'Una forma de vida', todo comenzó por responder una carta en pleno siglo XXI
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'Una forma de vida', todo comenzó por responder una carta en pleno siglo XXI

La curiosa historia epistolar entre la escritora belga Amélie Nothomb y Melvin Mapple, un soldado norteamericano destinado a Irak al que le gustaba leer.

Isabelle Stoffel como Amélie Nothomb en 'Una Forma de Vida'Carla Maró

No hay duda de que la escritora Amélie Nothomb es un icono de la cultura actual. Todo lo que toca es, como poco, noticia. Y, aunque hay algunos intelectuales y críticos españoles que le niegan el pan y la sal, tiene prestigio como fabuladora.

Una prolífica contadora de historias, capaz de trabajar la ficción desde la propia vida ¿Autoficción? Vete a saber, pero son famosos sus textos en los que cuenta su experiencia japonesa, donde vivió en su infancia, ya que su padre era diplomático enviado a aquel país, y donde volvió posteriormente para trabajar.

Entre las cosas que ha contado de su vida está esa costumbre que tiene de responder personalmente las cartas que le escriben sus admiradores. Solo algunas cartas después de unas horas de trabajo cada mañana. Algo que constituye parte de su forma de vida, de estar en el mundo, de todos los escritores que ante todo son lectores. 

En un tiempo que la correspondencia entre particulares tiende a escasear porque se tenían y se tienen medios electrónicos más rápidos para comunicarse. De esa costumbre surgió el libro Una forma de vida que ahora y con el mismo título los intérpretes Juan Ceacero e Isabelle Stoffel han convertido en una obra de teatro que se puede ver en el Teatro de la Abadía.

La cosa tiene su miga. Un soldado norteamericano, llamado Melvin Mapple, desplazado a Irak la escribe diciéndole lo mucho que le admira y lo mucho que le gustan sus libros que le acompañan en su destino. En ese momento era plena guerra de Irak. Y el deseo de saber lo que allí está pasando la puede. 

  Juan Ceacero como Melvin Mapple en 'Una Forma de Vida'Carla Maró

Y también le puede el hecho de que sea posible que esas cartas la estén llegando porque se están saltando los controles a los que están sometidos los militares, a tenor de lo que le cuenta en ellas. Así que es uno de los elegidos y le responde. Eso da lugar a una curiosa historia epistolar que se extiende a lo largo de dos años, de 2008 a 2010,

Cosas como que tras una salida y un asalto de combate se vuelve hambriento a la base. Y allí le espera todo tipo de delicias de la junk food norteamericana. Y cómo esa comida está condicionando el peso y la salud del remitente y de sus compañeros.

Y lo hace con tal credibilidad y competencia narrativa que la autora se queda enganchada. Un remitente que es capaz de intrigarla para que siga leyendo, cuando le cuenta que el exceso de peso, toda esa grasa de más que ha acumulado, lo vive como si Scheherezade de Las mil y una noches se hubiese pegado a su cuerpo. Más que nada por eso de que está en Oriente.

Esto le permite reflexionar en voz alta sobre el oficio de escribir y de narrar. Porque ella es la profesional. Pero las cartas de ese soldado tienen, para ella, la capacidad de evocación y el impulsarla a escribir. Lo mismo que le provoca la literatura que le gusta. Nada hace pensar que este interlocutor sea nada más que un lector, sobre todo de las novelas de Nothomb.

La verdad es que lo anterior es un buen arranque para generar interés por la historia. Más cuando al principio se cuenta que la escritora se encuentra en un vuelo con destino a Estados Unidos para conocerle. Y, durante todo lo que viene después, se narrará qué ha pasado hasta ese viaje y ese posible encuentro. 

  Juan Ceacero e Isabelle Stoffel en la obra de teatro 'Una Forma de Vida'Carla Maró

¿Qué hace que una autora de prestigio internacional cuyas novelas se venden bastante bien quiera conocer a un soldado raso norteamericano que ha perdido forma y ganado peso en la Guerra de Irak? ¿Qué historias y cómo se las ha contado para que ella haga ese viaje? ¿Qué tienen esos escritos que han sido capaces de provocar ese interés por el autor de las cartas como el que podría tener por un/a gran autor/a que admire?

