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29/01/2014 18:18 CET | Actualizado 31/03/2014 11:12 CEST

¿Capitalismo ético? Vale la pena darle una oportunidad

El capitalismo no es perfecto ni mucho menos; ningún sistema lo es. Pero el capitalismo es el mejor sistema de entre los que hemos concebido hasta ahora y si se combina con un compromiso verdadero con la ética, ofrece a la sociedad la mejor oportunidad para crear riqueza y sacar a la gente de la pobreza.

Después de la crisis financiera de 2008, muchas personas utilizan la palabra capitalismo como un término despectivo.

Entendemos por qué lo hacen. La mentalidad cortoplacista e interesada que nos condujo a la crisis y a la subsiguiente recesión también ha conllevado una larga lista de tragedias humanas: miles de trabajadores fallecidos por el derrumbamiento de fábricas clandestinas; una creciente desigualdad salarial, con mil millones de personas que se limitan a sobrevivir con menos de un dólar al día; cambios en el clima que ponen en peligro el suministro de productos básicos. Hay quienes culpan al capitalismo de estos problemas y por extensión, condenan al capitalismo por su inherente falta de ética.

En el Foro Económico Mundial de Davos de este año, un grupo de empresas, ONG y líderes gubernamentales debatieron este asunto en un panel titulado Capitalismo ético: ¿vale la pena darle una oportunidad?. Tuve la suerte de participar en este panel, cuya moderadora fue Zanny Minton Beddoes, editora de la sección de Economía de la revista The Economist, junto con Peter Brabeck-Letmathe, presidente del Consejo de Administración de Nestlé SA, Sir Martin Sorrell, director ejecutivo de WPP Plc, Ignazio Visco, gobernador del Banco de Italia, Jasmine Whitbread, directora ejecutiva de Save the Children International y Muhammad Yunus, presidente del Yunus Centre y galardonado con el Premio Nobel de la Paz.

En mi opinión, la idea de que el capitalismo carece inherentemente de ética no solo es incorrecta desde el punto de vista filosófico, sino que puede ser rebatida con hechos. El problema no reside en el capitalismo en sí mismo, sino en aquellos capitales que se centran en el presente sin preocuparse por el futuro.

Tengamos en cuenta los avances extraordinarios que el ser humano ha logrado a lo largo de los dos últimos siglos generados por el capitalismo. Tal y como John Mackey nos recuerda en su libro, Conscious Capitalism, el 85% de la población mundial vivía en condiciones de pobreza extrema hace tan solo 200 años. Actualmente, esa cifra se ha reducido al 16%. La esperanza de vida ha aumentado más del doble, la libertad individual se ha extendido a lo largo del planeta y la extraordinaria innovación impulsada por el capitalismo ha cambiado nuestra vida cotidiana de manera incalculable. No existe otro sistema económico concebido por el ser humano que tenga el potencial de crear un cambio tan positivo.

El quid de la cuestión es el siguiente: El capitalismo es bueno en la medida en que lo son los capitalistas.

Para que cualquier sistema sea sostenible (ya sea político, gubernamental, social o económico), sus líderes deben basarse en la ética. ¿Y eso qué significa? El capitalismo ético tiene, como mínimo, dos ingredientes principales: un enfoque centrado en crear valor económico y social a largo plazo y un compromiso de las empresas para a salvaguardar los intereses de todos los grupos de interés: clientes, empleados, proveedores, inversores y la sociedad. El capitalismo ético procura establecer relaciones estrechas y basadas en la confianza, al servicio tanto de la sociedad como de los resultados económicos. Dicho de otro modo, es un modelo empresarial con objetivos más amplios.

Sus beneficios son reales y duraderos. Las empresas que se comprometen con estos objetivos más amplios atraen a más clientes, minimizan los costes operativos gracias a la eficiencia energética y la reducción de residuos, mejoran sus tasas de retención de empleados y se benefician de un personal con experiencia que participa en el éxito a largo plazo de la empresa.

El capitalismo ético no es un sueño idealista, sino un potente motor que nos conducirá a la creación de valor a largo plazo. Nosotros somos el ejemplo. En Henry Schein, nuestro compromiso de equilibrar las necesidades de nuestros cinco grupos de interés (los miembros del equipo Schein, nuestros clientes, nuestros proveedores, nuestros inversores y la sociedad) ha sido el factor determinante de nuestro éxito. Nuestra valoración de mercado, que actualmente asciende a 10.000 millones de dólares, ha crecido en un promedio del 23% anual desde que la empresa empezó a cotizar en Bolsa, en 1995. Estamos muy orgullosos de lo que aportamos a la sociedad, especialmente de nuestros esfuerzos por aumentar el acceso a la sanidad para los más necesitados, mediante el programa Henry Schein Cares de responsabilidad social corporativa. Por ejemplo, desde 2003, hemos ayudado a más de 4,5 millones de niños a obtener atención odontológica gracias a nuestra participación en el programa Give Kids a Smile, de la Asociación Dental Norteamericana. Creemos que el hecho de que FORTUNE nos haya incluido en su lista de empresas "más admiradas del mundo", durante los últimos 12 años consecutivos, es una prueba contundente de que una empresa puede tener éxito y ayudar a los demás al mismo tiempo.

Sin duda, no somos los únicos. Estudios recientes de la Harvard Business School, el Babson College y otras instituciones demuestran que las empresas que dan prioridad al compromiso con los grupos de interés y se orientan a sus objetivos a largo plazo superan con creces a sus competidoras del mercado de valores.

El capitalismo no es perfecto ni mucho menos; ningún sistema lo es. Pero el capitalismo es el mejor sistema de entre los que hemos concebido hasta ahora y si se combina con un compromiso verdadero con la ética, ofrece a la sociedad la mejor oportunidad para crear riqueza y sacar a la gente de la pobreza. Como líderes empresariales, debemos hacer más. Nuestra labor, junto con el Gobierno, el mundo académico, las ONG y la sociedad civil, es trabajar juntos para sustentar el modelo capitalista con una sólida base ética. Debemos infundir en el debate público la idea de que el interés propio y el interés de la sociedad están entrelazados por completo. Es así de sencillo: El éxito de las empresas se fundamenta en una sociedad sana y próspera.

El Foro Económico Mundial de este año se inauguró con un mensaje del papa Francisco, a través del cardenal Peter Turkson de Ghana. El papa imploró a los líderes empresariales mundiales que "consiguieran que la riqueza sirva a la humanidad en lugar de esclavizarla".

He ahí la esencia del capitalismo ético. No nos queda otra, debemos darle una oportunidad.