Alto el fuego en Irán: ni es una victoria de Trump ni resuelve las supuestas razones del ataque
EEUU vende que le ha doblado el pulso a Teherán con su presión apocalíptica, pero Jamenei le ha evitado la disyuntiva de arrasar el país (hasta los civiles) o mostrar su debilidad. El alivio es lógico en estas horas, pero las negociaciones serán durísimas.

Sábado, 28 de febrero de 2026. El régimen de los ayatolás manda en Irán y acalla con mano dura a los manifestantes que piden libertad, derechos humanos y pan, para empezar. El país sigue con su programa nuclear, que ha acumulado cientos de kilos de uranio altamente enriquecido, y atesora un importante arsenal de drones y misiles de largo alcance.
Miércoles, 8 de abril de 2026. En Teherán sigue llevando las riendas un Jamenei, aunque ahora se llama Mojtaba, la República Islámica está en pie aunque tocada, mantiene en su poder el combustible base para crear armas atómicas, como silos de armas en un volumen desconocido, y aún detiene y ahorca a opositores. Una cosa más: ahora controla militarmente quién pasa y quién no por el estrecho de Ormuz, embudo por el que circula el 20% del petróleo mundial.
Dada esta realidad, hablar de triunfo de la coalición Estados Unidos-Israel sobre Irán tras el acuerdo de alto el fuego alcanzado esta pasada madrugada, al menos para dos semanas, es complicado de sostener. Los objetivos por los que supuestamente se inició el ataque contra el régimen teocrático siguen ahí, a lo que se ha sumado una crisis económica mundial por el bloqueo parcial del paso clave para el crudo.
Sobre todo, es obsceno cantar victoria cuando 41 días después hay al menos 3.597 iraníes menos (muertos por las bombas de Washington y Tel Aviv), cuando hay 1.500 libaneses menos (muertos por los ataques israelíes, en respuesta a la entrada en liza de Hezbolá para solidarizarse con Teherán), cuando hay 19 israelíes menos (muertos por los proyectiles de Irán y Hezbolá), y cuando hay 13 norteamericanos menos (soldados caídos en misiones en Oriente Medio).
Un alivio lógico y una presión desesperada
El anuncio de que las partes callaban las armas y se ponían a negociar -la primera cita es el viernes en Pakistán- es un lógico alivio para el mundo, empezando por el dolorido Oriente Medio. Es normal el entusiasmo mostrado los líderes internacionales y la respuesta de las bolsas y el mercado petrolero, porque lo que se temía era inimaginable, de tan bárbaro.
Ayer, a las ocho de la tarde de Washington (las dos de la mañana en España) acababa el plazo dado por el presidente de EEUU, Donald Trump, para que la República Islámica reabriese por completo Ormuz o asumiera, si no, el apocalipsis. Dijo que acabaría con su civilización en una noche. Nunca antes se había visto a un mandatario norteamericano hablar en esos términos, después de que el día antes recurriera directamente a los insultos barriobajeros. Faltaba una hora y media para que el ultimátum tuviera que ser verdad o farol cuando se anunció que las partes se avenían a parar y a hablar.
En estas casi seis semanas de guerra, que han devastado la economía mundial, se ha puesto de manifiesto el dominio tecnológico y militar estadounidense pero, también, la resistencia iraní, política y defensiva, que ha hecho que esto no sea una "excursión", como decía Trump. El mandatario republicano lleva semanas diciendo que esta guerra está "ganada" y que el régimen está "acabado", pero en este momento sus equipos negociadores se preparan para debatir con unos perdedores que no existen, ¿no es eso?

La pregunta a estas horas es qué ha llevado finalmente a que haya un armisticio, aunque sea temporal, y si está justificado que alguna parte enarbole el relato del ganador. Parece que ha habido una mezcla de todo y, por eso, las dos partes se dan públicamente por satisfechas y por vencedoras. Trump se vanagloria de que su estrategia de presión máxima, hasta prometer la aniquilación "para siempre" de un país, ha surtido efecto y que es eso lo que ha llevado a los clérigos a ceder.
