Los motivos reales del ataque a Irán... más allá de lo que EEUU e Israel confiesan
Trump y Netanyahu han aportado argumentos que son más bien excusas: no había amenazas inminentes ni existenciales, ni motivo para aludir a la legítima defensa. El momento era ideal para hundir un sistema debilitado e imponer la visión propia.

Más que una guerra, lo que han lanzado Estados Unidos e Israel parece una misión, si nos atenemos a sus declaraciones inflamadas de sus mandatarios, Donald Trump y Benjamin Netanyahu. Los dos aliados sostienen públicamente que se mueven por el afán de hacer un mundo más seguro y un Irán más libre, por proteger a sus territorios pero, también, a todo Oriente Medio. "Sólo querían practicar el mal", dicen de los ayatolás.
Los ataques más ambiciosos conocidos contra Irán y la operación que dio muerte a su líder supremo, Alí Jamenei, el pasado sábado se han producido cuando la Casa Blanca estaba negociando con Teherán sobre sus misiles y su programa nuclear. La semana pasada, mantuvieron una reunión en Ginebra (Suiza) calificada de "positiva" por mediadores como Omán, hasta el punto de agendar un nuevo encuentro para la presente semana. ¿Por qué, entonces, empezar a disparar, si se está hablando? Pasó lo mismo hace ocho meses, cuando también Washington y Tel Aviv iniciaron la Guerra de los 12 Días, que tanto debilitó al régimen islamista.
Pero es que el contexto global es ḿás incomprensible aún, puesto que Trump, precisamente, había hecho de la paz uno de sus ejes de campaña en las elecciones presidenciales de 2024. Decía que había escuchado "la voz de los americanos" (sic), que no querían ni enterrar a más de los suyos entre banderas y salvas de honor y que tampoco querían que sus arcas se desangraran en conflictos que no les iban ni les venían. En el caso de Irán, apostaba por la diplomacia -trumpista, pero sin armas-, tras haber enredado las cosas hasta la furia actual al salirse, en 2018, del pacto internacional que controlaba los intereses atómicos de los clérigos, una de las mayores conquistas del diálogo y la multilateralidad de las últimas décadas.
A esta hora, Trump no ha presentado aún a su pueblo pruebas sólidas de la necesidad de atacar a Irán, como tampoco ha pedido permiso ni ha informado al Congreso, esencial cuando se declara una guerra. Habló brevemente del tema antes de atacar, en el discurso del Estado de la Nación, hace seis días (o seis años) atrás y ya sólo nos quedan luego sus vídeos y tuits posteriores, más sus llamadas descontroladas a medios de comunicación, más para vanagloriarse que para explicarse.
Lo que sabemos hasta ahora, oficialmente, es que las razones para atacar Irán son las que siguen:
Nunca una bomba nuclear
.Trump ha afirmado repetidamente, y lo ha vuelto a hacer en estas jornadas de contienda, que Irán jamás podrá tener un arma nuclear. Afirmó haber "destruido" el programa nuclear iraní en ataques el pasado junio, pero esta semana ha indicado que Teherán había intentado reconstruirlo. ¿En qué quedamos? No sabemos, porque no ha aportado pruebas de nada. De que el daño en junio no fue tanto ya dieron cuenta, luego, sus propios servicios de inteligencia. De la recuperación... no es lo que dicen los informes.
"Imagínense cuán envalentonado estaría este régimen si alguna vez tuviera, y de hecho estuviera armado con, armas nucleares para transmitir su mensaje", trató de justificar el sábado, cuando emitió su vídeo de ocho minutos, con la gorra calada.
Sin embargo, el Organismo Internacional de Energía Atómica de las Naciones Unidas y la comunidad de inteligencia estadounidense han evaluado por separado que Irán cerró un programa de desarrollo de armas nucleares en 2003. Teherán, por su parte, niega haber buscado armas nucleares, aunque, como parte del Tratado de No Proliferación Nuclear, afirma tener derecho a enriquecer uranio para fines civiles.
Las potencias occidentales afirman que no existe una justificación civil creíble para el enriquecimiento de uranio por parte de Irán a los niveles que ha producido, eso es plenamente cierto y alerta sobre los verdaderos propósitos de los ayatolás. El OIEA ha declarado que es motivo de seria preocupación, porque ningún otro país lo ha hecho sin producir finalmente armas nucleares.
