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Multado con 24.000 euros porque la terraza de su bar pisa una línea para ciegos: "No pienso pagar"

Multado con 24.000 euros porque la terraza de su bar pisa una línea para ciegos: "No pienso pagar"

La pelea de este dueño de bar con el ayuntamiento local está lejos de acabar. A menudo tiene a los policías comprobando la colocación de sus mesas exteriores.

Una persona ciega, paseando por una calle
Una persona ciega, paseando por una calleGetty Images

La batalla de las cafeterías y bares con los ayuntamientos no es algo exclusivo de España. Desde La Haya (Países Bajos) llega la historia de la 'pelea' administrativa entre el consistorio y Gerard, el propietario del Café Locus, un asunto que va a más con el paso de las semanas y de los días

Tras una reciente remodelación de la calle anexa al local, el propietario del bar está recibiendo multas constantemente, él asegura que injustificadas, por obstruir un carril guía para facilitar el camino de personas ciegas.

"Nunca he visto a una persona ciega caminando por ahí", explica Gerard, si bien tanto el alcalde como los miembros de su equipo de gobierno insisten en que las normas son las normas y hay que respetar ese paso especial para invidentes.

El motivo que alega el ayuntamiento es que las mesas están mal colocadas e interrumpen el diseño del carril para ciegos, que consideran el café un obstáculo, por lo que se ven recurrentemente a patrullas de agentes locales revisando su ubicación y si hay o no 'invasión' del carril, como recoge la prensa neerlandesa, sorprendida por un caso que ha traspasado las fronteras nacionales para ser noticia en otros rincones del mundo.

Las multas son constantes y, boletín de denuncia tras boletín de denuncia, elevan el montante total a 24.000 euros y subiendo. "No estoy haciendo nada malo, que vengan", responde el propietario cuando se le pregunta por su opinión al respecto de las sanciones administrativas.

"Si una sola pata toca las baldosas blancas, me multan inmediatamente con 800 euros", algo que asegura escapa a su control, porque los clientes también pueden mover las mesas sin querer, alega el ofendido propietario del Café Locus. 

"No voy a pasarme el día comprobando que todos dejen las mesas ordenadas. No estoy loco", remata con evidente enfado y cierta sensación de desprotección ante la norma municipal que ahora impera en La Haya.