Medios como el New York Times hablan de una "victoria táctica de último minuto", para la que ha aplicado sus técnicas de magnate inmobiliario del pasado. Es verdad que se va a poder restablecer el flujo de petróleo, de fertilizantes o helio a través de Ormuz, que se va a calmar los mercados que temían que una crisis energética mundial provocara una recesión global y, sobre todo, se va a dejar de matar gente pero ¿sólo eso es lo que ha surtido efecto? Quizá también estamos ante un nuevo caso de TACO en acción, o sea, "Trump Aways Chickens Out", "Trump siempre se acobarda", un palabro que se ha hecho fuerte en las redes sociales al hablar de las veces en que el presidente amaga un golpe y luego no lo da, de Irán a los aranceles o hasta las amenazas comerciales a España.
El norteamericano llevaba días, con su cuenta atrás, indicando a Irán qué, cómo y cuándo iba a atacar y eso indica, justamente, que se quiere evitar hacerlo y que la meta es que el contrario se rinda. La disyuntiva que le quedaba era terrible: o reventarlo todo, como había prometido pasada la hora h del día d, o mostrar debilidad por no hacerlo. Para atacar los puentes e infraestructuras energéticas que había señalado tenía que recurrir a unos proyectiles que cada vez le escasean más o a una ofensiva terrestre para la que no tenía ni soldados posicionados ni medios para sostenerla en el tiempo, sin contar el peligro de un país tan enorme y accidentado como el iraní.
Esta crisis empezaba a pintar como una de esas contiendas interminables en sitios que nadie sabe ni dónde están, como él mismo decía en la campaña electoral, y que, por eso, había que rechazar. Estaba siguiendo los pasos de sus predecesores, esos que tanto denostaba. Así que su presión también era desesperación, la propia, la de no saber cómo salir de este laberinto.
¿Es eso lo que ha amedrentado por completo a Irán, las amenazas de un hombre frustrado? Obviamente, que te señalen de esa manera asusta, pero hay que ver la base sobre la que caían esas amenazas: el país también necesita un respiro -de los civiles a sus mandos, que tienen que recomponerse- y aceptando cierta flexibilidad ganan tiempo.
Según se extrae de las condiciones pactadas para el alto el fuego, es determinante que EEUU le compra básicamente el paquete de diez puntos que presentó hace pocos días, en respuesta a uno de 15 propuesto por Washington y que rechazó por "maximalista". Se incluye la retirada de tropas de EEUU de la región, el levantamiento de sanciones internacionales, el pago de indemnizaciones por el daño causado y, también, la vigilancia del estrecho de Ormuz por parte del Ejército persa. Es difícil de creer que la Casa Blanca vaya a aceptar todo eso al final de las negociaciones, cuando ya ha calificado esas propuestas como "un desastre" o "una catástrofe", pero hoy es lo que está sobre la mesa y, claramente, a Irán le interesa.
El digital norteamericano Axios desvela esta mañana que ha sido determinante para que las cosas avancen la orden del nuevo líder supremo del país, Mojtaba Jamenei, de buscar un acuerdo. Se lo confirman hasta tres fuentes de diferentes administraciones y países. El sucesor de Ali, asesinado en el primer día de ofensiva junto a buena parte de su familia y equipo, apenas ha mandado un mensaje en estas semanas y la inteligencia de EEUU decía que estaba herido e, incluso, inconsciente o desfigurado.
Ahora, este medio constata que está al mando, que ha ido ordenando papel a papel -las comunicaciones por otra vía están tocadas o no son seguras- que se fueran "actualizando" las propuestas de esa lista de diez puntos hasta que, al fin, a EEUU le pareció una "base viable sobre la cual negociar", en palabras de Trump. A los 15 minutos de que el neoyorquino publicase su mensaje en redes, las tropas norteamericanas dieron la orden de retirada.
Israel, por su parte, se había mostrado reacio estos días a parar la operación, acelerando sus ataques (ayer mismo, contra centrales eléctricas, vías de tren y universidades) e insistiendo en que los objetivos militares se estaban cumpliendo, pero aún quedaba. Ahora, añade el mismo medio, ha recibido "garantías" de su amigo americano de que Irán "renunciará a su material nuclear, frenará el enriquecimiento de uranio y abandonará su amenaza de misiles balísticos".
Los problemas que persisten... y los creados
Lo cierto es que, tras 13.000 ataques selectivos de EEUU, hay cosas que no han cambiado en la zona y que siguen siendo los nudos gordianos del conflicto, los declarados, más allá de los que no se dicen, como el control regional para Israel o la búsqueda de gobiernos amigos o títeres.