Añadan los misiles
En su discurso sobre el Estado de la Unión y el sábado, Trump se refirió a los avances en el programa de misiles de Irán, afirmando que representa una amenaza creciente para EEUU. El sábado, afirmó que Irán había intentado "seguir desarrollando misiles de largo alcance que ahora pueden amenazar a nuestros muy buenos amigos y aliados en Europa, a nuestras tropas estacionadas en el extranjero, y que pronto podrían alcanzar territorio estadounidense".
No proporcionó detalles que respaldaran sus acusaciones, aunque los medios estatales iraníes han afirmado en el pasado que Teherán está desarrollando un misil capaz de alcanzar suelo norteamericano. Sin embargo, tras escuchar al republicano, el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, especificó entonces que el alcance de sus proyectiles se ha limitado a propósito a 2.000 kilómetros, por su empleo, dijo, es "defensivo" y negó que puedan alcanzar territorio estadounidense. A Europa pueden llegar pero, por ahora, no es su diana.
Una región más estable sin 'proxies'
El político neoyorquino afirmó en la misma comparecencia y en entrevistas posteriores que el objetivo de los ataques actuales es "defender al pueblo estadounidense eliminando las amenazas inminentes del régimen iraní, un grupo de personas crueles y terribles". Añadió que las "actividades amenazantes de Irán ponen en peligro directo a Estados Unidos, a nuestras tropas, a nuestras bases en el extranjero y a nuestros aliados en todo el mundo", ahonda.
Trump citó ataques como la violenta toma de la Embajada de Estados Unidos en Teherán por parte de Irán, que comenzó en 1979 y mantuvo a decenas de rehenes estadounidenses durante 444 días; un ataque de sus "representantes" contra un cuartel de la Infantería de Marina norteamericana en Beirut en 1983, en el que murieron 241 militares estadounidenses, e innumerables otras acciones contra las fuerzas estadounidenses en Oriente Medio en los últimos años y las rutas marítimas internacionales.
También ha señalado constantemente el apoyo de Irán a grupos afines, el llamado Eje de Resistencia, entre los que se encuentra Hamás, que lanzó un brutal ataque transfronterizo contra Israel el 7 de octubre de 2023 (1.200 muertos, 251 secuestrados). Además del partido-milicia palestino, en ese grupo de amigos de Teherán están los hutíes de Yemen, el grupo chií libanés Hezbolá y milicias de Irak; a ellos se sumaba, hasta diciembre de 2025, la Siria de Bachar al Assad, su muleta más sólida, rota por el avance de la disidencia, que puso fin a casi 14 años de guerra civil.
Siria, pues, queda fuera, pero es que los demás proxies han salido tan debilitados en los últimos años años por los ataques de Israel que, hoy por hoy, no son un peligro enorme para la hegemonía regional de potencias amigas de Washington.

Contra la represión de las protestas
En su discurso sobre el Estado de la Unión, Trump reiteró la acusación de que Irán había asesinado al menos a 32.000 manifestantes en los últimos dos meses, cifras que no pudieron verificarse. Las ONG locales coinciden en que pueden rondar los 30.000, aunque por ejemplo HRANA, una de las más creíbles, expone que tiene confirmadas unas 7.000 y que el resto están por verificar. Irán, denunció el presidente de EEUU, mató a "decenas de miles de sus propios ciudadanos en las calles mientras protestaban".
Un funcionario iraní declaró a Reuters el mes pasado que las autoridades habían verificado al menos 5.000 muertes, incluyendo a unos 500 miembros del personal de seguridad, pero no hacían público el dato: reconocen apenas 3.117 muertos.
Ya en enero, Trump anunció a los manifestantes que la ayuda "estaba en camino", pero tampoco ha sido especialmente claro sobre los derechos de los iraníes, la violación de sus derechos más allá de estas movilizaciones o el estado de las instituciones internas. Habla de armas, habla de petróleo.
Cambio de régimen
Trump insta ahora al "gran y orgulloso pueblo de Irán" a alzarse y arrebatar el poder a sus gobernantes. "Esta noche digo que la hora de su libertad está cerca", declaró. "Cuando terminemos, tomen el control de su gobierno. Será suyo. Esta será probablemente su única oportunidad durante generaciones", enfatizó en su mensaje.
