Los científicos coinciden en esta paradoja: los lugares del planeta con menos especies son, los más únicos e irreemplazables para conservar la biodiversidad global
Estos expertos piden que las estrategias de conservación prioricen tanto las comunidades ricas en especies como las ecológicamente únicas.
La riqueza de especies y la singularidad ecológica, es decir, las contribuciones locales de los sitios a la diversidad beta (o global) de una región constituyen dos componentes cruciales de la biodiversidad. Un equipo de científicos ha comprobado que los lugares del planeta con menos especies son, paradóficamente, los más únicos e irreemplazables para la conservación de la biodiversidad del planeta. Así lo revelan en las conclusiones de este estudio que han sido publicadas en la revista científica Nature Communications.
Esa diversidad beta es una medida ecológica que representa el cambio o recambio de especies entre diferentes sitios, hábitats o comunidades dentro de un paisaje. A diferencia de la diversidad alfa (que es la local), la diversidad beta compara la composición biológica entre áreas, indicando cómo son de distintas.
Y es que comprender la relación entre estos dos componentes es fundamental para una planificación de conservación eficaz; sin embargo, los patrones globales y los factores subyacentes siguen siendo objeto de controversia entre los científicos.
Como curiosidad, cabe mencionar que el lugar que se considera el que tiene menos especies y menor actividad biológica del planeta es el llamado Punto Nemo, ubicado en el Pacífico Sur. Debido a su inmensa lejanía de tierra firme y las corrientes marinas que bloquean nutrientes, es un desierto oceánico casi sin vida, utilizado como cementerio espacial
En este reciente estudio, se ha realizado un metaanálisis global exhaustivo para investigar los patrones de la relación entre riqueza de especies y singularidad ecológica en distintos grupos taxonómicos y "para evaluar la importancia relativa de cuatro hipótesis ecológicas que influyen en esta relación: el conjunto de especies, la limitación de la dispersión, el filtrado ambiental y el tamaño de la escala espacial", según explica en la publicación este equipo de científicos.
"Observamos que las relaciones negativas entre riqueza y singularidad son frecuentes en diferentes grupos taxonómicos (por ejemplo, las plantas terrestres, macroinvertebrados de agua dulce, aves y peces), y que esta asociación negativa es robusta ante distintos tipos de datos, incluidos los de presencia-ausencia y abundancia", concluyen estos expertos.
Y añaden que cabe destacar que las relaciones basadas en datos de presencia-ausencia se predicen principalmente por los atributos del conjunto de especies (es decir, la proporción de especies raras y la diversidad gamma, que es la riqueza total de especies a escala regional), mientras que las relaciones basadas en la abundancia están más fuertemente asociadas con la limitación de la dispersión.
En conclusión, los hallazgos fruto de esta investigación "revelan patrones globales consistentes y fundamentos mecanicistas de la relación entre riqueza y singularidad, ofreciendo información clave para la conservación de la biodiversidad", afirman estos investigadores.
Su recomendacion es que se pongan en marcha, a nivel internacional, estrategias de conservación que prioricen tanto las comunidades ricas en especies como las ecológicamente únicas para maximizar la protección de la biodiversidad en todo el mundo.