Como decíamos, queda una dictadura represiva en manos de los religiosos chiítas, que se apoya en la brutal Guardia Revolucionaria Islámica, al mando de una población de 93 millones de personas que está atemorizada, castigada con misiles y bombas, y que aún se encuentra bajo el yugo de un régimen bien conocido, aunque bajo una nueva Administración. Mismo perro, distinto collar. Puede que incluso más radical, porque los analistas creen que, con la muerte de Jamenei, ha escalado el ala dura, no la reformista.
Sistema aparte, no hay noticia de que se haya rebajado el programa nuclear iraní. En la Guerra de los 12 Días del pasado verano, desde el Despacho Oval se dijo que había quedado inutilizado, para que luego la propia CIA lo negase. Ahora, de hecho, se peleaba para impedir que fuera a más, decía Trump el primer día, olvidando sus palabras de 2025. Se calcula que hay entre 440 y 450 kilos de uranio enriquecido al 60% en manos de los ayatolás, una base que se acerca a la necesaria para fabricar bombas atómicas. EEUU e Israel decían que atacaban de forma "preventiva" para que no les golpeasen a ellos primeros, pero no ha aportado pruebas de esos avances inminentes.

En estos días, hasta se habían filtrado planes de película para una hipotética operación terrestre con grupos de élite de las Fuerzas Armadas norteamericanas para hacerse con esos kilos, sacarlos del país o destruirlos in situ, hasta que ya no fueran un peligro.
De lo que hay más dudas es del arsenal de misiles de Irán. Se sabe que hay almacenes atacados repetidamente y que ha quemado mucho atacando a Israel, las bases de EEUU y los vecinos cooperadores del Golfo. La OTAN calcula que habría utilizado la mitad de sus misiles balísticos en estas andanadas. Más allá de los proyectiles, ha sabido mantener el pulso con una guerra asimétrica, con ataques cibernéticos, que siguen siendo una amenaza.
Es muy inquietante lo que puede ocurrir con Líbano, un país que, dice Israel, no entra en el acuerdo de alto el fuego. El partido-milicia chií Hezbolá atacó suelo israelí a las pocas horas de saberse que había matado a Jamenei, una manera de honrar y ayudar a su patrocinador de décadas. Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) replicaron de inmediato y esa guerra ha tirado por tierra la quietud pactada en 2024.
Hay más de un millón de civiles desplazados del sur y Tel Aviv ha prometido que va a demoler las aldeas en las que vivían para que no puedan regresar. La zona quedará bajo su control, nadie sabe por cuánto tiempo, en lo que Naciones Unidas denuncia como un intento de ocupación permanente. De momento, es un desplazamiento forzoso de población que ha llevado a una crisis humanitaria grave, lo que puede entenderse como un crimen de guerra.
Entre los nuevos problemas creados por esta guerra está la conmoción en los países del Golfo, donde se ha instalado un miedo a la fragilidad desconocido. Una tierra acostumbrada a ser foco de dinero, lujo y calma, transformada en diana de los drones y misiles de Irán, con tino: centros comerciales, aeropuertos, edificios de oficinas en pleno centro de sus ciudades y muertos. Lo nunca visto. Estos países se habían tejido una coraza que convencía a inversores de todo el mundo, incluso a empresas de tecnología que dan servicio desde allí a todo el mundo y que ahora han sido atacadas.
Su crisis es doméstica y es mundial. Que las bolsas hoy respiren no quiere decir que los mercados se vayan a recuperar al ritmo que avanza el diálogo. Ni por asomo. Hay daños estructurales y certezas perdidas. Eso cuesta levantarlo. Actualmente, el barril se paga entre un 30% y un 40% más caro que a finales de febrero: de 72 dólares a los 95 actuales. El gas ha sido más volátil, pero también sigue bastante por encima de los 30 euros que costaba antes del conflicto. Ahora se mueve entre 50 y 60 euros.
La normalidad total se calcula que no se recuperará hasta 2030. Es lo que dicen, por ejemplo, los expertos de Oxford Institute Energy, viendo los daños que han sufrido algunas plantas de gas bombardeadas durante estas semanas. Todo ello asumiendo que el cese de los ataques derive en el fin definitivo de la guerra... que está por ver.
Trump tenía problemas y se los ha ido añadiendo, al mundo y a sí mismo, porque una de las consecuencias de esta guerra ha sido, también, la fragmentación en el seno de su propia formación. El Partido Republicano, que hoy se sustenta sobre los pilares del movimiento MAGA, se ha opuesto mayoritariamente a esta operación Furia Épica, aunque el Gobierno dice que se han "cumplido y superado" los objetivos militares y con eso hay que estar felices.
