ECONOMÍA
22/06/2013 10:05 CEST | Actualizado 22/06/2013 11:46 CEST

Daniel Cohen: "Si en Francia tuviésemos el paro de España, Marine Le Pen sería presidenta"

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Un centro de donación de sangre decide cambiar su estrategia para atraer brazos solidarios. Para aumentar sus reservas, comienza a ofrecer a cada donante 10 euros por cada visita. Sin embargo, el resultado es el contrario. Cuando los asiduos entienden que donar sangre se ha convertido en un negocio, dejan de acudir. En una guardería israelí la moraleja es similar. El director decide imponer una pequeña multa a los padres que lleven tarde a sus hijos, pero los retrasos se multiplican. La motivación original (buenos modales, la educación) desaparece en este caso por efecto de una multa que se pueden permitir a cambio de un respiro matutino.

Según Daniel Cohen, (Túnez, 1957), anécdotas como estas sirven para explicar la gravedad de otra constatación: economía financiera nacida de las reformas de la década de 1980 tiene efectos perversos sobre el día a día de sus teóricos beneficiarios. El PIB de sus países ha aumentado como nunca antes, pero también las desigualdades. Y se ha instalado una competición en unas empresas donde antes primaba la cooperación entre trabajadores. Así, por ejemplo, el directivo de General Electric, Jack Welch, presumía de que cada año “despedía al 10% de sus empleados para mantener intacto su “hambre” de éxito”, según recuerda este economista y profesor de la Ecole Normale Superieur de París en su nuevo libro, Homo Economicus (Ariel, 18,90 €).

En la biblioteca del Instituto Francés de Madrid, sección “Roman policier” (novela policíaca), Cohen, experto en deuda y crecimiento, explica los efectos secundarios del progreso de los últimos 30 años, el eclipse de EEUU como superpotencia, muy al estilo del imperio romano, y la relación entre democracia y crecimiento económico. También estudia la actual crisis económica, que en países como España se combate con una estrategia que le parece un “crimen”.

-A menudo se compara esta crisis y el crack de 1929, pero usted también coteja la estrategia seguida inmediatamente después. En su libro dice que el euro está actuando como el oro a comienzo de los años 30, asfixiando la economía. ¿Por qué?

En los años 30 la crisis adquirió una dimensión global y se propagó porque el sistema monetario era el patrón oro, la referencia que aseguraba la convertibilidad de las monedas nacionales. La austeridad también se impuso entonces hasta que los países se fueron saliendo porque el sistema era insostenible. Después, según [John Maynard] Keynes, se impuso la necesidad de crear un banco mundial y una moneada supranacional que pudiera producirse según fuese necesario. Los americanos rechazaron esa idea porque consideraban que el dólar tenía que ser esa moneda, pero la idea se quedó en la mente de los europeos.

-¿Un precedente del euro?

Puede decirse que el euro nació en parte de esa reflexión de Keynes, de la necesidad de una moneda supranacional. Ahora se encuentra en el lugar en el que estaba el oro entonces. Para que puedan quedarse en él, se obliga a los países del euro a poner en práctica políticas de austeridad similares. Reflexión: si el euro quiere estar a al altura de sus desafíos, hay que volver a la intuición keynesiana. El BCE tiene que asumir su rol de prestamista de último recurso. Cuando un país está en dificultades, atacado por los mercados y en riesgo de colapso, tiene que estar el BCE como alternativa para ayudar.

-La posición del BCE ha sido ampliamente criticada, pero con la llegada de Mario Draghi a la presidencia comenzaron las grandes operaciones de compras de deuda pública que han aliviado la situación.

Y esas operaciones están recurridas en el Tribunal Constitucional de Alemania. Si el tribunal las acepta, se habrá avanzado mucho, porque el BCE tendrá el mandato de prestar en última instancia, incluso aunque se pongan condiciones como contrapartida. Si dice que no, lo peor será una posibilidad, un proceso que podrá ver el fin del euro.

-¿Se le ha ido la mano a la eurozona con la austeridad?

