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10/02/2013 10:02 CET | Actualizado 11/04/2013 11:12 CEST

La Bestia es un gusano

La Bestia transporta personas además de mercancías. Miles de centroamericanos se suben al techo de los vagones cada año con la intención de llegar a EE UU. Las bandas de delincuentes pueden secuestrarles y tratar de sacarles dinero a cambio de dejarlos con vida, a las mujeres les pueden violar, les pueden asaltar y dejar sin dinero, que se pueden caer del tren...

Pensábamos que se llamaba La Bestia porque más que entrar en la estación, la sometía, la intimidaba con su envergadura. Pero no, nada de eso, el tren entra despacito, casi se marchita en la playa de vías del pueblo de Ixtepec.

La Bestia es un tren de mercancías que recorre México de norte a sur. Cada pocos días llega a Ixtepec, Oaxaca, al sur del país, a unos cientos de kilómetros de la frontera con Guatemala. Allí se detiene un rato y luego sale para Veracruz. Un rato puede ser una hora, un día... Los horarios del convoy no aparecen en internet y en la estación no hay panel alguno que indique nada: es una cuestión de seguridad.

La Bestia. Foto: Alejandra S. Inzunza

La Bestia transporta personas además de mercancías. Miles de centroamericanos se suben al techo de los vagones cada año con la intención de llegar a EE UU y encontrar trabajo. Ixtepec es una parada clave para ellos. Por un rato, dejan los vagones para comer y beber algo. Algunos van en grupo y otros por libre. Unos se acaban de conocer y otros empezaron la aventura juntos en Honduras o El Salvador. Los funcionarios de Protección a migrantes del Gobierno mexicano tratan de explicarles que es muy importante que les dejen sus nombres. Así, les explican, sabrán que pasaron por aquí si algo les ocurre.

Ese algo es un disfraz un tanto perverso. Significa que las bandas de delincuentes pueden secuestrarles y tratar de sacarles dinero a cambio de dejarlos con vida, que a las mujeres les pueden violar, que les pueden asaltar y dejar sin dinero, que se pueden caer del tren por accidente (o de un empujón)...

Migrantes caminan por la vía del tren. Foto: Alejandra S. Inzunza

El Padre Solalinde sabe todo esto y por eso recibe a los migrantes desde las mismas vías en Ixtepec. Su albergue queda a escasos metros y así lo anuncia a gritos a los migrantes: "En el albergue hay comida, agua, pueden descansar, vengan". Cuando ya han pasado los vagones sube a la camioneta con sus escoltas y acude raudo al albergue; los migrantes llegan.

Hoy venían pocos en el tren, apenas unas decenas, cien como mucho. La mayoría despachan a Solalinde con una sonrisa forzada y acuden al mismo puesto de comidas de la estación. Paty despacha seis kilos de carne -bistec-, y uno de arroz y tortillas de maíz en un par de minutos. Los funcionarios siguen con sus explicaciones y murmullan enfurruñados que "cuando hay pollero no hay mucho que hacer". Los polleros o coyotes son como los guías, los encargados que imponen las mafias que organizan a los grupos de migrantes que cruzan el continente. "Llevan buenas botas, relojes y están al tanto", explican los funcionarios. Señalan discretamente a dos chicos altos que coinciden con la descripción. Ellos dicen que no, que viajan solos. Uno se enciende un cigarrillo, el otro se aleja.

Cae la tarde y la estación recupera poco a poco su normalidad. La locomotora se ha averiado y el tren tardará un tanto en salir, ¿cuánto? No se sabe, unas horas, un día, dos. Solalinde explica que el horario es secreto para dificultar el trabajo a las mafias y evitar secuestros: los militares lo saben, él lo sabe, poco más.

Viajeros de La Bestia. Foto: Alejandra S. Inzunza

En el albergue preparan la cena. Acaban de llegar dos monjas para ayudar y pasadas las seis ya se van a acostar. Los pocos migrantes que han llegado, silenciosos, apuran su cuenco de arroz con carne. Mordisquean las tortillas. ¿Dónde habrán ido los otros? ¿Qué será de ellos? Frente al comedor del albergue, cuatro cartulinas apuntan unos cuantos "consejos para el camino". En conjunto dibujan un escenario aterrador y por separado es casi peor, -"durante los días fríos cubre tus manos con tela porque la superficie del tren se congela -y además te puedes resbalar y caer-", "Si cruzas por Arizona ten cuidado con el desierto. Puedes pasar seis días caminando con temperaturas de hasta 50 grados, animales peligrosos, asaltantes..."

Enfrente, del lado de la capilla, un hondureño espera una llamada de su familia en Los Ángeles. Necesita dinero para subirse al tren y llegar a EE UU, a donde se marchó cuando era joven. Nos muestra su papel de deportado y explica que esta es la tercera o cuarta vez que hace el viaje. "Ahora es fácil", explica, "hay albergues, policía... Teníais que verlo antes". Cuestión de perspectiva.

Con La Bestia es lo mismo, cuestión de perspectiva. Parada en la estación, apenas intimida. Se trata de un viejo armatoste de metal oxidado, solo eso, un gusano enorme dueño de los sueños de mucha gente.