No es la excepción, porque la guerra cuenta con un rechazo mínimo del 60% de la población norteamericana, según los sondeos, y que ha llevado la popularidad del presidente a mínimos: apenas un 23%, cuando la media presidencial a estas alturas de mandato es del 37%, expone YouGov. En el Partido Demócrata hasta proponen que se retire a Trump por una cláusula constitucional reservada a los momentos de incapacidad o enfermedad del presidente porque entienden que las amenazas vertidas por el republicano contra Irán han sido "las palabras de un loco", directamente.
El vicepresidente JD Vance es una de las figuras que salen más tocadas, porque ha tenido que de violar su promesa de no involucrar a EEUU en guerras largas y lejanas en las que no ve mucho rédito. Gritó desde el atril de los mítines a su gente que no recibirían féretros envueltos en banderas. Justo ha sido él quien ha tenido que asistir a más actos de este tipo. Ahora, el número dos de la Administración Trump será quien encabece las negociaciones de paz en Islamabad, lo que quizá le haga ganar algunos enteros y poner en orden, algo, su conciencia de incumplidor.

Una negociación a cara de perro
Quedan dos semanas por delante para lograr no sólo parches, sino una solución más permanente que va más allá de Irán, que afecta a una región que teme que los ayatolás se recompongan y se erijan, de nuevo, en poder regional, ayudando a sus proxies a recoger sus pedazos, además. Ahora mismo, la prioridad es ese Ozmuz que parece irse abriendo plenamente con el paso de las horas. Buena señal, aunque haya pesado más el dinero que las personas.
Pero Teherán controla y, en cualquier momento, se puede desdecir, los mismo que EEUU o Israel pueden romper la baraja y atacar de nuevo. Esto no es, ni por asomo, una "rendición incondicional", que es lo que Trump lleva reclamando desde el 28 de febrero, en su mensaje a la nación que daba inicio a todo lo que ha venido después.
"La brecha entre la visión iraní de un acuerdo de paz definitivo y la estadounidense es tan grande que imaginar un acuerdo en dos años, y mucho menos en dos semanas, requiere cierta habilidad diplomática", recuerda el Times. Por ejemplo, la Administración del demócrata Barack Obama tardó dos años y medio en negociar el acuerdo nuclear de 2015, del que Trump se salió en 2018, en su primer mandato, acusando a los ayatolás de financiar el terrorismo internacional y alentado por el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu.
El mayor éxito en décadas de la diplomacia mundial, por los suelos. Restablecer esa confianza tras lo ocurrido desde entonces, empezando por dos guerras, se hace cuesta arriba. Nadie sabe aún si esas amenazas del Armagedón de Trump engrasará mejor la maquinaria del diálogo de lo que lo hicieron las sanciones internacionales, el aislamiento y hasta el diálogo, que fueron las bazas de sus antecesores. La guerra abierta, nunca hasta ahora desde el triunfo de la Revolución Islámica, en 1979.
"Si no logra sacar del país los 440 kilos de uranio enriquecido al 60%, junto con cantidades mucho mayores de combustible nuclear de menor enriquecimiento, habrá conseguido menos en esta guerra de mil millones de dólares diarios que lo que logró el Sr. Obama hace 11 años. En aquel acuerdo, Irán exportó el 97% de su arsenal nuclear", recuerda el diario.
Trump y su gente tiene que negociar con un régimen contra el que había pedido a la gente que se levantara. Con el paso de los días, las libertades y los derechos quedaron a un lado, porque nunca fueron la clave de estos ataques. El presidente norteamericano, el martes pasado, dijo que el nuevo Jamenei formas parte de una generación de líderes "diferentes, más inteligentes y menos radicalizados", pese a que sus propios espías le dicen lo contrario. Las negociaciones pintan a cara de perro, pese a que en estas horas dulces confiemos en que se ha impuesto la sensatez. Trump insiste en que tiene un plan, "el mejor", pero no nos lo va a contar.
Y, aún si todo acaba tras esta cuenta atrás surrealista y la vía a la diplomacia, puede que estemos en una situación peor a la inicial. ¿Le habrá merecido la pena a Trump y a Netanyahu? El Nobel, desde luego, se aleja. La humanidad ha quedado por el camino. Queda la tarea hercúlea de una buena salida.
