ECONOMÍA
14/01/2015 10:33 CET | Actualizado 14/01/2015 11:24 CET

Toca madera: diseños cálidos para tiempos turbios

Las lámparas de láminas de madera de Luzifer Lamps cuelgan de las sedes californianas de YouTube, Microsoft, Amazon o del ultra fashion cuartel general de Defensa de Holanda, iluminado con cerca de 300 saturnia, entre otros sorprendente espacios como hospitales en EEUU, restaurantes en Berlín o farmacias en Bélgica. Lo que empezó como un happening navideño en Valencia en 1994 es hoy una empresa que exporta el 85% de sus artesanales diseños de la mano de distribuidores, decoradores y arquitectos internacionales rendidos a sus maravillosas piezas.

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Casi 300 lámparas del modelo saturnia iluminan el cuartel general de Defensa holandés.

La creatividad y el amor por la madera de Marivi Calvo y Sandro Tothill, fundadores de LZF Lamps, coincide con el afán por sacar partido a ese material tan expresivo de Simone Nicotra. Very Wood Ideas se ha convertido en algo más que un proyecto desde que hace año medio este exitoso diseñador de revistas de tendencias, al que el boca a boca está comenzando a desbordar, transformara una afición adolescente en el centro de su vida.

Ninguno de ellos tenía previsto el negocio que ahora tienen entre manos. Surgió como si fuese lo natural, lo que debía ocurrir.

Marivi, una artista plástica que estudió Bellas Artes y ha vivido en Nueva York y París, y Sandro, bajista y su pareja, organizaron en Valencia (donde ella nació y donde ambos habían vuelto ya entrados los años 90) una exposición por Navidad hace justo 20 años. Pensó que sería más divertido invitar a participar a otros artistas y diseñadores. “En casa nos habíamos hecho las lámparas con cilindros de madera y, como a la gente le gustaban, ofrecí a colegas que hicieran con esos cilindros y luz lo que se les ocurriera. Acabamos haciendo una minicolección y nos llamaron de la Feria del Regalo de Madrid. Cargamos lo poco que teníamos en una furgoneta y allí nos hicieron nuestro primer encargo: 600 lámparas para un hotel que se iba a inaugurar en Mallorca. La inversión era tan grande que se chupó una subvención para otro tema y, como no teníamos dinero, pagábamos con la Visa, que era con lo que nos financiábamos”, cuenta Marivi, la parte más creativa del equipo y autora de algunas de las lámparas más emblemáticas de la casa.

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Es un diseño-instalación de Marivi Calvo, fundadora de Luzifer, con algunas de las lámparas más emblemáticas de la firma.

En su taller-fábrica de Chiva se construyen manualmente cada una de sus obras de luz. El Premio Nacional de Artesanía que les concedieron en 2011 es el reconocimiento al exquisito detalle que distingue sus cuidados diseños, un sello de calidad que abre puertas. “Al principio, los diseñadores que me gustaban eran inaccesibles, así que tirábamos de estudiantes y gente joven que nos mandaba sus diseños, de los que seleccionábamos cuatro y trabajamos sobre ellos”. La intuición y el buen ojo de Marivi ha dado pie a nutritivas colaboraciones con Ray Powell, Luis Eslava, Oskar Cerezo, Burkhard Daemmer, entre otros sobresalientes diseñadores con los que han cosechado diversos premios internacionales y a los que se suma este año Isidro Ferrer.

El último premio ha sido un Red Dot Design Award en la categoría de Comunicación de diseño y sonido, imponiéndose a marcas tan potentes como Coca Cola. Y es que Sandro, a pesar de ocuparse de la gestión y la parte internacional, ha seguido desarrollando su faceta como músico y cada temporada presenta las novedades acompañadas de un disco y un vídeo. En este caso, el vídeo era una animación inspirada en el grafismo de las portadas del mítico sello de jazz Blue Note, con música del CD de Sandro y Etienne Stehelin de Rithma Music, grabado gracias a Skype entre Valencia y Los Ángeles. El secreto de LZF Lamps es un engranaje artístico en el que la interacción genera un producto que habla por sí solo.

