Leo y Kit, estudiantes que viven en un autobús averiado para ahorrarse el alquiler: "Sabíamos que debía haber una mejor manera de vivir en Oxford por menos"
Dos estudiantes universitarias viven juntas para afrontar los costes de la convivencia.
En Oxford, donde el alquiler ya no sube: directamente muerde, dos estudiantes han decidido bajarse del mercado inmobiliario por la vía rápida. Literalmente. Leo Bevan y Kit Renshaw, ambos de 20 años, viven desde hace semanas en un autobús averiado de 13 metros de largo, un Ayats Bravo con pasado pop (lo usaron las Sugababes en los 2000) y presente estudiantil. La razón no tiene misterio: el alquiler los había echado del sistema.
“Nos quedamos fuera del alojamiento para estudiantes; no podíamos permitírnoslo. Sabíamos que tenía que haber una mejor manera de vivir en Oxford por menos”, resume Leo, estudiante de Lengua y Literatura Inglesas en la Universidad de Oxford a The Mirror. Hasta entonces pagaba 541 libras al mes por una habitación “correcta, sin más”, aunque demasiado cara y, según cuenta, “masificada para alguien al que le gusta ir a su bola”. Kit, que estudia Historia y Literatura Inglesa, desembolsaba 375 libras mensuales. Para el último curso, la previsión era clara y brutal: 9.000 libras de alquiler para él y 10.000 para su amigo.
El plan alternativo pasa por un aparcamiento disuasorio a las afueras de la ciudad. Allí pagan 73 libras a la semana por estacionar el autobús y van andando a la universidad. Las cuentas también caminan solas: entre 2.500 y 3.500 libras de ahorro por cabeza solo durante el último año. Incluso sumando los gastos menos románticos (1.300 libras para remolcar el vehículo desde Liverpool, unas 3.000 para hacerlo habitable), el balance sigue saliendo a favor del autobús.
No fue llegar y besar el santo. Leo pasó un mes llamando a puertas por Oxford para preguntar si alguien les dejaba aparcar el bus en su jardín. “Ni una sola opción, sorprendentemente”, ironiza. Al final optaron por el aparcamiento de pago. Meter semejante trasto tampoco resultó sencillo. “Fue un momento bastante justo, sobre todo con la grúa. Entre el camión y el autobús medía unos 21 metros, girando una esquina cerrada, pero el tipo que lo remolcó fue un crack y lo metió”.
El Ayats Bravo, comprado en Facebook Marketplace, hoy no arranca. Tampoco tiene ducha. Leo y Kit se asean en casa de un amigo y no esconden el estado real del vehículo. “Es un desastre total”, admite Leo sobre el autobús, que arrastra años de uso y abandono desde su época musical. Aun así, Kit lo tiene claro: “Es una opción mejor y más asequible”.
Los números explican el entusiasmo. Kit pagó 4.500 libras por su alojamiento en primero y otras 4.500 en segundo. Leo desembolsó 7.500 libras en unas residencias sin cocina y 6.500 en un piso compartido al año siguiente. Ambos se enfrentaban a otro sablazo para rematar la carrera. Ahora, además de ahorrarse el golpe, conservan un activo: al terminar los estudios podrán vender el autobús o quedárselo.
“El autobús ha sido un reto interesante. Ha llevado tiempo y solo ahora hemos empezado de verdad, pero hemos avanzado bastante”, cuenta Kit, natural de Canterbury. Leo no lo dice así, pero la conclusión se entiende sin subtítulos: en Oxford, para estudiar sin arruinarse, a veces hay que vivir como si estuvieras de gira. Aunque la gira no se mueva del aparcamiento.