Contar lo que sucede en esta historia sería hacer spoiler y, a la vez, le quitaría mucho interés a la función para los que tienen contacto con ella por primera vez. ¿Quiere esto decir que quien haya leído la novela no disfrutaría de verla sobre un escenario? 

Como ya han leído la historia, saben que es fascinante y que si te la cuentan de nuevo la volverías a disfrutar. Porque, sí, el espíritu de Scheherezade, la idea de cuentista por excelencia, está en el texto y en la puesta en escena.

Sin embargo, hay decisiones de dirección de escena discutibles. Como por ejemplo el que Isabelle Stoffel hable en español como si fuera extranjera, mientras que el soldado norteamericano de Juan Ceacero, un tal Melvin Mapple, hable un perfecto castellano.

Discutible, sí, pero tal vez sea una licencia que permita al espectador ver en la actriz a la escritora. Y además le da encanto. Cosa que no pasaría si Juan Ceacero hiciera lo mismo con el acento norteamericano del personaje del soldado. Aún siendo tan buen actor como es, es bastante probable que quedase, como poco, algo cómico y le restase credibilidad.

Otro de los aspectos discutibles, es esa cantidad de grandes masas de goma espuma cubierta con tela con las que poco a poco van ocupando gran parte del escenario. Una metáfora de los intestinos o del acúmulo de grasa corporal del soldado que recuerdan a algunas de las esculturas de tela de Louise Bourgeois. 

  Juan Ceacero e Isabelle Stoffel en momento de la representación de 'Una Forma de Vida'Carla Maró

Y que cuando interactúan con ellas, se ven como si fueran tiras de Liniers, provocando imágenes surrealistas de los personajes luchando con esos intestinos gigantes o esa grasa que al expandirse por el escenario dificulta la acción.

Quizás fue la mejor forma que encontraron en el proceso de creación del espectáculo para meter dinamismo a un texto que al final es un envío y recepción de cartas que son dichas tal y como fueron escritas. Siempre queda la duda de qué pasaría sin esos elementos disruptores o distractores. Confiando en la presencia y en el decir de los actores. Si todo aquello no tendría más potencia, connotaría mucho más lo que se cuenta.

También es discutible el uso del micrófono. En un principio, y sin hacer una estadística, parece que sirve para marcar la autoridad narrativa de quién habla. Otras veces parece que se usa cuando la realidad rompe los elementos narrativos y poéticos del texto. 

Pero llega un momento en que el uso resulta más bien arbitrario. Sin un objetivo concreto. Sin estar al servicio de lo qué se cuenta. No molesta, pues es habitual el uso del micrófono en las obras contemporáneas y el respetable ya está tan acostumbrado que lo ve normal, pero al ojo y oído críticos si que le generan preguntas sobre la puesta en escena a la que no encuentra respuestas.

Quizás sean más dudas críticas que del público. Ya que el desarrollo de la relación entre los dos personajes es tan potente en su inicio y su desenlace, decayendo algo en su desarrollo, que mantiene su interés.

Y es que la obra tiene aire de cuento y también de chiste y burla, con una coartada cultural. Una combinación que suele gustar, sobre todo, al público habitual del Teatro de la Abadía. En la que se reconocen motivaciones y emociones humanas ¿no era esta la función que buscaban los griegos en el teatro? ¿La de que el público se reconociese? Algo de eso pasa con estos dos personajes: una escritora belga llamad Amélie Nothomb y un soldado norteamericano llamado Melvin Mapple.

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Como el dramaturgo Anton Chejov, me dedico al teatro y a la medicina. Al teatro porque hago crítica teatral para El HuffPost, la Revista Actores&Actrices, The Theater Times, de ópera, danza y música escénica para Sulponticello, Frontera D y en mi página de FB: El teatro, la crítica y el espectador. Además, hago entrevistas a mujeres del teatro para la revista Woman's Soul y participo en los ranking teatrales de la revista Godot y de Tragycom. Como médico me dedico a la Medicina del Trabajo y a la Prevención de Riesgos Laborales. Aunque como curioso, todo me interesa.

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