El magnate, que supervisaba la operación desde su resort Mar-a-Lago frente al mar en Florida, publicó más tarde que Jamenei estaba muerto. Lo mismo que Netanyahu. Triunfantes ambos, especialmente el segundo, para quien Irán es una obsesión que viene de lejos, además de una baza electoral de primer orden en año de comicios (serán en otoño).
Mientras llamaba a los iraníes a derrocar al gobierno, Trump advirtió: "Los bombardeos pesados y precisos... continuarán, ininterrumpidamente durante toda la semana o, mientras sea necesario para lograr nuestro objetivo de PAZ EN TODO EL MEDIO ORIENTE Y, DE HECHO, EN EL MUNDO!". Las mayúsculas, como siempre, son suyas.
Sin embargo, el lunes evitó hablar de "cambio de régimen" como tal. Enumeró cuatro objetivos de la guerra: destruir las capacidades de lanzar misiles de Irán, "aniquilar" su Marina, impedir que obtenga armas nucleares y garantizar que el régimen no pueda seguir financiando a sus aliados regionales. Su secretario de Defensa, Pete Hegseth, poco antes, afirmó: "Esta no es una supuesta guerra para un cambio de régimen, pero el régimen sí cambió". ¿Dónde está el objetivo ahora?

Una guerra "de elección"
Con el paso de las jornadas, crecen las dudas sobre el argumentario esgrimido por la Casa Blanca, porque se le ven otras intenciones. Las que no se confiesan. Como escribe el mítico corresponsal David E. Sanger en el New York Times, estamos ante una "guerra de elección" y no de necesidad. Básicamente, ni Trump ni Netanyahu tenían una urgencia para atacar, pero lo hicieron porque lo eligieron, porque quisieron, porque entendieron, dice, que el momento era propicio, dadas las horas bajas del régimen: protestas en las calles, represión estatal, crisis económica, daño de las sanciones internacionales...
Afirma Sanger que otros presidentes de EEUU no tuvieron la mentalidad de Trump de dar el paso de una vez, porque se sentían atados por el derecho internacional, sus mayorías en el Senado y la Cámara de Representantes o el criterio de Naciones Unidas (por más que no sea esta la primera guerra ilegal del país). Pero todo eso hacía que se contuvieran. Trump no, está en su segundo y último mandato, quiere hacer historia, muere por lograr el Nobel de la Paz y esta es la manera que entiende que será la buena, un viraje militarista que no estaba en sus promesas de campaña.
El "notable" momento de debilidad le venía bien a Washington y, por supuesto, siempre a Tel Aviv, que lleva años pidiéndole más a su amigo. Más aún con los problemas internos que Netanyahuy arrastra por Gaza, sus errores al prevenir las acciones de Hamás y su falta de claridad posterior, y con ultranacionalistas y religiosos sosteniendole el gabinete.
Esa conveniencia es la que ha hecho que no repare en lo que le puede pasar a una población de 90 millones de ciudadanos, si no contamos más que los de Irán y no los de los otros países ya afectados, y que lanzase un llamamiento a los iraníes como si el levantamiento fuera pan comido. No ha reparado en la profundidad de las raíces del sistema de los ayatolás ni en el poder que aún tienen los que serán los sucesores de Jamenei, a lo que suman el fanatismo de su misión -otros- y la desesperación que los lleva a quemar todo lo que tienen para sobrevivir. No entiende Trump la complicación que supone levantarse en un país dividido, donde hay quien defiende a los ayatolás, donde la disidencia formal está en la cárcel, en el exilio o muerta.
Como ha reconocido la propia Administración norteamericana, no tiene un plan para el día después y, aún así, ha apostado los ataques aéreos, cuando podía haber apurado el vaso de la paz: acuerdos diplomáticos bajo presión, embargos económicos, más sanciones, interceptación de barcos, aliento a esas protestas internas... Si tenían inteligencia para matar a Jamenei y controlar las cámaras de tráfico de Teherán durante meses, podían también hacer esto, cree el diario. Pero hablamos de Trump, ese señor que dice que su "moralidad" es su brújula, no el derecho internacional.
