Natascha, bióloga marina: "Los tiburones tienen fármacos y cocaína en sangre sobre todo porque la gente orina en el agua y vierte sus aguas residuales"
Un estudio en Bahamas detecta cafeína, analgésicos y hasta cocaína en varias especies: la contaminación humana llega incluso a zonas que parecían intactas
La imagen que tenemos de los tiburones suele ser la de depredadores salvajes en aguas cristalinas, lejos de cualquier rastro humano. Pero esa idea empieza a romperse. Y no por lo que hacen ellos, sino por lo que hacemos nosotros.
Porque incluso en lugares que parecen intactos, como las Bahamas, los tiburones ya llevan en su organismo restos de nuestra vida diaria. "Cafeína, analgésicos… e incluso cocaína".
No es una exageración. Es lo que ha encontrado un equipo científico liderado por Natascha Wosnick, bióloga de la Universidad Federal de Paraná, tras analizar la sangre de decenas de tiburones en el Caribe.
Un hallazgo inesperado en aguas "paradisíacas"
El estudio se centró en tiburones capturados cerca de la isla de Eleuthera, en Bahamas. En total, analizaron 85 ejemplares de distintas especies, como tiburones nodriza o tiburones arrecife del Caribe, buscando rastros de casi dos docenas de sustancias.
El resultado sorprendió incluso a los propios investigadores.
Hasta 28 tiburones presentaban en sangre algún tipo de droga: desde cafeína hasta antiinflamatorios como el ibuprofeno o el diclofenaco, pasando por otros compuestos habituales en medicamentos humanos.
Algunos tenían varias sustancias a la vez. La más frecuente era la cafeína.
El origen: lo que llega desde tierra (y desde el agua)
La gran pregunta no es qué tienen los tiburones en la sangre. Es cómo ha llegado hasta ahí. Y la respuesta es incómoda. "Es sobre todo porque la gente orina en el agua y vierte sus aguas residuales", explica Wosnick.
Aunque las corrientes pueden arrastrar contaminantes desde tierra firme, los investigadores señalan también a la actividad humana directa en la zona. El área donde se recogieron muchas muestras es popular entre buceadores y turistas, lo que aumenta la exposición.
El problema no es puntual. Es constante.
No solo cocaína: un cóctel químico
Uno de los casos más llamativos fue el de un tiburón joven que dio positivo en cocaína. No es la primera vez que ocurre -ya se había detectado antes en Brasil-, pero en este caso hay un detalle importante: el análisis se hizo en sangre.
Eso indica exposición reciente.
Los científicos creen que el animal pudo entrar en contacto con restos de paquetes de droga en el agua, algo que no es tan raro en determinadas zonas. "Los tiburones muerden para investigar y acaban expuestos", explica la investigadora.
Pero más allá de ese caso concreto, lo preocupante es el conjunto. Porque no hablamos de una sustancia aislada. Hablamos de un cóctel.
¿Qué efecto tiene en los tiburones?
Los investigadores no solo detectaron sustancias. También observaron cambios en marcadores metabólicos en los tiburones contaminados, relacionados con el estrés o el funcionamiento del organismo.
No está claro aún si estos cambios son peligrosos a largo plazo. Pero hay pistas.
En otros animales, como los peces, la cafeína puede alterar el comportamiento, aumentar la actividad o modificar la forma en que reaccionan al entorno. En un depredador como el tiburón, eso podría tener consecuencias en la cadena trófica.
No es solo un problema químico. Es ecológico.
El mito del océano intacto
Uno de los aspectos más inquietantes del estudio es el lugar donde se ha realizado. Bahamas no es una zona industrializada. No es un punto negro de contaminación. Es, en teoría, un paraíso. Y aun así, los tiburones ya reflejan el impacto humano. "Este tipo de contaminación química está mucho más extendida de lo que creemos", advierte Wosnick.
Durante años, la preocupación ambiental se ha centrado en plásticos o vertidos visibles. Pero hay otra contaminación más silenciosa, más difícil de detectar, que ya está en el agua… y en los animales.
Todo está conectado
El estudio deja una idea clara: lo que ocurre en tierra no se queda en tierra.
Las infraestructuras costeras, el turismo, los residuos, incluso hábitos aparentemente inofensivos como orinar en el mar, acaban formando parte del ecosistema marino.
Y ese impacto no se queda en la superficie, llega a especies clave. Llega a la cadena alimentaria. Llega a los tiburones. Y eso cambia la forma en la que entendemos el océano.
Porque ya no hablamos de un entorno separado del ser humano. Hablamos de un sistema completamente conectado.
Y cada vez más condicionado por nosotros.