Una camarera de 29 años es expulsada del país tras ser despedida por ir demasiadas veces al baño mientras trabajaba: la justicia acaba de indemnizarla con 11.600 euros
La razón de ir tanto al baño respondía a una necesidad puntual y justificada.

Ir al baño durante la jornada laboral es, para muchos, algo más que una necesidad fisiológica, ya que significa una pausa breve para estirar las piernas, despejar la mente o simplemente tomar aire en medio del ritmo del trabajo. Un gesto cotidiano, casi invisible en cualquier empleo que puede ayudar a sobrellevar la larga jornada y recuperar, aunque sea por unos minutos, la concentración y el equilibrio necesarios para seguir rindiendo.
Sin embargo, lo que para la mayoría forma parte de la rutina diaria puede convertirse en motivo de conflicto cuando entra en juego la rigidez de algunas empresas. Es lo que le ocurrió a una camarera en Países Bajos, que fue despedida de forma fulminante por acudir con frecuencia al baño durante su turno, una decisión que terminó llevándola a los tribunales y que ahora ha sido corregida por la justicia con una indemnización de 11.600 euros a su favor.
La afectada en cuestión es una mujer surcoreana de 29 años que trabajaba como camarera en un restaurante de sushi en la ciudad neerlandesa de Utrecht desde el verano de 2025. Con un salario cercano a los 3.600 euros brutos y jornadas que solían alargarse más de lo previsto, su relación con la empresa comenzó a deteriorarse meses después, cuando la dirección empezó a cuestionar sus pausas para ir al baño.

“Ahora está aliviada”
La propia mujer afirmó tener una buena razón para ir tanto al baño, y que esta respondía a una necesidad puntual y justificada. "Estaba menstruando durante ese periodo, lo que significaba que tenía que ir al baño con más frecuencia", explica su abogado David Oberman en declaraciones recogidas por AD. A pesar de ello, la empresa no solo puso en duda su versión, sino que optó por endurecer el control sobre su actividad diaria.
El 13 de noviembre de 2025, tras regresar del baño, su supervisor le soltó un escueto “Sal hoy”, le bloqueó el acceso al sistema de fichaje y no le entregó una confirmación escrita del despido. Esa misma noche, la trabajadora escribió en el chat del grupo que tenía que dejar el puesto por molestias en la muñeca, pero el tribunal entendió que ese mensaje no equivalía a una baja voluntaria real, tal y como defiende la empresa.
El juez también desestima el despido, ya que ir varias veces al baño no supone una “causa justificada” para proceder a un despido disciplinario. Además, según la resolución judicial, la empleada iba al servicio después de terminar tareas concretas y avisaba previamente a un responsable o a un compañero. La consecuencia para la empresa ha sido una condena superior a 11.600 euros de indemnización, la extinción irregular del contrato y vacaciones pendientes.
El golpe para la trabajadora fue doble, ya que no solo perdió el trabajo, sino que también tuvo que abandonar el país antes de lo previsto puesto que su permiso de residencia dependía de ese contrato laboral. “Eso le costó mucho dinero, pero sin duda fue de gran ayuda que estuviera allí. Ahora está enormemente aliviada. Para ella, esto representa justicia”, explica el abogado. Pese a todo, la sentencia le ha permitido cerrar el episodio con cierto alivio.
