Irán vence a los Estados Unidos
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Irán vence a los Estados Unidos

Como es obvio, el frágil acuerdo actual Washington-Teherán, que depende de la contención que muestre Israel en la próxima etapa, es vital para estabilidad general del planeta.

Un serio presidente de EEUU, Donald Trump, asiste a un almuerzo de trabajo con líderes del G7 y de Oriente Medio en Evian-les-Bains (Francia), el 16 de junio de 2026.Evelyn Hockstein - Pool / Getty Images

Cuatro meses después de la gran acometida norteamericana contra Irán del 28 de febrero, que arrancó con el asesinato del jefe espiritual del régimen, Ali Jamenei, y de otros líderes religiosos, militares y gubernamentales, ya puede afirmarse con rotundidad que el megalómano agresor, Donald Trump, ha conseguido casi exactamente lo contrario de lo que pretendía: Irán, una dictadura islamista militarizada, se ha consolidado como una gran potencia regional, perfectamente capaz de condicionar la geopolítica mundial y de parar los pies a los Estados Unidos, lo cual constituye una catástrofe para Israel, que ve como el gran enemigo real se afianza en su posición dominante sin renunciar expresamente a dotarse de armamento nuclear, pero también para el conjunto de las monarquías del Golfo, que de ser un idílico y opulento remanso de paz se han convertido en inseguros objetivos de los enemigos de Israel, sin que las grandes bases militares americanas que en teoría las protegen, sean realmente capaces de cumplir su objetivo. Los multimillonarios que habían buscado y conseguido refugio en Qatar, Arabia Saudita, Emiratos, Kuwait, Omán y Bahréin en un marco de confianza y seguridad habrán de procurarse refugios más seguros, al tiempo que el turismo, que empezaba acudir masivamente a aquellos 'paraísos', deserta para no tener que escuchar en lontananza las explosiones cercanas que todavía se oyen en las cercanías del Líbano.

Como es conocido, el presidente Obama consiguió en 2015 un histórico acuerdo nuclear (conocido como Plan de Acción Integral Conjunto, PAIC) entre Irán y el grupo P5+1 (Estados Unidos, liderado por Barack Obama, junto con Reino Unido, Francia, Rusia, China y Alemania). El pacto, que no agradó al genocida Netanyahu, no era perfecto, pero estableció límites estrictos al programa nuclear iraní a cambio del levantamiento de las sanciones internacionales. El desequilibrado presidente Trump denunció tal pacto en 2018, en su primer mandato, lo que dio pie a Teherán a reanudar sus trabajos de enriquecimiento de uranio, en pos del armamento atómico que lo situara de igual a igual ante Israel, que ya lo posee desde hace tiempo.

La guerra de Gaza, que ha convertido a Israel en un estado paria que asesina sistemáticamente a las etnias contiguas, envalentonó a Netanyahu ante Trump, hasta que este, con la inteligencia de una hormiga, ha decidido emprender la catastrófica guerra que ha arruinado definitivamente su reputación como estratega. Porque el desenlace real del conflicto es la consagración de Irán como la gran potencia de la zona, capaz de controlar el estrecho de Ormuz y el tráfico entre el Índico y el Mediterráneo.

Por añadidura, ya no cabe esperar una evolución interna espontánea del régimen iraní, cuya gerontocracia podía haber acabado cediendo a las aspiraciones modernizadoras de los más jóvenes: destruido en gran parte el tejido religioso, el poder real está sobre todo en manos de la Guardia Revolucionaria, es decir, del Ejército, mucho más racional e inflexible. Y ello incrementa su capacidad de influencia sobre Israel, como acaba de verse: Teherán no ha accedido a firmar un acuerdo con Washington hasta que los israelíes no han puesto fin a la destrucción de Hamás en el Líbano.

