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Moi Guiquita, joven activista waorani: "Si los territorios no tuvieran pueblos indígenas, serían totalmente consumidos por el extractivismo"

Moi Guiquita, joven activista waorani: "Si los territorios no tuvieran pueblos indígenas, serían totalmente consumidos por el extractivismo"

El joven ecuatoriano reflexiona en el podcast de Judith Tiral sobre la defensa de la Amazonía, la historia de su pueblo y la presión de petroleras y mineras sobre territorios indígenas.

Captura de pantalla de la entrevista
Captura de pantalla de la entrevista

El joven activista waorani Moi Guiquita ha dejado una de esas frases que resumen una realidad enorme en muy pocas palabras. En una entrevista en el podcast Tenía la duda, de Judith Tiral, habló de la historia de su pueblo, de la llegada de los misioneros, de las petroleras y de la lucha indígena por conservar sus territorios.

Y lo hizo con una reflexión contundente: "Si los territorios no tuvieran pueblos indígenas, serían territorios totalmente consumidos por el extractivismo".

La frase llega después de relatar décadas de presión sobre la Amazonía ecuatoriana, una zona codiciada por empresas petroleras y mineras y habitada por comunidades que han tenido que defender su forma de vida frente al Estado, las compañías y una idea de progreso que muchas veces ha llegado acompañada de contaminación, enfermedades y despojo.

"El territorio waorani no está en venta"

Guiquita recuerda que la historia reciente de su pueblo está atravesada por el contacto forzado con el mundo exterior. Cuenta que su abuela fue una figura clave en ese proceso: una mujer que, tras sobrevivir a conflictos entre clanes, acabó en manos de misioneros, aprendió otras lenguas y regresó después al territorio con una nueva mentalidad religiosa.

Ese regreso, explica, abrió una etapa de transformación profunda. Cambiaron costumbres, formas de vida, peinados, ropa y creencias. También llegaron enfermedades frente a las que las comunidades no tenían defensas.

Según relata, tras uno de esos contactos, "se empieza a morir muchísima gente" y algunas familias decidieron retirarse de nuevo a la selva, dando lugar a grupos que permanecen no contactados hasta hoy.

Petróleo, ríos contaminados y una lucha que viene de lejos

El activista también explica cómo la presión petrolera marcó la vida de las comunidades amazónicas. Habla de empresas que intentaron entrar en el territorio desde hace décadas, de maquinaria, carreteras y desechos químicos vertidos en los ríos.

"El río es la principal fuente de alimento de todas las comunidades indígenas", recuerda, antes de describir los efectos que, según cuenta, empezaron a notar quienes vivían cerca de las zonas petroleras: problemas en la piel, caída del pelo, ruido constante de las máquinas y alteración de la vida cotidiana.

Para Guiquita, el gran problema es que muchos territorios indígenas han sido históricamente olvidados por el Estado. Esa ausencia deja un vacío que luego ocupan las petroleras prometiendo escuelas, casas, becas o trabajo.

"Ellos no lo venden como malo, lo venden como la única oportunidad de trabajo que tienen", señala.

La defensa del territorio como forma de existencia

Uno de los puntos más potentes de la entrevista llega cuando explica que la presencia de comunidades indígenas es, en sí misma, una barrera frente al extractivismo.

"Esta zona es protegida por el hecho de que hay gente viviendo, porque si no hubiera gente viviendo sería un territorio sin derecho", afirma.

Guiquita recuerda que, en Ecuador, varias comunidades han llevado su lucha a instancias judiciales e internacionales para impedir la entrada de petroleras y mineras. También relata casos en los que, según su testimonio, se engañó a comunidades para obtener permisos, aprovechando que muchas personas no sabían leer.

Esa lucha, explica, no ha sido simbólica. Ha incluido movilizaciones, presión social, campañas internacionales y procesos judiciales largos. "Seguimos adelante con nuestra lucha. No descansaremos hasta conseguir democracia, libertad, justicia", recuerda al hablar del movimiento indígena.

"No hay vuelta atrás" tras la intervención

La entrevista también deja una reflexión incómoda sobre la modernidad y la mirada occidental hacia los pueblos indígenas. Guiquita critica la idea de que las comunidades deban permanecer aisladas o "intactas" para ser consideradas auténticas.

Para él, esa visión también forma parte de una lógica colonial: decidir desde fuera qué debe ser un pueblo indígena, cómo debe vivir y hasta qué punto puede acceder a educación, tecnología o redes sociales.

"Una vez que se interviene una comunidad, la comunidad ya está en el desarrollo y tiene que desarrollarse. No hay vuelta atrás", explica.

Por eso defiende que el acceso a herramientas educativas y tecnológicas no debe verse como una amenaza, sino como una forma de que los pueblos indígenas puedan contar su propia historia y defender sus derechos.

Un activismo desde el territorio

Guiquita no plantea una solución simple. De hecho, reconoce que muchas veces la realidad es demasiado compleja para responder con consignas fáciles. Habla de ayudar desde su espacio cercano: a su familia, a los niños de la comunidad, a quienes necesitan recursos para estudiar o salir adelante.

Pero también insiste en que hay un movimiento indígena creciendo a través del arte, las redes sociales y nuevas formas de comunicación.

Su mensaje conecta con una idea central: proteger la Amazonía no es solo proteger árboles o ríos, sino a las personas que han vivido allí durante generaciones.

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Porque, como resume él mismo, si esos territorios no tuvieran pueblos indígenas, el extractivismo ya habría llegado hasta el último rincón.

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Soy redactor de actualidad en El HuffPost España. Mi objetivo es que no te pierdas nada, sea la hora que sea, estés despierto o dormido.

 

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Lo hago desde una perspectiva informativa, sin perder esa mirada crítica con la que aportar algo diferente a lo habitual.

 

Sociedad, cultura, política, economía... Cualquier tema es bienvenido para dar un enfoque nuevo a temas de actualidad, que afectan a todos

 

Mi trayectoria

Creo que soy periodista desde que nací, o eso dice mi madre. Desde ese momento hasta ahora han pasado muchas cosas. Soy de Azuébar, un pueblecito de apenas 300 personas del interior de Castellón y, aunque estudié, entre en mi querida ‘terreta’ (Grado en Periodismo por la Universitat Jaume I) y Salamanca (Máster en Comunicación e Información Deportiva por la Universidad Pontificia de Salamanca), aprendí la profesión en la Agencia EFE, donde cubrí los Juegos de Río 2016, los de Tokio 2020, los de París 2024, así como también los Juegos Olímpicos de Invierno de Pieongchang 2018 y de Pekín 2022. Además, cubrí los Mundiales de fútbol de Rusia 2018 y Qatar 2022.

 

Por otra parte, abrí una extensa etapa como autónomo en la que he colaborado con ‘El Independiente’, el ‘Playas de Castellón, la ‘Revista Volata’, ‘Súper Deporte’, ‘Yo Soy Noticia’ o ‘Ciclo 21’, antes de aterrizar en el Huffington Post. 

 

Si alguna vez me necesitas y no me encuentras, búscame en una pista de tenis. Te puedo recomendar la mejor novela negra de cada país y hablar durante horas del cine de los 80 y 90. Ah, por cierto, acierto todas las preguntas naranjas del Trivial. 

 


 

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