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24/09/2013 14:06 CEST | Actualizado 24/09/2013 14:06 CEST

¿España es feliz o no? Un estudio basado en los flujos migratorios dice que no especialmente

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España no es tan feliz como decían. Durante años, algunos estudios colocaban a los españoles entre los más felices del planeta. Ahora, una nueva forma de calcular la felicidad rebaja la posición del país a la mitad de la tabla. En vez de preguntarle a los lugareños, que tienden a sobrevalorar su terruño, unos investigadores españoles han ido a las estadísticas de migración, que no exageran.

Una búsqueda por internet sobre índices de felicidad arroja todo tipo de investigaciones seudocientíficas que colocan a España, duodécimo país más feliz en Twitter, o España, el segundo país más feliz de Europa o bien uno en que Facebook incluye a España en su 'Indice de Felicidad Nacional'.

Otros estudios más respetados, como la Base Mundial de la Felicidad, no aúpan tanto a los españoles, pero aún los colocan entre los veinte primeros. Para Naciones Unidas está en el puesto 38 y para la OCDE, en el número 20.

“Esos estudios se basan en autopercepciones, en encuestas y muchas veces manipuladas por los gobiernos o con sesgos cognitivos”, advierte el profesor del departamento de Estadística de la UC3M, Juan de Dios Tena. No hay mayor sesgo que preguntar a uno si es feliz en su país.

Como demuestra el World Happiness Report de 2013 realizado por Naciones Unidas, uno de esos índices serios, la autopercepción hace que Colombia, por ejemplo, presente un mayor índice de felicidad que España o que en México digan sentirse más felices que en Estados Unidos.

BASARSE EN LO QUE SE HACE, NO EN LO QUE SE DICE

“No es muy lógico que allí donde se pelean por salir del país sean más felices que a donde se matan por llegar”, sostiene el estadístico. Por eso, el profesor Tena, junto a a investigadores de la Universidad de las Islas Baleares y de la chilena Universidad Católica del Norte han ideado un sistema para que se basa más en lo que la gente hace que en lo que dice.

La hipótesis de partida de su nuevo índice es muy sencilla: un país al que todo el mundo quiere ir no puede ser muy infeliz. Por eso, para elaborarlo se fijaron en los flujos migratorios mundiales. Aunque también tienen en cuenta factores sociales, económicos y políticos de los países emisores y receptores de migrantes, la clave está en el sentido de esa migración.

“Los flujos migratorios están muy vinculados a aspectos que la psicología relaciona con la felicidad; a partir de estos resultados, se puede construir un índice de felicidad que aporta valores más lógicos, razona Tena. Controlados aspectos como la distancia entre el país de origen y el de destino, si compartían frontera o tenían la misma lengua, los investigadores han comprobado que los índices basados en encuestas falsean la realidad.

Así, hay una veintena de países colocados en buenos puestos en los índices tradicionales de felicidad que, sin embargo, son exportadores netos de emigrantes. De forma paralela, otras 23 naciones catalogadas como tristes, resulta que no dejan de recibir inmigrantes. No parece muy lógico.

¿FELICES Y EMIGRANTES?

Uno de esos países que sufre el vaivén es España. Del segundo puesto en el que la colocaban en Twitter o el 16 en el que aparecían en otros índices, baja hasta el 49 en una lista que recoge a 112 estados. Es decir, en mitad de la tabla, ni tan alegres ni tan tristes.

“Aunque nos afecte, el caso de España no es especialmente llamativo”, opina el profesor de estadística. Sus datos muestran que junto a una buena valoración en algunos aspectos, hay también una baja autopercepción y un reducido orgullo de nación. En esto último puede estar influyendo la crisis económica.

En esa posición intermedia de España influye un doble fenómeno: mientras que los españoles han vuelto a ser emigrantes desde la crisis de 2008, aún son muchos los que emigran hasta aquí de países peor colocados en el índice de la felicidad.

Con este nuevo índice de la felicidad basado en los flujos migratorios, resulta que en los primeros puestos de este ranking aparecen lugares como Hong Kong, Singapur, Nueva Zelanda, Suiza, Noruega, Israel, Corea del Sur, Suecia, Canadá o Australia. Los últimos de la cola son Bolivia, Etiopía, Tanzania, Camerún, Senegal, Kenia, Nigeria, Afganistán, Sudáfrica o China.

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