Agricultores y ganaderos coinciden: "No es solo el gasoil: también van a subir los abonos, los plásticos y todos los derivados del petróleo"
Denuncian que las medidas no son suficientes y que el impacto del incremento del petróleo no solo golpea a la gasolina.
La tensión internacional entre Estados Unidos e Irán está teniendo consecuencias directas y devastadoras en el campo español. El encarecimiento del petróleo, una de las primeras derivadas del conflicto, está provocando un efecto dominó que va mucho más allá del combustible y amenaza con disparar todos los costes de producción agraria.
El impacto es inmediato. En apenas días, el precio del gasóleo agrícola se disparó con subidas bruscas que se han mantenido en el tiempo durante estas tres semanas. El propio sector considera difíciles de asumir, en algunos casos superiores al 40% . Pero la preocupación no se queda ahí. Agricultores y ganaderos alertan de que esta crisis energética se trasladará también a otros elementos clave como fertilizantes, plásticos o productos fitosanitarios, todos ellos vinculados al petróleo.
Desde la Unión Rural de Asturias (URA), el diagnóstico es claro y contundente. César Arruñada, miembro de su directiva, denuncia que las medidas adoptadas hasta ahora no están a la altura de la situación: "Las ayudas son completamente insuficientes". Y va más allá: "No es solo el gasoil, sino que también son los plásticos, abonos, derivados del petróleo… y todo ha subido en torno a un 70%".
Un efecto en cadena que golpea al campo
El problema de fondo es estructural. El sector primario depende en gran medida de los combustibles fósiles, no solo para el uso de maquinaria, sino también para la fabricación de insumos esenciales. Cuando sube el petróleo, sube prácticamente todo.
Los fertilizantes, por ejemplo, ya han empezado a encarecerse de forma significativa en las últimas semanas, con incrementos que rondan el 30% en algunos casos . A esto se suman los plásticos utilizados en agricultura —desde invernaderos hasta sistemas de riego— y otros materiales derivados del crudo.
El resultado es un incremento generalizado de costes que ahoga a explotaciones con márgenes muy ajustados. "Si suben los costes y no sube el precio en origen, la rentabilidad desaparece", es la advertencia que se repite en el sector.
El peor momento del año
La situación se agrava por el calendario agrícola. Tal y como explican desde URA, este es precisamente uno de los momentos de mayor actividad en el campo. "Es el momento de más uso de tractores y de actividad muy elevada, lo que implica un consumo muy potente de combustible", señala otro de sus representantes.
Es decir, el impacto no llega en un momento cualquiera, sino justo cuando más se depende del gasóleo. Esto multiplica el efecto de la subida y acelera la presión económica sobre agricultores y ganaderos.
Incertidumbre y temor a nuevas subidas
El problema no es solo el presente, sino lo que está por venir. El conflicto en Oriente Medio introduce una gran incertidumbre en los mercados energéticos, lo que hace temer nuevas subidas en cadena. Ya hay organizaciones agrarias que alertan de que el encarecimiento no responde solo a la oferta real, sino también a movimientos especulativos .
En este contexto, el campo español vuelve a situarse en una posición vulnerable: dependiente de factores externos, con costes disparados y con la sensación de que las medidas públicas no compensan el golpe.
El mensaje que trasladan es unánime: no se trata solo del gasóleo. Es todo el sistema productivo el que está en riesgo si la escalada de precios continúa.