El mayor experto del mundo en detectar falsificaciones admite que ya no se fía de sus propios ojos: la IA ha vuelto casi imposible distinguir lo real de lo falso
“Cualquiera puede crear un video de cualquier cosa o persona, haciendo o diciendo cualquier cosa”, asegura.

La inteligencia artificial ha evolucionado a un ritmo vertiginoso. Lo que hace apenas unos años eran imágenes o vídeos fáciles de identificar como falsos, hoy pueden engañar incluso a los expertos. La línea que separa la realidad de la ficción es cada vez más fina, hasta el punto de que distinguir qué es auténtico y qué ha sido generado por IA se está convirtiendo en uno de los mayores desafíos de la era digital.
Quien mejor refleja esta nueva realidad es Hany Farid, considerado uno de los mayores expertos del mundo en detección de imágenes y vídeos manipulados. Tras más de dos décadas dedicadas a desenmascarar falsificaciones digitales y colaborar con gobiernos, periodistas y fuerzas de seguridad, el investigador reconoce que ya no se fía de sus propios ojos. La sofisticación de la inteligencia artificial ha alcanzado tal nivel que en muchos casos, incluso para él resulta imposible saber a simple vista si un contenido es real o no.
El investigador, profesor y cofundador de la empresa especializada GetReal reconoce que la inteligencia artificial ha cambiado por completo las reglas del juego. “Cualquiera puede crear un video de cualquier cosa o persona, haciendo o diciendo cualquier cosa”, asegura Hany en declaraciones recogidas por The New York Times. Lo que antes requería conocimientos avanzados de edición ahora puede crearse en cuestión de segundos con una simple instrucción escrita.
La batalla contra los deepfakes
El resultado del avance de la IA son vídeos, fotografías y grabaciones de voz tan convincentes que incluso los especialistas necesitan recurrir a complejos análisis matemáticos y herramientas forenses para comprobar su autenticidad. Uno de los casos que mejor refleja esta nueva realidad fue un vídeo viral que supuestamente mostraba el impacto de un misil sobre una escuela en Irán. Hany lo examinó durante horas, analizando sombras, trayectorias, píxeles, sonido y geolocalización.
Aunque no encontró pruebas claras de manipulación, tampoco se sintió capaz de asegurar con rotundidad que fuera auténtico. Esa duda resume el nuevo escenario al que se enfrenta internet. El experto asegura que el problema ya no es únicamente la existencia de los deepfakes, sino la velocidad con la que se difunden. Mientras una investigación puede requerir horas, millones de personas ya han visto y compartido el contenido en apenas unos minutos.
Hany advierte que esta situación amenaza con desgastar la confianza pública y alimentar la desinformación. La IA no solo permite fabricar pruebas falsas, sino que también facilita que imágenes o vídeos reales sean desacreditados alegando que son generados artificialmente, un fenómeno conocido como el "dividendo del mentiroso". El experto asegura que el riesgo es que la sociedad deje de compartir una misma idea de la realidad, con consecuencias para la justicia, los medios de comunicación y las democracias.
Paradójicamente, quien ha dedicado su vida a descubrir falsificaciones admite que ha dejado de confiar en sus propios ojos. En un momento en el que cualquier contenido puede parecer real y difundirse en cuestión de minutos, preservar la confianza en la información se perfila como uno de los grandes retos de la era de la inteligencia artificial.
