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Conoce a los 10 atletas que competirán en el Equipo Olímpico de Refugiados

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Por primera vez en la historia, un equipo de refugiados competirá en los Juegos Olímpicos. Hace unos días, el Comité Olímpico Internacional (COI) anunció el nombre de los diez atletas refugiados que, bajo la bandera olímpica, participarán en los Juegos de Río de Janeiro (Brasil) este verano.

Se trata de dos nadadores sirios, dos judocas de la República Democrática del Congo y siete corredores de Etiopía, Somalia y Sudán del Sur, que, tras sufrir abusos y persecución en su lugar de origen, tuvieron que buscar refugio en otros países.

Según informó el COI en el acto de presentación, los deportistas competirán bajo la denominación de Equipo Olímpico de Atletas Refugiados y desfilarán con la bandera olímpica inmediatamente después de la nación anfitriona, Brasil, en la Ceremonia de Inauguración del 5 de agosto.

"Estos atletas refugiados no tienen hogar, ni equipo, ni bandera, ni himno. La invención de este equipo de refugiados es para darles un hogar en la Villa Olímpica junto a todos los atletas del mundo. Sonará el himno olímpico en su honor y la bandera olímpica les acompañará al estadio", explicó el presidente del COI, Thomas Bach.

En la selección de los deportistas han participado sus Comités Olímpicos Nacionales, las federaciones internacionales, la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) y los Comités Olímpicos de su país de origen.

"Su participación en las Olimpiadas es un tributo al valor y la perseverancia de todos los refugiados para superar la adversidad y construir un futuro mejor para ellos y sus familias. ACNUR está con ellos y con todos los refugiados", señaló el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados, Filippo Grandi.

Esta iniciativa sin precedentes de enviar un equipo de refugiados a los Juegos "lanza un mensaje claro de apoyo y esperanza a los refugiados en todo el mundo", afirmó el representante de ACNUR, que recordó que más de 59 millones de personas se han visto obligadas a huir de sus hogares a causa de los conflictos y la persecución.

Éstas son las historias de los integrantes del Equipo Olímpico de Atletas Refugiados recogidas por ACNUR:

  • Yolande Mabika, 28 años, República Democrática del Congo. Judo
    UNHCR
    Los combates en el este de la República Democrática del Congo separaron a Yolande Mabika de sus padres cuando no era más que una niña. Según relató a ACNUR, sólo recuerda ir corriendo sola y ser rescatada por un helicóptero que la llevó a la capital, Kinshasa. Allí, mientras vivía en un centro para niños desplazados, descubrió el judo. Llegó a convertirse en una atleta profesional y a competir en torneos importantes. "El judo nunca me dio mucho dinero, pero sí un corazón fuerte", afirma la deportista. "Cuando me separé de mi familia lloraba un montón. Empecé con el judo para intentar llevar una vida mejor". En 2013, cuando acudió a Río para participar en el Campeonato del Mundo de Judo, su entrenador le confiscó el pasaporte y le restringió el acceso a la comida. Harta de años de abusos —en los que llegaron a enjaularla por perder torneos—, Mabika huyó del hotel y salió a buscar ayuda a la calle. Ahora que vive como refugiada en Brasil, se ha ganado un lugar en el Equipo Olímpico de Refugiados y entrena con Flavio Canto, un medallista olímpico brasileño. "Voy a ser parte de este equipo y voy a ganar una medalla. Soy una atleta competitiva, y esta oportunidad puede cambiarme la vida", asegura. "Espero que mi historia sirva de ejemplo para todo el mundo, y quizá mi familia me vea y podamos reunirnos".
  • Yusra Mardini, 17 años, Siria. 200 metros estilo libre
    UNHCR
    Mardini, que viene de Damasco, hizo a nado todo el camino hasta la isla griega de Lesbos desde Turquía para intentar ponerse a salvo. Al principio, subió a bordo de un endeble velero, pero empezó a entrarle agua. Frente a la costa turca, a la deriva junto con otros 20 pasajeros desesperados, la joven de Damasco se metió al agua con su hermana, Sarah, y empezó a empujar la embarcación hacia Grecia. "Había gente que no sabía nadar", cuenta a ACNUR. Después de llegar a Lesbos, viajó hasta Alemania, donde empezó a entrenar con un club de natación de Berlín en el otoño de 2015. Ahora que ha cumplido los 18 años, se prepara para competir en la prueba femenina de 200 metros estilo libre. "Quiero representar a todos los refugiados porque quiero demostrar a todo el mundo que, detrás del dolor, detrás de la tormenta, siempre llega la calma", afirma. "Quiero servir de inspiración para que hagan algo bueno con sus vidas".
  • Rami Anis, 25 años, Siria. Natación
    UNHCR
    Anis también es un nadador sirio muy competitivo. Viene de Alepo y empezó a entrenar cuando tenía 14 años, según cuenta ACNUR. Él atribuye el mérito a su tío Majad, que le inculcó la pasión por competir en el agua. "La natación es mi vida", confiesa. "La piscina es mi hogar". Al ver que los bombardeos y los secuestros crecían en Alepo, su familia le metió en un avión a Estambul para que viviera con su hermano mayor, que estaba estudiando turco. "En la maleta llevaba dos chaquetas, dos camisetas y dos pantalones", añade. "Pensé que pasaría un par de meses en Turquía y que después volvería a mi país". Cuando los meses se convirtieron en años, aprovechó el tiempo para perfeccionar su técnica con el Club Deportivo Galatasaray. Como aún no tenía la nacionalidad turca, no podía participar en las competiciones. Decidido a encontrar la manera de poder competir, Anis fue hasta la isla griega de Samos en una barca hinchable. Al final, consiguió llegar a la ciudad de Gante (Bélgica), donde entrena nueve veces a la semana con la ex nadadora olímpica Carine Verbauwen.
  • Yonas Kinde, 36 años, Etiopía. Maratón
    UNHCR
    "Normalmente entreno a diario, pero cuando oí que iba a haber un equipo de refugiados empecé a entrenar dos veces al día, todos los días, para prepararme para estos Juegos Olímpicos", explica el corredor etíope a ACNUR. Kinde, que lleva ya cinco años viviendo en Luxemburgo, nunca deja de moverse. Va a clases de francés y conduce un taxi para ganarse la vida, al mismo tiempo que se esfuerza por ser mejor atleta. El pasado mes de octubre, en Alemania, terminó una maratón en tan solo 2 horas y 17 minutos. Kinde no se siente cómodo recordando cómo huyó de su país. "Es una situación difícil", comenta sobre la vida en Etiopía. "Para mí es imposible vivir allí, es muy peligroso. Creo que el mensaje para todos los refugiados y los jóvenes deportistas es que pueden sacar lo mejor de sí mismos".
  • Anjelina Nadai Lohalith, 21 años, Sudán del Sur. 1500 metros
    UNHCR
    Lohalith, refugiada de Sudán del Sur, correrá los 1500 metros lisos en los Juegos de este año. Lleva desde que tenía 6 años sin ver a sus padres y sin hablar con ellos y fue obligada a dejar su hogar, pero cree que sus padres siguen vivos. Su principal motivación para reforzar su entrenamiento es ayudar a sus padres. Sabía que se le daba bien el atletismo porque ganaba las competiciones escolares que se organizaban en el campamento de refugiados del norte de Kenia en el que vive. Pero hasta que no vinieron unos entrenadores profesionales a seleccionar a atletas para un campamento de entrenamiento especial no se dio cuenta de lo rápida que era. Ahora tiene el objetivo de competir a nivel internacional para ganar premios económicos. "Si tienes dinero, te puede cambiar la vida", opina. Cuando se le pregunta que qué es lo primero que haría cuando ganara un premio importante, ella responde: "Construirle a mi padre una casa mejor".
  • James Nyang Chiengjiek, 28 años, Sudán del Sur. 800 metros
    UNHCR
