Patricia Peiró: "Creo firmemente que un periodismo de sucesos digno, de calidad y sin amarillismo es muy posible"
Entrevista con la periodista de 'El País', al frente del nuevo podcast de true crime de la SER, 'Rojo oscuro casi negro'.
Roberto, un chico trans que decidió acoger en su casa a dos excompañeras del colegio y que luego sufrió una maldad inimaginable es el protagonista del primer episodio de 'Rojo oscuro casi negro', un nuevo 'true crime' de SER Podcast que explora lo más oscuro del ser humano a través del testimonio de quienes se enfrentan a ello cada día, como policías, abogados, forenses, psicólogos o fiscales
Al frente de esta serie documental —es su directora, guionista y narradora— está la periodista de 'El País' Patricia Peiró, especializada en tribunales y crónica negra. El germen de este podcast está en su sección homónima en 'La Ventana', el programa de Carles Francino en la SER. "Lo que creo que la hace más interesante es que no soy yo hablando todo el rato, sino los personajes que se pueden descubrir a través de los casos que contamos y que sean los protagonistas implicados los que acaben contando la historia", resalta la periodista en conversación con 'El HuffPost'.
En este 'spin-off 'se ha trasladado esa esencia a "un podcast trabajado en el que se explican cosas que normalmente en el mundo de los sucesos no da tiempo, porque va todo a golpe de titular o de espectacularidad en algunos momentos".
Además del reposo y la profundidad que pueden encontrar los oyentes en él, para Peiró un elemento distintivo de 'Rojo oscuro casi negro', dentro de la explosión del género del 'true crime', es que los casos que abordan, siendo cada uno diferente, tienen algo en común: "Todos tienen una segunda lectura o algo que da pie a la reflexión; describen algún ámbito de la sociedad, abren algún debate...".
Ella quería ir más allá "de lo que es el crimen, el hecho luctuoso en sí". El primer episodio, titulado 'Una coincidencia fatal', parte del aviso que recibe un subinspector, Ángel, del hallazgo de un cadáver en un piso de Madrid. Al llegar, se encuentra una vivienda en pésimas condiciones y un cuerpo con un gran número de golpes. Comienza así, pero en el fondo trata de "la vulnerabilidad, la soledad, la discriminación de ciertos colectivos, de si tenemos el apoyo suficiente o si sabemos lo que le pasa al vecino de al lado, de si sigue existiendo cierto sentimiento de comunidad", enumera Peiró.
"El segundo capítulo abre las puertas al a los oyentes a cómo funciona el sistema judicial y cómo da pie a pues a situaciones rocambolescas como la que se describe", prosigue. Mientras el tercero aborda el tema del ciberacoso, las redes y los menores, el cuarto habla "de esos grandes olvidados". "El protagonista, por desgracia, del crimen que contamos es una persona sin hogar, sin aparentes relaciones sociales ni para bien ni para mal y que aparece un día brutalmente golpeado y muere en el hospital. Se va resolviendo para llegar a una conclusión tan triste como sorprendente", avanza.
La última entrega va sobre violencia juvenil, "pero desde un punto de vista de prevención, de comprensión del fenómeno", incide Peiró, quien también cuenta que intervienen perfiles como una antropóloga o un psicólogo, para "analizar el crimen desde otros puntos de vista".
Para que todas estas historias vieran la luz, primero hubo muchas conversaciones y reflexiones dentro del equipo del podcast (Roberto García, Mariola Sarrió, Gema Maldonado, Lisi Búa y Nicolás Solís) "sobre qué es lo que queríamos contar, cómo, con qué personajes, qué aspectos queríamos tratar más allá del crimen... Todo ese debate que se genera hacia el público también nos lo ha generado a nosotros y, por supuesto, nos ha dejado mucha mella", admite.
Como explica, son "especialmente sensibles" a las cuestiones que han abordado en los capítulos. Cita, por ejemplo, el colectivo LGTBIQ+": "Para mí fue un descubrimiento hablar con una persona trans que conoció a la víctima y que me explicó la realidad en la que vivían entonces y la que viven ahora".
El equipo también tiene definidas dos marcadas líneas rojas: que haya una oposición expresa de la familia o que el crimen "sólo sea la sangre por la sangre". "Siempre nos encontramos casos en los que lo que llama la atención es únicamente el sadismo o la sangre y eso no nos interesaba nada. De hecho, se cuenta cómo se producen y qué es lo que pasa, pero no se hace hincapié en ello, sino que nos parecen interesantes muchos otros aspectos, como el jurídico, el psicológico o qué supuso para los investigadores", explica la periodista.
Fue retador encontrar historias que no estuvieran "muy machacadas", que tuvieran algo interesante que aportar y que implicados como abogados o investigadores estuvieran disponibles, que las recordaran y que les apeteciera participar. Por ejemplo, resalta que el policía del primer episodio lo recordaba perfectamente a pesar del tiempo transcurrido, porque le había marcado. "Hay muchos crímenes actuales que están viviendo este 'boom' del 'true crime', pero creo que hay muchos del pasado de los que se puede aprender y que merecen ser contados", apostilla.
Este auge se debe a un público preeminentemente femenino, algo que para Peiró tiene una explicación doble. Según cuenta, hay estudios que señalan que se ellas se inclinan a consumir más 'true crime' "por un sentido de autoprotección, como que inconscientemente queremos saber de este tema porque somos las que más expuestas estamos a ser víctimas".
A esto suma que las mujeres, opina, son en general más consumidoras de historias, "te las cuenten como te las cuenten": "En numerosos estudios y en estadísticas se ve que somos las que más vamos al cine, las que más compramos libros".
Para quien quiera alguna recomendación de 'true crime', Peiró apuesta por su libro favorito, 'A sangre fría', de Truman Capote, y el podcast 'Crímenes de odio', de Podium y SER Podcast con Miquel Ramos, del que acentúa que "siempre tiene un enfoque social", algo que a ella le interesa mucho.
La directora de 'Rojo oscuro casi negro' apunta que el periodismo de sucesos "en general" está menospreciado porque "a veces se nos ve como los que vamos a la carnaza o sólo queremos la sangre, los detalles escabrosos, y en algunos casos, efectivamente, no niego que puede dar esa imagen. A veces puede pasar, pero también hay un periodismo de sucesos que yo reivindico".
"Muchos compañeros tratamos de hacer un periodismo respetuoso, que realmente explique diversas realidades, que quiera darles a las víctimas esa voz que se merecen y cuando ellos quieran darla, no atosigarles en el que probablemente es el peor día de sus vidas. Y creo que también se puede hacer un periodismo de sucesos social que recoja todas esas sensibilidades, que contraste con profesionales, que aborde la parte científica, que plasme con rigurosidad la parte jurídica. A veces a todos nos pueden las prisas o la urgencia del propio público, que quiere saber más inmediatamente, pero creo firmemente que un periodismo de sucesos digno, de calidad y sin amarillismo es muy posible", defiende.