Alberto del Campo, antropólogo: "Cada vez estamos convirtiendo la Semana Santa en otro elemento más de desigualdad, de distinción, de diferencias"
"Nos hemos acostumbrado a que no haya ámbito de la actividad humana que no esté sujeta a mercantilización", ha lamentado el profesor de Antropología Social en la Universidad Pablo de Olavide.

La Semana Santa de Sevilla, declarada Fiesta de Interés Turístico Internacional desde 1980, es una celebración en la que la fe religiosa, la tradición y el folklore se dan la mano para deleitar a los sevillanos y, cada vez más, a los turistas.
Desde hace unos años, la Semana Santa en Sevilla es sinónimo de masificación y de calles por las que apenas se puede andar (especialmente en La Madrugá) para contemplar los pasos y palios.
Ello provoca que muchas personas intenten alquilar sillas en la carrera oficial (el recorrido que hacen todas las hermandades hasta llegar a la Catedral) o balcones en las calles más céntricas para poder ver las procesiones sin agobios.
Sin embargo, la oferta de sillas y balcones es muy limitada y la demanda no hace más que crecer en los últimos tiempos, ya sea por parte de los sevillanos que quieren vivir al máximo su semana grande o por los turistas que no quieren perderse nada de la fiesta.
Esa situación ha provocado que el precio del abono de un palco para ver toda la Semana Santa de Sevilla en la carrera oficial cueste hasta 1.016,77 euros y que el precio de un balcón se dispare hasta los 9.000 euros.
Esas cifras han hecho que ciertos expertos, y también personas de a pie, hablen de que se está produciendo un proceso de mercantilización en la Semana Santa de Sevilla, algo que no es coherente con los propios valores de la fiesta.
Desigualdad a la hora de disfrutar de la Semana Santa
Alberto del Campo, profesor de Antropología Social en la Universidad Pablo de Olavide, en un reportaje en El País, ha señalado que "nos hemos acostumbrado a que no haya ámbito de la actividad humana que no esté sujeta a mercantilización, porque la justificación es que todo está sujeto a costes y lo mismo que pagas para ir al teatro o al fútbol, se paga por ver la Semana Santa en la primera fila".
En ese sentido, el antropólogo ha lamentado que, en el caso de Sevilla, "cada vez estamos convirtiendo la Semana Santa en otro elemento más de desigualdad, de distinción, de diferencias".
Respecto a los motivos que han llevado a que han llevado a la festividad a realizar esa diferenciación entre pudientes y no pudientes, Alberto del Campo ha explicado que "hay una dimensión en Sevilla que considera que es normal que gente que tiene más dinero o postín pueda tener estos privilegios, es lo que las clases pudientes han alentado con la concepción de sevillanía, y esa diferencia y asimetría ha estado presente siempre en la Semana Santa, donde también se diferencia entre hermandades ricas y pobres".