Rubio, el secretario de Estado, ha dicho esta pasada noche: "Sabíamos que habría una acción israelí contra Irán. Sabíamos que eso precipitaría un ataque contra las fuerzas estadounidenses" por parte del régimen iraní". Unas declaraciones que han generado un enorme escándalo porque dan a entender que fue Netanyahu el que los arrastró. Las risas del primer ministro cuando se le preguntó por ello inquietan (aunque luego dijera que la idea era "ridícula"), incluso entre el movimiento MAGA, acérrimos seguidores de Trump que no comparten esta guerra ni el posible seguidismo a Israel.
Y es que una de las razones que no se cuentan de esta guerra es que, de hecho, se busca un poder regional de Israel que no esté amenazado por Irán. Se quiere debilitar al mayor antagonista de Tel Aviv, una amenaza existencial según las declaraciones de los propios ayatolás pero que nunca se había materializado en ataques directos (el primer choque, en abril de 2025, lo inició Israel) y, con una reacción en cadena, impedir que se recuperen todos esos amigos regionales que hacen que Netanyahu luche "en siete frentes".
Pero va más allá: Irán ataca a países del golfo Pérsico, por ejemplo, que ahora presionan para buscar una salida que no le mate más ciudadanos ni le dañe más hoteles o aeropuertos. De esta crisis puede salir, si vence el tánden occidental, un Oriente Medio más propenso a pactar con Israel y sumarse a los Acuerdos de Abraham, impulsados por Trump en su primer mandato, una idea liderada por su yerno, Jared Kushner, judío con negocios en los asentamientos ilegales de Palestina y en varios países del Golfo. Más que superviviencia, con este plan se le da a Israel el papel de potencia regional, sin opositores como Irán.
Esa mayor cooperación y esa mayor estabilidad por el hundimiento del Eje de Resistencia permitirá, entienden en el Despacho Oval, permitirá que salgan adelante desde negocios personales de las familias Kushner y Trump a, sobre todo, la hoja de ruta para Gaza, donde se quiere construir la famosa Riviera. Ya sin desplazamiento de población, que sería un crimen de guerra, pero siguiendo los planos propuestos por EEUU en Davos.
Sin un Irán retador, el control de mercancías y recursos naturales en una zona clave para el planeta estaría más a su favor, en tiempos de guerras comerciales. Tener el Estrecho de Ozmuz sin amenazas, un paso franco, con los países árabes de la zona alineados con Washington y Tel Aviv y sin sustos. Paso natural que, claro, facilitaría también en acceso a recursos naturales como el petróleo, que ya estuvo detrás en buena medida del arresto de Nicolás Maduro, el presidente de Venezuela, el pasado enero. Tampoco aquí la democracia o los opositores son el eje de su acción. Irán produce alrededor de 3,3 millones de barriles diarios, cerca del 3% de la oferta mundial, lo que se suma a esa ubicación estratégica, por donde fluye crudo hacia India, Japón o China.
Justo China sería, finalmente, otro buen motivo, entienden, para ir a la guerra. "China se opone firmemente al uso de la fuerza para violar la soberanía y la seguridad de otros países en las relaciones internacionales", dice Pekín. Normal, si atendemos a las décadas de cooperación con Teherán y sus intereses en juego.
Según Reuters, no hay cifras oficiales sobre el caudal de petróleo que lograba hasta ahora de Irán, porque las sanciones empujan a la clandestinidad, pero las consultoras independientes y Washington apuntan a que recibió el 80% de la producción iraní del pasado año. Son 1,38 millones de barriles diarios, lo que supone el 13,8% de los 10,27 millones que importa China, el mayor comprador del mundo. Mucho y a buen precio: los ayatolás le descuentan hasta 10 dólares por barril. Sólo en los nueve primeros meses de 2023 ahorró casi 10.000 millones de dólares recurriendo a petróleo iraní, ruso y venezolano, países sancionados por Occidente a los que recurre sin mancharse, por ahora. Puede quedarse sin crudo y sin ruta, si se le veta el paso por Ormuz.
Si ya no hay un Gobierno colaborador con Pekín en Teherán, el golpe será sensible para el país que compite con EEUU por ser la primera economía del mundo y por el Indo-Pacífico, donde todos los analistas coinciden en que se va a desarrollar el tablero de guerra del futuro, nadie sabe cuándo.