Viven en las más de 100 caravanas de un aparcamiento de Palma y desmontan el estigma: "No hay pelea, nadie que venda droga. A las diez de la noche se apagan las luces, un silencio absoluto"
Una situación que no les ha dejado otra alternativa.
En Baleares, donde la llegada de turistas sigue batiendo récords, encontrar una vivienda se ha convertido en una carrera cada vez más difícil para quienes viven y trabajan en las islas. El precio de una vivienda estándar de 80 metros cuadrados ha aumentado en 26.000 euros entre julio de 2025 y julio de 2026, según los datos recogidos por la Cadena SER. Para algunas personas, la alternativa a pagar un alquiler imposible tiene cuatro ruedas.
Es lo que ocurre en el aparcamiento de Son Hugo, en Palma, donde ya se concentran más de 100 caravanas, frente a las más de 60 contabilizadas el año anterior. Allí viven trabajadores, pensionistas y familias con niños que aseguran que no han elegido esa forma de vida: simplemente, no pueden permitirse otra.
La Cadena SER ha hablado con varios de ellos y sus testimonios dibujan una realidad bastante diferente de algunos de los estigmas asociados a estos asentamientos.
"Entre vivir en una caravana y una casa, preferimos una casa" Javier lleva casi seis años viviendo en una caravana. Es pensionista y cuenta que el incremento de los alquileres le obligó a buscar una alternativa. Ahora teme que Son Hugo termine siendo su hogar definitivo: "Yo nunca voy a poder salir de esta situación", explica.
Además, Javier expone que el problema se hace especialmente duro durante el verano. Las caravanas, construidas en buena parte con chapa, acumulan el calor durante el día y apenas consiguen refrescarse por la noche.
"Lógicamente entre vivir en una caravana y vivir en una casa preferiríamos vivir en una casa. No es lo mismo estar a 35 o 36 grados de calor en una casa sobre ruedas de chapa que se calienta y que no se enfría ni siquiera en la noche, a vivir en una casa de paredes de ladrillo", relata.
Los residentes buscan sombra, utilizan ventiladores alimentados por placas solares o pasan buena parte del día fuera. Mientras, las familias llevan a los niños a parques, playas o instalaciones municipales para evitar las horas de mayor calor. "No hay opciones. Acá es intentar vivir debajo de un árbol", resume Javier.
Una convivencia que quieren defender
Luis llegó a Son Hugo hace seis meses, aunque lleva cuatro años viviendo en una caravana. Trabaja en la isla desde hace 15 años, pero asegura que pagar un alquiler le impedía ahorrar.
Por su parte, una de las cosas que ha querido dejar clara es desmontar la imagen de que el parking es un lugar conflictivo. Luis asegura que existe una convivencia basada en normas compartidas y ayuda entre vecinos: "No hay pelea, no hay nadie que venda droga". Según cuenta, alrededor de las nueve y media o diez de la noche las luces se apagan y reina "un silencio absoluto".
El aparcamiento se ha convertido así en el reflejo de una crisis que va mucho más allá de las propias caravanas. Un día después de que el Govern balear y el Ayuntamiento de Palma presentaran 323 viviendas de protección pública en Palma, los residentes valoran la iniciativa, pero consideran que sigue siendo insuficiente ante una situación que, lejos de desaparecer, continúa creciendo.