Los apicultores se reivindican tras quedarse fuera de las ayudas por la guerra de Irán: "Nos lo merecemos, con la polinización hacemos un servicio al resto de actividades agrarias"
Protestan ante lo que consideran una injusticia, ya que su sector ha sido de los pocos que no se verán beneficiados por estas ayudas.

El malestar en el sector apícola vuelve a aflorar. Los apicultores, especialmente los dedicados a la trashumancia, denuncian haber sido nuevamente relegados en el reparto de ayudas públicas, esta vez en el paquete aprobado por el Gobierno para paliar las consecuencias económicas derivadas de la guerra en Irán. Mientras otros sectores agrarios y ganaderos sí figuran entre los beneficiarios, ellos han quedado fuera, una situación que consideran injusta y recurrente.
Desde la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA) han alzado la voz para exigir cambios antes de que el decreto sea convalidado en el Congreso de los Diputados. Reclaman que se incluya a un colectivo que, recuerdan, agrupa a más de 36.000 familias en España y que atraviesa una crisis estructural desde hace años.
El problema no es nuevo. La apicultura ya arrastra una posición secundaria en el diseño de las políticas agrarias. No cuenta con determinadas ayudas de la Política Agraria Común (PAC) y tampoco se beneficia de algunas devoluciones fiscales que sí alcanzan a otros profesionales del campo. La exclusión en este nuevo paquete de medidas, por tanto, se percibe como un episodio más de una larga cadena.
Un sector clave que no encaja en las ayudas
Uno de los principales argumentos del sector tiene que ver con el aumento de costes. La escalada del precio del gasóleo, agravada por el contexto internacional, impacta de lleno en la apicultura trashumante, que depende del transporte para desplazar colmenas según las floraciones. Sin embargo, pese a utilizar vehículos y consumir combustible como otras actividades, no encaja fácilmente en las categorías previstas por las ayudas.
UPA ha analizado el decreto y sostiene que los apicultores tampoco pueden acogerse a las bonificaciones generalizadas al carburante. No obstante, apuntan a una posible vía: una disposición que contempla ayudas extraordinarias para sectores especialmente afectados por el encarecimiento del gasóleo. La organización pide que se reconozca explícitamente a los apicultores trashumantes dentro de ese marco.
La reivindicación no es solo económica, sino también de reconocimiento. Los profesionales del sector insisten en que su actividad tiene un valor añadido que va más allá de la producción de miel.
Más que miel: un servicio ambiental
"Nos lo merecemos", defienden desde el sector. Y lo hacen poniendo el foco en la polinización, una función esencial para el conjunto de la agricultura. Sin las abejas, recuerdan, buena parte de los cultivos vería reducida su productividad. En ese sentido, consideran que su labor actúa como un servicio indirecto para otros productores, lo que justificaría un mayor respaldo institucional.
Desde UPA también se plantea la necesidad de introducir una ayuda específica por colmena en el marco de la nueva PAC, una fórmula que permitiría reconocer de forma más directa la contribución de la apicultura al sistema agrario.
Competencia exterior y costes al alza
A las dificultades estructurales se suma la presión del mercado internacional. La entrada masiva de miel procedente de países como China, Argentina o Ucrania complica la viabilidad de las explotaciones nacionales. Según denuncian, parte de estos productos llega mezclada o etiquetada de forma poco clara, lo que dificulta al consumidor diferenciar su origen.
El resultado es un escenario en el que los precios de venta no logran cubrir los costes de producción. A ello se añaden factores como las enfermedades de las abejas o los efectos del cambio climático, que afectan tanto a la cantidad como a la calidad de la producción.
En este contexto, la exclusión de las ayudas por la guerra de Irán se percibe como un golpe adicional a un sector ya tensionado. Los apicultores no solo reclaman apoyo económico inmediato, sino también un cambio de enfoque que reconozca su papel estratégico dentro del sistema agrario. Porque, insisten, sin abejas no hay campo que resista.
