Tony, pizzero mallorquín que vende 2.500 pizzas a la semana: "No hay personal que quiera trabajar en hostelería. Si no mejorábamos las condiciones, la gente se nos iba"
El gran reto del sector hostelero sigue siendo atraer y fidelizar profesionales.

La hostelería lleva años enfrentándose a un problema que va mucho más allá de llenar una vacante. Cada vez son más los bares y restaurantes que reconocen las dificultades para encontrar trabajadores dispuestos a permanecer en el sector, especialmente en destinos turísticos como Baleares. En este contexto, algunos empresarios han decidido darle la vuelta a la situación apostando por mejores condiciones laborales.
Tony, fundador de la cadena mallorquina Il Postino, conoce bien esa realidad. Tras años de dificultades para encontrar y retener empleados, el empresario asegura que la solución no pasaba únicamente por contratar más personal, sino por ofrecer mejores condiciones laborales. Esa apuesta por mejorar los horarios, ofrecer mayor estabilidad y cuidar al equipo ha permitido reducir la rotación de la plantilla.
Su empresa, nacida como un negocio familiar y convertida hoy en una cadena con varios establecimientos repartidos por Mallorca, ha logrado consolidar un modelo basado en la profesionalización de la gestión y el cuidado del equipo humano. "No hay personal que quiera trabajar en hostelería. Si no mejorábamos las condiciones, la gente se nos iba", afirma Tony en un vídeo publicado en YouTube por el canal ‘Talent | Hostelería’.
Más allá de la comida
Según explica, después de la pandemia decidieron reorganizar los horarios, crear puestos de responsabilidad y mejorar las condiciones de trabajo para reducir una rotación que se era considerada como uno de los principales obstáculos para crecer. Todo ello ha permitido que ahora desde su obrador central salgan alrededor de 2.500 pizzas cada semana, elaboradas con fermentaciones de entre 48 y 72 horas para conseguir una masa de mayor calidad.
Aunque parte del proceso está mecanizado para responder al volumen de pedidos, muchas tareas continúan realizándose de forma artesanal, manteniendo un equilibrio entre tradición y eficiencia. Para Tony, el éxito de un restaurante no depende únicamente de la calidad de la comida. “Al final el cliente lo que ve primero es el repartidor, luego ve nuestra pizza”, señala, defendiendo la importancia de cuidar toda la experiencia del consumidor.
Esa filosofía también se refleja en la implicación de la plantilla, a la que incentivan para mantener un buen servicio y fomentar las valoraciones positivas de los clientes. Con un equipo más estable y nuevos planes de expansión en Mallorca, el empresario considera que el gran reto del sector hostelero sigue siendo atraer y fidelizar profesionales. En su opinión, solo apostando por mejores condiciones de trabajo será posible garantizar el relevo que necesita un sector clave para la economía de las islas.