Hace falta poner las cosas en orden y revisar el ritmo de la austeridad. Es necesario hablar más del déficit estructural y menos del déficit corriente [el global, habitualmente tomado como referencia]. En Francia tenemos un déficit estructural del 2%, así que no estamos en situación de quiebra. La austeridad tiene efectos multiplicadores. Es decir, a la reducción del déficit puede seguir una contracción del crecimiento que a la larga es negativa. Hemos descubierto, gracias al trabajo de Olivier Blanchard, economista jefe del FMI, que estamos repitiendo el efecto multiplicador de los años 30.

-Es decir, que el pavor al déficit no debería ser tal.

Se presenta a España como un país en ruinas, pero en realidad está mejor que los EEUU en cuanto al déficit estructural. Pese a tener un crecimiento más débil, el déficit estructural de España es del 4,2% del PIB y el de EEUU del 4,5%. La diferencia entre EEUU y España es que EEUU tiene soberanía monetaria y España no.

-¿A España le conviene salir del euro o confiar en que el euro cambie y le ayude a salir de la crisis?

No se puede descartar la salida del euro igual que no hay que tener miedo del apocalipsis. Hay que pensar en lo peor para comprender que lo peor es posible y reaccionar para impedirlo. Eso sí, también hay que tener claro que si España sale del euro, será el fin del euro. Si Europa deja a España como elección el euro o la crisis, no debería sorprendernos que haya quien quiera salir del euro.

-¿Qué debería hacer la UE por España?

La situación de España ahora es catastrófica, con un paro del 27%, que es el de la Alemania nazi. Es ridículo, porque la situación macroeconómica de España no es fundamentalmente diferente de la de EEUU o Inglaterra. España tiene que poder reducir más lentamente su déficit y la Comisión Europea tiene que poner en marcha un plan urgente en favor de España. Hay un presupuesto europeo y hay que usarlo para eso.

-No vendría mal que otros países más desahogados volviesen a crecer.

La situación española sería mucho menos grave si el resto de Europa volviese al camino del crecimiento, algo que es posible conseguir en Italia y en Francia. De Alemania no podemos quizás esperar un plan de estímulo, aunque sería necesario. Pero sus salarios tienen que subir.

-En su libro explora las relaciones entre crecimiento y democracia y asegura que el crecimiento no llevará la democracia a China de la misma manera que el mercado único en la UE no desembocó en una unión política de los europeos.

La economía, en sí misma, no tiene ninguna cualidad moral. La idea de una integración económica europea desembocaría en un concepto de ciudadanía, de especie de Estado federal... es una broma. De la misma manera, los que creen que el crecimiento va a traer la democracia a China se equivocan. El Partido Comunista piensa lo contrario: el crecimiento calma a la gente y evita la controversia política.

-Pero el crecimiento chino no será eterno.

Y el día en el que se pare se planteará la cuestión política y el pueblo pedirá cuentas a sus dirigentes. El régimen político, sea democrático o no, siempre está amenazado por crisis económicas.

-Dice que los estudiantes y jóvenes son “siempre una amenaza para los regímenes en el poder, porque sirven de reality test [o prueba de realidad] frente a las crisis”. Viendo movimientos como el de los indignados en España, ¿está superando la prueba el sistema político?

Visto desde Francia, la manera en la que España absorbe esta crisis es bastante sorprendente. Si en Francia tuviésemos un 27% de paro, Marine Le Pen [líder del Frente Nacional, de ultraderecha] sería presidenta de la República. Históricamente, España resiste porque ve en Europa la solución. Es lo que ha permitido consolidar la transición a la democracia. Los movimientos nacionalistas regionales han podido expresarse gracias a Europa. “No somos españoles, somos europeos”, dicen.

-Pero el termómetro social sube.

No sé cuánto tiempo un país puede mantenerse con una tasa de paro a 27%. La última vez que se produjo en Europa fue en Alemania, en 1933.

-¿Cuál es el riesgo? ¿A qué extremismo se enfrenta España?

El riesgo es muy simple y razonable, que se plantee la pregunta de si la pertenencia al euro es algo bueno. ¿Hasta donde podemos llegar en esta purga presupuestaria en nombre de un euro que se ha convertido en una gran decepción?

-Puesto al lado de la Alemania nazi, salir del euro no parece tan dramático.

Pero esa será la cuestión más inmediata. Y no nos llevemos a engaño, España es el punto decisivo del engranaje europeo. Aquí se juega el partido.