La brutalidad de Netanyahu no puede ser la norma que paute el futuro de Israel, y hay que pensar que el porvenir de la nación judía estará pronto en manos de generaciones más democráticas y respetuosas con los derechos humanos. Trump, por su parte, no ha trabajado en esta dirección pacificadora y humanitaria, que habría de rehabilitar a Israel ante el mundo, sino que se ha sumado gustoso al ansia genocida del actual gobierno israelí. Y ha sido esta condescendencia la que, como se ha dicho, ha consolidado el régimen iraní, que ha cosechado simpatías insospechadas después de que la comunidad internacional asistiera al cruel extermino indiscriminado y salvaje de los gazatíes.

Como es obvio, el frágil acuerdo actual Washington-Teherán, que depende de la contención que muestre Israel en la próxima etapa, es vital para estabilidad general del planeta y para la normalización de los mercados energéticos, pero hay pocas garantías racionales de que se consiga aplacar las tensiones de la región. Primeramente, hay que considerar que Irán, fortalecido por su resistencia frente al agresor, peleará por extender su autonomía frente a Israel, cuya disponibilidad de bombas atómicas destruye los equilibrios en la zona. Y, en segundo lugar, es previsible que Trump salga de las elecciones de noviembre con mucha menor capacidad de movimientos, lo que sería aprovechado por Netanyahu para concluir su labor hegemónica y destructiva, y para afianzar su imperium en el área.

La tensión en Oriente Medio se mantendrá por tanto indefinidamente en tanto reine Trump, mientras decaen las monarquías del Golfo situadas en "zona caliente". Y no habrá posibilidad de una progresiva normalización hasta que los israelíes reemplacen a Netanyahu por un verdadero demócrata y la primera potencia de la tierra se libere de este payaso infamante y pervertido que hoy rige sus destinos.

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Mallorquín, de Palma de Mallorca, y ascendencia ampurdanesa. Vive en Madrid.

 

Antonio Papell es ingeniero de Caminos, Canales y Puertos del Estado, por oposición. En la Transición, fue director general de Difusión Cultural en el Ministerio de Cultura y vocal asesor de varios ministros y del Gabinete de Adolfo Suárez. Ha sido durante más de dos décadas Director de Publicaciones de la Agencia Española de Cooperación Internacional (Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación). Entre 2012 y 2020 ha sido Director de Comunicación del Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos y director de la centenaria Revista de Obras Públicas, cuyo consejo estuvo presidido en esta etapa por Miguel Aguiló. Patrono de la Fundación Caminos hasta 2024, en la actualidad es asesor de la Fundación. Ha sido durante varios años codirector del Foro Global de la Ingeniería y Obras Públicas que se celebra anualmente en colaboración con la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo en Santander.

 

Fue articulista de la agencia de prensa Colpisa desde los años setenta, con Manu Leguineche; editorialista de Diario 16 entre 1981 y 1989, editorialista y articulista del grupo Vocento desde 1989 hasta el 2021; y después de unos meses como articulista del Grupo Prensa Ibérica, es articulista del Huffington Post. También publica asiduamente en el diario mallorquín Última Hora. Ha sido colaborador del Diario de Barcelona, El País, La Vanguardia, El Periódico, Diario de Mallorca, etc. Ha participado y/o participa como analista político en TVE, RNE, Cuatro, Punto Radio, Cope, TV de Castilla-La Mancha, La Sexta, Telemadrid, etc. Ha sido director adjunto de “El Noticiero de las Ideas”, revista de pensamiento de Vocento. Ha publicado varias novelas y diversos ensayos políticos; el último de ellos, “Elogio de la Transición”, Foca/Akal, 2016.

 

Asimismo, ha publicado para la Ed. Deusto (Planeta) sendas biografías profesionales de los ingenieros de Caminos Juan Miguel Villar Mir y José Luis Manzanares. También es autor de un gran libro conmemorativo sobre el Real Madrid: “Real Madrid, C.F.: El mejor del mundo” (Edit. Global Institute).

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