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24/08/2013 09:54 CEST | Actualizado 23/10/2013 11:12 CEST

Aquí y ahora con Marina

Durante los casi tres meses de la muestra, la propia Abramović permaneció sentada en una sala del museo ante una silla que cualquier visitante podía ocupar para mantener un contacto visual con ella. ¿Fácil? Lágrimas, risas, circunspección, la situación llevaba a límites inesperados.

Un raro tesoro veraniego: desde mediados de junio, en las estanterías de DVD, el documental Marina Abramović: The Artist Is Present (Matthew Akers y Jeff Dupre, 2012). La oportunidad para reencontrarnos, aquí, ya, entre el griterío de los chiringuitos, el ajetreo de los aeropuertos y, quizá, la calma de una isla desierta, con uno de los eventos artísticos principales de los últimos años. Y husmear en sus entresijos -la preparación, los nervios, la humanidad junto al rigor de la profesionalidad...-, y sobre todo volver a sentir las actitudes que puso en juego. Esas entre la epifanía y el escepticismo, patentes en las siguientes miradas, retratadas por el fotógrafo Marco Anelli y publicadas en su conmovedor libro Portraits in the Presence of Marina Abramović (2012).

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Los rostros de algunas de las cientos de personas que participaron en The Artist is Present, la gran performance en el MoMA de Marina Abramović. Portraits in the Presence of Marina Abramović, fotografías de Marco Anelli © 2010, cortesía de la Danziger Gallery.

La película explica cómo, entre marzo y mayo de 2010, el Museum of Modern Art (MoMA) de Nueva York, el templo del arte contemporáneo, ofreció un singular privilegio a la artista serbia Marina Abramović: una gran retrospectiva. Además de reunir numerosos trabajos en vídeo, instalaciones o fotografías, la ocasión sirvió para volver a realizar algunas de sus performances más famosas, pero recreadas -casi ritualizadas- mediante actores "reperformers". De este modo, yendo más allá del testimonio documental, se conseguía renovar la proximidad con unas obras necesariamente efímeras en su ejecución, así como algo alejadas en el tiempo. Sin embargo, tanto el comisario Klaus Biesenbach como Abramović, "sustancial y muy seria" -así define Michael Cunningham a los artistas del MoMA en la novela Cuando cae la noche, publicada el mismo año-, decidieron ofrecer una intervención inédita que reforzara la sensación de presente y de presencia que hacía falta destacar como elementos esenciales en el arte de la acción.

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La performance estuvo llena de momentos de especial intensidad dramática, recogidos en el documental. Por ejemplo, el reencuentro con su expareja sentimental y artística, Ulay (aquí, arriba, a la izquierda), o la despedida del comisario de la exposición, Klaus Biesenbach (abajo, a la derecha). Portraits in the Presence of Marina Abramović, fotografías de Marco Anelli © 2010, cortesía de la Danziger Gallery.

El "aquí y ahora" -el "hic et nunc" de los latinos- se materializó en The Artist is Present (La artista está presente). Una idea sencilla, pero de difícil materialización: durante los casi tres meses de la muestra, la propia Abramović permaneció sentada en una sala del museo ante una silla que cualquier visitante podía ocupar para mantener un contacto visual con ella. Mirarse a los ojos durante unos instantes. ¿Fácil? A juzgar por la miscelánea de reacciones recogida por Anelli: no, ni para la artista ni para el público. Lágrimas, risas, circunspección, la situación llevaba a límites inesperados. Y funcionaba porque se establecía una comunicación. También una intimidad, en algunos casos, brutal, desgarradora. Pese a los focos y las colas por llegar hasta ella -había quien dormía en la calle para conseguirlo-, he ahí el carisma de Marina Abramović, mezcla de amiga, amante, madre y diosa -y de las antiguas, ese es su particular hic et nunc, sólo hace falta compararla con la hermosa Narundi del Louvre (c. 2100 a. C.)-.

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Numerosas celebrities quisieron sentarse ante Marina Abramović. Y la mayoría lo hicieron sin pose, como James Franco (abajo, a la izquierda), que en la película de Akers y Dupre tiene un protagonismo especial, o Orlando Bloom, que aparece haciendo cola entre el público. Portraits in the Presence of Marina Abramović, fotografías de Marco Anelli © 2010, cortesía de la Danziger Gallery.

El amor actúa en los amantes como acercamiento y, paradójicamente, como espejo que devuelve una y otra vez la propia imagen, atracción y reflejo simultáneos. Abramović es una superestrella -dejó de ser la rarita alternativa para convertirse en una de las personalidades más importantes e influyentes del panorama internacional-, y pese al efecto de lejanía que causan la fama, la riqueza y el poder, ella quiso volver a estar con el público. Y compartir algo íntimo. ¿Qué otro ídolo del arte, del cine, del pop o del campo que sea, ha hecho jamás algo tan generoso?

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La artista, entre participante y participante de su performance, cerraba los ojos -se "purificaba"- y cuando los abría volvía a estar lista para la entrega, la empatía, la compasión, la sorpresa. Pese a la tensión o el cansancio, como una madre. O como una diosa, antigua, protectora, terrible. Portraits in the Presence of Marina Abramović, fotografía de Marco Anelli (fragmento) © 2010, cortesía de la Danziger Gallery.

Cualquier performance implica estar en un lugar y en un momento concretos, obviamente. Pero el hic et nunc de Marina Abramović, como sucede con las grandes acciones de la historia del arte -la explicación chamánica de Joseph Beuys a una liebre muerta (1965), por ejemplo- no es un "aquí y ahora" cerrado. Es un "aquí y ahora" extenso, es un espacio y un tiempo en el que estamos, que nos da cabida, que nos explica. Por eso, aunque el verano se erija en imperio de la levedad, la intrascendencia y la fugacidad, el documental Marina Abramović: The Artist Is Present es un lugar y un momento para el descanso real, porque en cualquiera de los rostros que desfilan ante la artista reconocemos, sentimos, que hemos llegado a algún sitio auténtico. Y propio. Con ella.

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