Mentiras, chivos expiatorios y reescritura de la historia: el patrón del Partido Popular ante las crisis
"Puente ha hecho lo que se espera de un responsable público en una crisis: dar la cara, informar y respetar a las víctimas. Basta una mirada contrastada y objetiva a los hechos, para comprobar que estamos, una vez más, ante una impúdica operación del PP para desinformar y obtener rédito político de la desgracia".
En España, por desgracia, hemos tenido numerosas tragedias con víctimas mortales; la de Adamuz ha sido la última.
Desde el primer minuto, el ministro Óscar Puente ha hecho exactamente lo que se espera de un responsable público en una crisis: dar la cara, informar y respetar a las víctimas. Una gestión a la que no se le puede poner un pero: ruedas de prensa y comparecencias constantes, más de una decena de entrevistas, información aséptica, y una colaboración explícita y continua con la investigación judicial y la CIAF.
A pesar de ello, el PP habla de oscurantismo, de falta de transparencia y de dimisiones urgentes. Pero basta una mirada contrastada y objetiva a los hechos para comprobar que estamos, una vez más, ante una impúdica operación para desinformar y obtener rédito político de la desgracia por parte de los de Feijóo. Ha terminado el duelo por los 45 muertos y no han tardado ni dos días en lanzarse a la yugular del ministro Puente y del propio Pedro Sánchez.
Y es que, cada vez que a este país le ha tocado afrontar una de esas catástrofes con el Partido Popular al mando, siempre se repite sistemáticamente el mismo patrón. Cambien ustedes los escenarios -las inundaciones de una DANA largamente advertida, un vertido de petróleo, las Médulas ardiendo, un avión que transporta militares, o un tren en el que estallan las bombas de unos terroristas islámicos- pero la actuación del PP ha sido siempre la misma: minimizar la desgracia, buscar un culpable ajeno -Pedro Sánchez, a ser posible pero, en su defecto, puede valer la AEMET, el armador de un barco, el maquinista de Angrois, ETA o hasta la unas supuestas armas de destrucción masiva-, controlar el relato, eludir responsabilidades y reescribir la historia pasado un tiempo.
Y ahora viene Feijóo a darnos lecciones de gestión de crisis. Ignorando, sin despeinarse, que Carlos Mazón estaba de copas en el Ventorro durante las horas críticas de la DANA que asoló la Comunitat Valenciana dejando 228 muertos. Ignorando su activación tardía de los recursos -empezando por el Es-Alert-, las medias verdades, cuando no las mentiras, o la marginación de las asociaciones de víctimas que solo fueron escuchadas tras meses de presión política y social.
Ignora también Feijóo a Mañueco en el chiringuito de Cádiz, mientras ardían Las Médulas este verano, fallecían bomberos y cientos de vecinos eran desalojados de sus casas a causa del fuego. Días después apareció Mañueco para ofrecer más fotos que gestión y más propaganda que prevención.
Pero este patrón no es nuevo. Está en el ADN político del PP. Lo vimos con el Prestige y aquellos “hilillos de plastilina” de Rajoy, con los que pretendieron ocultar uno de los mayores desastres medioambientales de nuestra historia. Lo vimos con el 11-M, cuando Aznar manipuló la información en las peores y más dolorosas horas para sostener la autoría de ETA por mero interés electoral. Lo vimos con el Yak-42, donde el desprecio a las víctimas alcanzó niveles indecibles. Y lo vimos, de forma especialmente cruel, en el accidente del metro de Valencia de 2006, donde se impuso la censura en la televisión pública valenciana, se vetó a las víctimas en Les Corts y se estableció una estrategia deliberada para culpar al maquinista fallecido mientras se ocultaban las negligencias estructurales de Ferrocarrils de la Generalitat Valenciana.
El caso de Angrois es otro ejemplo claro. En el descarrilamiento del Alvia en 2013, con 80 muertos, los gobiernos del PP —central y autonómico— señalaron de inmediato al maquinista como único responsable, ocultaron el debate sobre la retirada del sistema de seguridad ERTMS en la curva de A Grandeira (una de las más peligrosas de la red ferroviaria), negaron las comisiones de investigación e ignoraron a las víctimas hasta que tuvo que ser el Parlamento Europeo quien abriera un expediente de infracción contra España por vulnerar la normativa de seguridad ferroviaria.
Y, por supuesto, siempre el control del relato para manipular la opinión pública. No olvidemos que Feijóo, en la DANA -y así lo reconoció ante la jueza-, no se interesó al hablar con Mazón ni por los muertos, ni por la gestión, ni siquiera por dónde había estado el president. Su prioridad fue que Mazón ganara el relato y no le salpicara a él. Sobre esto, tendrá que dar cuentas en su comparecencia ante la Comisión de Investigación sobre la DANA que está prevista para este lunes 2 de febrero en el Congreso.
La diferencia entre gestionar una tragedia y gestionarla políticamente es clara: Óscar Puente ha optado por la transparencia, la presencia y el respeto a las víctimas. El Partido Popular, fiel a su trayectoria, ha vuelto a elegir la mentira, la hipérbole, el ruido e intentar sacar rédito de la tragedia.
Cuando hay muertos, la verdad no debería ser negociable. Pero, por desgracia, al PP, con la verdad, ni está ni se le espera.
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Esther Peña Camarero es presidenta de la Comisión de Transportes y Movilidad Sostenible del Congreso y diputada por Burgos