Mostremos el camino de la ciencia y las matemáticas a las mujeres
Victoria Otero es presidenta de la Real Sociedad Matemática Española (RSME).

Este miércoles, 11 de febrero, se celebra el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, un recordatorio oportuno y reivindicativo que nos permite detenernos, mirar los datos de frente y preguntarnos qué ciencia queremos construir como sociedad. Como sucede con otras celebraciones anuales, es de desear que esta solo esté de paso por nuestro calendario y que algún día, más pronto que tarde, deje de conmemorarse por innecesario.
Así lo esperamos desde la Real Sociedad Matemática Española, una institución que desde hace años trabaja de manera continuada para favorecer el progreso de las mujeres en matemáticas, promoviendo su plena participación y desarrollo en todas las especialidades, tanto en términos cuantitativos como cualitativos, en condiciones de igualdad. Con este compromiso en 2003 se creó nuestra Comisión de Mujeres y Matemáticas, que trabaja para contribuir a dar visibilidad al talento femenino en matemáticas e incrementar su presencia y relevancia dentro de la comunidad científica.
La menor presencia de mujeres en algunas carreras científicas, en general, y de forma especialmente acusada en la actualidad en matemáticas, no refleja una falta de talento, sino una problemática compleja y multifactorial. Conviene recordar, además, que esta situación no se daba con la misma intensidad hace algunas décadas en las carreras de matemáticas, cuando la principal salida profesional era la docencia en institutos. En ese contexto, la presencia femenina era mayor, si bien, las vías de investigación profesional eran mucho menos accesibles para nosotras.
Esta progresiva disminución de la presencia femenina en los estudios de Matemáticas en los últimos años ha coincidido con un aumento de la popularidad de la disciplina. Un fenómeno similar se produjo anteriormente en Informática, un ámbito que en sus orígenes contó con una importante participación de mujeres y que, a medida que fue ganando reconocimiento y proyección, pasó a estar mayoritariamente masculinizado. Esta tendencia resulta especialmente preocupante porque la presencia femenina continúa descendiendo en las etapas posteriores de la carrera académica.
Los datos globales son claros: la presencia de mujeres matriculadas en la carrera de Matemáticas en el curso 2022/2023 era de un 39,6%, frente al 51,77% del curso 2003/2004. Unas cifras que descienden dramáticamente hasta un 12% si nos referimos a la presencia de catedráticas en las universidades públicas, el más alto nivel al que puede llegar el personal investigador.
Soluciones complejas
Una de las formas más efectivas de revertir esas cifras y combatir esa tendencia es hacerlo desde su raíz, comenzando a sembrar la semilla de las ciencias y el amor a las matemáticas desde edades tempranas; abriendo a las niñas un camino en estas carreras que culmine en trayectorias sostenibles y motivadoras.
Pero, siendo importante, esto no es suficiente por sí solo; es necesario que desde todas las instituciones impulsemos medidas educativas, sociales y estructurales para fomentar la presencia femenina en la ciencia. Medidas que tienen que ir dirigidas también a familias, docentes y al entorno, pues es responsabilidad de todos facilitar que tanto niños como niñas elijan su futuro profesional sin condicionantes.
Las niñas muestran desde edades tempranas el mismo interés y capacidad para la ciencia que los niños. Sin embargo, a medida que avanzan en su trayectoria educativa, algo se va perdiendo por el camino. Estereotipos, falta de referentes visibles, expectativas sociales y, en ocasiones, entornos poco inclusivos hacen que muchas jóvenes acaben descartando carreras científicas, no por falta de capacidad. Hoy podemos transformar esa realidad promoviendo entornos, referentes y caminos que permitan a las niñas explorar, descubrir y desarrollarse plenamente en todas las áreas, guiadas por sus talentos y pasiones, y no por expectativas sociales heredadas.
También sabemos que la presencia femenina depende de las oportunidades y los entornos que ofrecemos, y que fomentando opciones y condiciones favorables podemos atraer y mantener a más mujeres en todas las áreas de la disciplina. Es imprescindible que mostremos a las niñas y a las adolescentes no sólo que también ellas pueden llegar a ser excepcionales físicas, químicas, ingenieras o matemáticas el día de mañana, sino las muchas y atractivas salidas profesionales que les pueden abrir esas carreras.
Volviendo a nuestra especialidad, nunca las matemáticas han tenido un papel tan decisivo en la vida económica y social como en la actualidad. Como elemento transversal del que se nutren el resto de disciplinas científicas, los desarrollos matemáticos no solo están en la base de los algoritmos que impulsan las tecnologías emergentes y la inteligencia artificial, también permiten, entre muchas otras aplicaciones, la creación de modelos avanzados para combatir enfermedades como el cáncer, anticipar y mitigar los efectos del cambio climático, reducir desigualdades sociales u optimizar el uso de recursos naturales y energéticos en un mundo en constante crecimiento. Conocer y comprender estas posibilidades permite a las niñas vislumbrar un amplio abanico de actividades en las que podría participar activamente, como protagonistas, en una transformación científica y social que ya está en marcha.
Por otra parte, ningún mensaje llega con mayor claridad y elocuencia que el que se transmite por la vía del ejemplo. Las niñas necesitan contar con más referentes femeninos en los que fijarse y que les sirvan como modelos a seguir. Y no hablo necesariamente de grandes genios, como Premios Nobel o Medallas Fields de Matemáticas, que pueden resultar demasiado ajenos e inalcanzables. Sino de referentes más cotidianos y tangibles: profesoras, investigadoras y divulgadoras de su entorno cercano. Mujeres de carne y hueso, que fueron niñas y adolescentes como ellas, que actúen como espejo, las aconsejen y sean una fuente de inspiración real para esas generaciones emergentes de mujeres científicas y matemáticas.
Las mujeres necesitan a la ciencia tanto como la ciencia necesita a las mujeres. Sin su talento y su mirada diversa, nuestras disciplinas renuncian a una parte esencial de su potencial. La diversidad no es solo una cuestión de justicia, sino también de calidad científica: resulta especialmente necesaria en las carreras científicas, donde la colaboración entre perfiles distintos y complementarios, de mujeres y hombres, enriquece el conocimiento, amplía las perspectivas desde las que se formulan las preguntas y aumenta las posibilidades de éxito al afrontar los grandes retos científicos y tecnológicos. Además, esta diversidad es clave para evitar sesgos de género en desarrollos tan influyentes como los algoritmos o la inteligencia artificial.
La ciencia no es solo cosa de chicos. Somos muchas las mujeres que disfrutamos haciendo ciencia y numerosos los resultados importantes que estamos consiguiendo. Y tenemos mucho más que aportar aún. Por esa razón, la ciencia no puede permitirse perder el gran talento femenino de las mujeres de hoy ni, sobre todo, el de las niñas de hoy, que serán las científicas del mañana.