    A los 13 años James Nyang Chiengjiek huyó de su hogar en lo que en ese momento era el sur de Sudán para evitar ser secuestrado por los rebeldes que reclutaban por la fuerza a niños soldado. Como refugiado en la vecina Kenia, fue a un colegio en una ciudad de las tierras altas conocida por sus corredores y se unió a un grupo de chicos mayores que se entrenaban para pruebas de larga distancia. “Fue entonces cuando me di cuenta de que podría triunfar como corredor. Si Dios te ha dado un talento, debes utilizarlo”, dice. Al principio, no tenía calzado deportivo adecuado para correr. Algunas veces pedía prestadas unas zapatillas a otros chicos, pero, fuera cual fuera su calzado, siempre ganaba. “Todos nos hemos hecho heridas por llevar un calzado inadecuado”, cuenta. “Luego lo compartíamos todo. Si tenías dos pares de zapatillas, ayudabas al que no tenía ninguna”, explica a ACNUR. Yendo a Río, James quiere inspirar a otros refugiados. “Puede que entre ellos haya atletas con talento que aún no han tenido la oportunidad de ser descubiertos”.
  • Rose Nathike Lokonyen, 23 años, Sudán del Sur, 800 metros
    UNHCR
    Hasta hace un año, Rose Nathike Lokonyen apenas era consciente de su talento. Nunca había competido, ni siquiera como amateur, tras haber huido de Sudán del Sur cuando tenía 10 años. Entonces, en una competición escolar en el campamento de refugiados donde vivía en el norte de Kenia, un profesor le sugirió participar en una carrera de 10 kilómetros. “Nunca me había entrenado. Era la primera vez que corría y terminé segunda”, cuenta a ACNUR con una sonrisa. “¡Estaba muy sorprendida!” Después, Rose se trasladó a un campamento de entrenamiento cercano a la capital de Kenia, Nairobi, donde se prepara para competir en la prueba de 800 metros en los Juegos Olímpicos. “Seré muy feliz y voy a trabajar muy duro y a probarme a mí misma. Representaré a mi pueblo en Río y quizás, si logro alcanzar mi objetivo, podré regresar y organizar una carrera para promover la paz y unir a la gente”.
  • Yiech Pur Biel, 21 años, Sudán del Sur. 800 metros
    UNHCR
    Yiech Pur Biel supo pronto que si quería conseguir su meta, debería hacerlo por sí mismo. En 2005 se vio obligado a huir de los combates en Sudán del Sur y acabó solo en un campamento de refugiados en el norte de Kenia. Allí comenzó a jugar al fútbol, pero se sentía frustrado al depender tanto de sus compañeros de equipo. Con el atletismo vio que podía tomar el control de su propio destino. “La mayoría nos enfrentamos a muchos retos”, explica Yiech a ACNUR. “En el campamento de refugiados no hay medios ni instalaciones, ni siquiera tenemos zapatos. No hay gimnasio. Hasta el tiempo está en nuestra contra. Hace mucho calor desde primera hora de la mañana”. Aun así, está motivado. “Lo hago por mi país, Sudán del Sur, porque nosotros, la gente joven, somos los que podemos cambiarlo”, afirma. “Y, además, lo hago por mis padres. Necesito cambiarles la vida”.
  • Popole Misenga, 24 años, República Democrática del Congo. Judo
    UNHCR
    Popole Misenga solo tenía nueve años cuando huyó de los combates en Kisangani, en la República Democrática del Congo. Lo separaron de su familia y, tras pasar ocho días en el bosque, fue rescatado y trasladado a la capital, Kinshasa. Allí, en un centro para niños desplazados, descubrió el judo. “Un niño necesita una familia que le diga lo que debe hacer, pero yo no la tenía. El judo me ayudó a tener serenidad, disciplina y compromiso. Este deporte me lo ha dado todo”. Popole se convirtió en un judoca profesional, pero cada vez que perdía una competición, su entrenador lo encerraba en una caja durante días y no le daba más que café y pan para comer. Finalmente, en los campeonatos del mundo de 2013 en Río, donde se vio privado de comida y fue eliminado en la primera ronda, decidió presentar una solicitud de asilo. En mi país, no tenía hogar, ni familia, ni hijos. La guerra allí ha causado tanta muerte y confusión; pensé que podía quedarme en Brasil para mejorar mi vida. Tras obtener el estatuto de refugiado, Popole comenzó a entrenar en la escuela de judo fundada por Flavio Canto, un ex deportista que obtuvo un bronce olímpico. “Quiero formar parte del equipo olímpico de atletas refugiados para seguir soñando, para dar esperanza a todos los refugiados y disipar su tristeza”, explica a ACNUR. “Quiero demostrar que los refugiados pueden hacer cosas importantes. Voy a ganar una medalla y se la voy a dedicar a todos los refugiados”.
  • Paulo Amotun Lokoro, 24 años, Sudán del Sur. 1500 metros
    UNHCR
    Hace apenas unos años, Paulo Amotun Lokoro era un joven pastor que cuidaba el ganado que su familia tenía en una llanura situada en lo que ahora es Sudán del Sur, según relata ACNUR. Cuenta que “no conocía nada” del mundo salvo su propia patria, que lleva en guerra durante prácticamente toda su vida. Los efectos de este conflicto lo obligaron a huir a la vecina Kenia, donde ha gestado nuevas y grandes ambiciones: “Quiero ser campeón mundial”. Paulo ahora vive en un campamento de refugiados y ha ganado una plaza en el equipo de refugiados que entrena cerca de Nairobi bajo la dirección de Tegla Loroupe, un famoso corredor keniano que posee varios récords mundiales. “Antes de venir aquí, ni siquiera tenía zapatos para entrenar”, dice. “Ahora hemos entrenado y entrenado hasta alcanzar un buen nivel. Ahora funcionamos perfectamente como atletas”. El joven confiesa estar muy feliz por ir a Río. “Sé que corro en nombre de todos los refugiados. Fui uno de los refugiados que estaban allí, en el campamento, y ahora vivo una situación que apenas me podía imaginar”. Su objetivo sigue siendo sencillo: “Si obtengo un buen resultado, me permitirá ayudar a mantener a mi familia y a mi gente”.

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