase y las elecciones, puede dar lugar a un neofascismo es suponer que si yo le quito al queso manchego ser queso y ser manchego lo que me queda es un neoqueso manchego. Siguiendo ese razonamiento, Bildu sería un neogrupo terrorista, las posturas queer y woke serían neomarxismo cultural, y Trump sería un neodefensor de los Derechos Humanos.
El segundo motivo me preocupa más. "Neofascismo" convierte a Hitler en el centro de la Historia, un punto cero de referencia y medida de todas las cosas. Si Feijóo es neofascista, el cardenal Richelieu tuvo que ser paleofascista. Poco se ha estudiado el paleofascismo, desde los sumerios hasta el siglo XIX. El régimen nazi divide tan claramente el curso del ser humano sobre la Tierra, que el calendario gregoriano debería ser sustituido por otro en el que Cristo haya nacido en el año 1933 a.H. En algún lado leí —ehh… Twitter— que Hitler había suplantado a Jesucristo como centro moral de la Historia Universal. Como cuando "Joker" tuvo más taquilla que "Batman". ¿Y el tercer motivo? El más obvio: claro que hay una ínfima minoría de fascistas en la España actual. Son los que más se benefician de toda esta payasada.
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