Mauro, 62 años, vende su hotel para cumplir el segundo gran sueño de su vida: "Gasté 130.000 euros en él"
"Le pago 600 euros al mes a Elon Musk".

Mauro Gregorio nació hace 62 años en una habitación de hotel en Riccione, se podría decir que su vida comenzó literalmente entre maletas, recepciones y pasillos alfombrados. Creció después en un hotel de Rímini y, casi sin darse cuenta, su destino quedó marcado. “Mi sueño era ser dueño de un hotel. Y lo cumplí”, confiesa al medio italiano Corriere di Bologna.
Durante más de cincuenta años estuvo estrechamente vinculado al Hotel King, primero como heredero de una larga tradición familiar que llevó con orgullo y, más adelante, como un hotelero plenamente consolidado y respetado.
A lo largo de varias décadas, Mauro vivió para su negocio, atravesando temporadas altas y bajas, reformas, veranos interminables y el paso de generaciones de turistas. Pero con el tiempo, ese sueño cumplido empezó a convivir con otro, que llevaba años esperando su momento.
“No quería morir en un hotel”
“El año pasado decidí venderlo para hacer realidad mi segundo sueño”, explica. La reflexión fue tan simple como contundente: “Nací en un hotel, crecí en un hotel y trabajé en un hotel. No quería morir en un hotel”. La decisión sorprendió a muchos, pero para Mauro era el siguiente paso. Sobre su cama, desde hace años, cuelga un cartel con una frase de Walt Disney: Si puedes soñarlo, puedes hacerlo. Esta vez, decidió tomársela al pie de la letra.
Su nuevo sueño no tenía nada que ver con recepciones ni reservas sino con el mar. Más concretamente, dar la vuelta al mundo en su velero, una ocasión perfecta para llamar a su navío ‘Libertad’ en honor a Perales y Carlos Rivera pero lo bautizó como El Suahil II.
Invertir en un sueño
Su nuevo hogar ahora es un velero de poco menos de 12 metros de eslora, construido en 1980 en un astillero holandés especializado en embarcaciones para el duro Mar del Norte. Mauro lo encontró en el puerto deportivo de Grosseto tras buscar por toda Europa. Pagó 49.000 euros por él y después lo restauró.
“Lo modernicé por completo”, cuenta. Ordenadores de a bordo, instrumental de navegación, un desalinizador para convertir el agua salada en potable y todo lo necesario para una travesía oceánica. “Gasté 130.000 euros en él”. Incluso el lujo tecnológico tiene su espacio ya que cuenta con conexión a Starlink, el servicio de Internet por satélite creado por SpaceX especialmente pensada para zonas rurales o lugares donde la conectividad tradicional no llega. “Bromeo diciendo que le pago 600 euros al mes a Elon Musk, pero la conexión es fantástica”.
De Rímini al Atlántico
El viaje comenzó a finales de septiembre, cuando el Suahil II zarpó del puerto de Rímini. Tras recorrer toda la costa, hicieron escala en Brindisi, Sicilia y Cerdeña. Luego llegaron Gibraltar, Marruecos y Rabat. Siguieron Lanzarote, las Islas Canarias y Cabo Verde, donde una avería obligó a cambiar parte de la tripulación.
Hoy, Mauro navega acompañado por Andrea Baculo, Massimo Pruccoli y Ettore Bellini. Ahora se encuentra en las Islas Vírgenes y pronto pondrá rumbo a Cuba. “En junio nos espera el Pacífico”, dice con una mezcla de emoción y respeto.
Miedo, incomodidad y libertad
Cruzar el océano no es idílico. “Tuve miedo, claro. Es lo más humano que puede pasar”, reconoce. El barco es incómodo y exige adaptarse al balanceo constante, dormir poco y hacer de cada tarea cotidiana un pequeño reto. “Pero después de dos meses te acostumbras”, asegura.
Entre dificultades, también hay momentos inolvidables como: mercados flotantes, islas soñadas desde la juventud y la sensación de estar viviendo, por fin, el sueño aplazado durante toda una vida. “Solo llevamos un tercio de la vuelta al mundo”, sonríe Mauro. Pero para él, el viaje ya ha valido cada euro, cada miedo y cada milla navegada.