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“Nos encantaba el efecto que se lograba al iluminar las chapas de madera de medio milímetro de espesor. Es como revelar el secreto interior de la veta y la calidez de la luz que la atraviesa, porque aporta una dimensión que no se ve desde fuera. Al principio usábamos chapas reconstruidas que proporcionan un efecto muy crazy", explica Sandro, que es australiano. "Luego optamos por las chapas naturales y aprendimos a ser más zen, a sentir el ambiente sin un choque visual tan fuerte. Gracias a un tratamiento mágico que hemos patentado, Timberlite®, podemos manipular las láminas para que no se rompan ni se rajen y proteger las calidades de la madera”. Cerezo, haya natural y bolivar, un árbol tipo plátano que crece en la costa este de Estados Unidos, para tintar. La empresa ha crecido tanto que el pasado junio han montado distribuidora en Miami para atender mejor al mercado americano, que compra el 50% de sus lámparas. Aun así, Sandro reconoce que cuando ve una de sus lámparas por ahí piensa en el proceso. "Esta lámpara la ha hecho José y está en el despacho del presidente de Singapur, o en un centro comercial de Frankfurt”, y luego “en que no la han colgado como debieran”.

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Marivi y Pablo, fundadores de Luzifer Lamps.

DE 'VOGUE' AL DISEÑO DE MUEBLES

Simone Nicotra, es un artesano reciente. Hasta hace poco se dedicaba a diseñar publicaciones de moda, terreno en el que está considerado uno de los mejores. En 1989 llegó a Madrid desde Italia tras estudiar Bellas Artes y Diseño Gráfico. “Un amigo me metió en Conde Nast y me especialicé en revistas de moda. GQ fue la primera en la que firmé como director de arte. Luego pasé a Vogue, durante una temporada me mandaron al de Inglaterra y después dos años al de Australia. A la vuelta abrí mi propio estudio de diseño gráfico y entonces me llamaron de Yo Dona, donde trabajé siete años”, repasa Nicotra, quien reconoce que la crisis ha deteriorado tanto las condiciones laborales en prensa que ha preferido cambiar de profesión.

“Mi madre tuvo un novio carpintero cuando yo era adolescente y me apasionaba lo que hacía. Ahí empezó mi interés por hacer muebles”. Primero fueron los amigos, a los que siguieron los amigos de los amigos, y a los que se sumaron los que en las redes sociales, Instagram, Twitter... Descubrían las piezas y le llamaban para pedir encargos. Hace un año y medio, Very Wood Ideas se ponía en marcha. Hasta ahora se las apaña solo, aunque cuenta con ayuda esporádica, pero ya va necesitando más manos ante el aumento de demanda. “Negocio no estoy haciendo mucho, pero trabajo no me falta”, añade con ironía.

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“Hago lo que me piden. Cada mueble es un experimento porque no tengo patrón y además lo adecuo al espacio y a la utilidad que busca cada cliente en particular. Nunca hay dos iguales porque, aunque me pidan un modelo que ya he hecho, cada vez que me enfrento a un mueble me sale algo diferente”. Simone no es carpintero y por eso dice que le cuesta tanto a veces dar con la solución a los problemas que se le plantean, aunque la pasión que mueve montañas, en este caso tablones, logra al final ensamblar las ideas. “Me entra un pánico cada vez que hago un proyecto. No duermo, pienso ‘esto no va a funcionar, por qué no seguirás en lo tuyo’. Tienes miedo de que no funcione y cuando ves que funciona, la satisfacción es enorme. Ayer estuve montando un encargo de un stand en una feria y hasta que vi que todo encajaba no respiré tranquilo. Por ahora mis clientes están satisfechos, nadie se ha quejado”.

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The Cutting Board from Javi Gesto on Vimeo.

Cómo se van a quejar, si hasta las bisagras son de madera para no romper el círculo conceptual que envuelve cada uno de sus muebles. Tanto mimo y diseño han logrado que galerías de arte o bares hipster se enamoren de sus propuestas. El artista Antonio Villanueva le encargó la caja para su serie de grabados para Ivory Press. Básicamente porque habla el mismo lenguaje que artistas y diseñadores y es capaz de aportar soluciones alternativas. “Me gusta la madera porque siempre está viva. Busco que el tacto sea natural, aunque hay que tratarla un pelín para controlar los movimientos, por leves que sean. Uso barnices de poro abierto que la protegen pero no la cubren. Y suelo trabajar con pino, haya o roble, que me encantan. Mucha gente prefiere la madera clara, pero el iroco está muy bien para trabajar, lo mismo que el cerezo o el nogal. La elección depende en gran medida de donde haya que encajar la pieza. La clase de madera depende del encargo. Mezclar maderas también da buenos resultados. No hay que despreciar nada, a mi el tablero marinero me parece estupendo”. Simone empieza de cero, al margen de los tópicos, con la satisfacción de reinventarse haciendo lo que más le gusta.