Alexandra Jiménez desvela en 'El Hormiguero' la extraña condición que le hace sentir el dolor de los demás: "Tengo una sensación física rarísima"
La actriz confiesa que su cerebro traduce el dolor ajeno en una reacción física propia y revela otros trastornos que afectan a su día a día.

La visita de Alexandra Jiménez a ‘El Hormiguero’ dejó uno de esos momentos que van más allá de la promoción de una película. Lo que comenzó como una charla distendida junto a Javier Cámara sobre ‘53 domingos’, su nuevo estreno, acabó derivando en una confesión inesperada que sorprendió tanto al público como a los propios presentes en el plató.
En mitad de la conversación, la actriz habló abiertamente de varias condiciones neurológicas que forman parte de su vida cotidiana. Entre ellas, una especialmente llamativa: la sinestesia de tacto espejo, una alteración que hace que su cuerpo reaccione físicamente al dolor que ve en otras personas.
"Mi cuerpo reacciona al dolor de otros"
"Al ver a una persona hacerse una herida o un corte, hay una traducción en tu cuerpo porque tu cerebro reconoce eso y se lo apropia", explicó. No se trata solo de empatía o incomodidad, sino de una respuesta física real.
"Tengo una sensación física rarísima", añadió, describiendo cómo un temblor recorre su cuerpo de forma involuntaria cuando presencia ese tipo de situaciones. Una experiencia difícil de ignorar y que, según contó, ha identificado recientemente.
Hipocondría y mente en alerta constante
Durante la entrevista, Jiménez también se definió como “un nueve en hipocondría” en una escala del cero al diez, dejando claro hasta qué punto su mente tiende a anticipar problemas de salud.
"Si me duele un dedo, mi mente ya proyecta todas las posibilidades", explicó, reflejando esa tendencia a llevar cualquier síntoma al extremo, algo que convive con el resto de sus particularidades neurológicas.
No reconocer caras… ni la suya propia
Otro de los aspectos más sorprendentes que compartió fue su experiencia con la prosopagnosia, un trastorno que dificulta reconocer rostros, incluso el propio.
"He llegado a tal punto que ni yo misma me reconozco ante un espejo", confesó. De hecho, relató una escena tan desconcertante como reveladora: "En una tienda me ha llegado a pasar de ir caminando, ver un espejo y decir: ‘¿Esa señora no se aparta?’ Y soy yo".
Para desenvolverse en su trabajo, especialmente en rodajes, la actriz explicó que tiene que recurrir a "muchos ejercicios y trucos" para no confundir a las personas con las que trabaja.
A todo esto se suma incluso la coulrofobia, el miedo a los payasos, completando un cuadro poco habitual que Jiménez aborda con naturalidad y sentido del humor.
Una forma de vivir… sin dejar que le limite
Lejos de dramatizarlo, la actriz dejó claro que su objetivo es que ninguna de estas condiciones marque su carrera. Convive con ellas, las entiende y, sobre todo, aprende a gestionarlas sin que se conviertan en un obstáculo.
Lo que iba a ser una simple promoción acabó mostrando una cara mucho más personal. Y, sobre todo, una realidad poco conocida: la de alguien que, literalmente, puede sentir en su propio cuerpo el dolor de los demás.
