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12/09/2015 21:51 CEST | Actualizado 12/09/2015 21:51 CEST

¿Cuántas calorías necesitas para caminar hasta Mordor?

Si quisieras llegar andando hasta Mordor, ¿cuántas calorías quemarías en el trayecto?. La respuesta depende. Depende de si eres un hobbit, un humano, un elfo o un enano, porque todos ellos tienen tasas metabólicas distintas.

Pero no hay problema: supongamos que eres un hobbit. Tu tasa metabólica es mayor que la de humanos y elfos, debido a tu corta estatura y tu baja relación entre superficie corporal y volumen, que te imponen una mayor pérdida de calor y te obligan a comer entre seis y siete veces al día. Tus requerimientos energéticos serán de 1.818,61 kilocalorías al día. Así que con el fin de completar el viaje para destruir el anillo único en los fuegos del Monte del Destino, necesitarás un total de 76 piezas de lembas o pan élfico. Y no olvides el agua: solo para el último y más duro de los tramos, desde la morada de la temible Ella-Laraña hasta la caldera volcánica, deberás prever 24 litros. O sea, 24 kilos. Esto sí que es una pesada carga, y no la del anillo.

Naturalmente, el británico John Ronald Reuel Tolkien no tuvo en cuenta todas estas consideraciones cuando escribió su inmortal saga de la Tierra Media; sobra aclarar que El Señor de los Anillos no pretendía ser precisamente una obra realista. Pero para examinar todas estas cuestiones con el debido rigor científico ya están los estudiantes de Ciencias Naturales del Centro de Ciencia Interdisciplinar de la Universidad de Leicester (Reino Unido), que disponen incluso de su propia revista especializada, como las de sus mayores. El Journal of Interdisciplinary Science Topics (JIST) publica, previa revisión crítica por sus pares, los estudios elaborados por los alumnos de este programa académico basado en la investigación práctica.

Siguiendo el espíritu del programa, los estudiantes aplican los conceptos y métodos científicos actuales a las áreas más variopintas, muchas de ellas extraídas de la cultura popular del momento. Por ejemplo, el último número (volumen 4) publica un estudio que indaga sobre el genoma de los Minions en comparación con el de los humanos, llegando a conclusiones como que las criaturas de Gru, mi villano favorito poseen una mutación en el gen FGFR3 causante de su corta estatura y su cráneo agrandado, que comparten con el pez cebra una serie de genes responsables de su color amarillo, y que se separaron de la línea evolutiva de los humanos hace unos 400 millones de años.

Otro estudio analiza el impacto de la hipotermia sobre el organismo de Anna, la princesa de Frozen, mientras un tercero demuestra que ninguno de los dragones de Cómo entrenar a tu dragón podría llegar a volar realmente.

CIENCIA ENTRETENIDA

La revista es una exitosa propuesta formativa que lleva funcionando desde 2012 y que sigue la estela de otra publicación dedicada a astronomía que la misma Universidad lanzó en 1996. Para la directora de JIST, la doctora Cheryl Hurkett, "es una manera de aprender sobre el proceso de publicación y revisión por pares mediante la experiencia, mucho más entretenida y práctica que sentarse a escuchar una lección", explica a El Huffington Post.

Hurkett opina que la experiencia es "fabulosa" y que no solo instruye a los alumnos fomentando tanto su creatividad como sus capacidades científicas, sino que además muchos de los temas elegidos resultan tan atractivos para el público en general que JIST se convierte también en un instrumento divulgativo comentado a menudo en los medios.

El último número de la revista incluye en particular una serie de estudios dedicados a la obra de Tolkien. Los estudiantes Krisho Manoharan y Skye Rosetti comenzaron estimando las tasas metabólicas de los distintos tipos de seres que habitan la Tierra Media, tomando como referencia análogos animales basándose en su actividad, dieta y hábitat, y aplicando constantes de proporcionalidad entre ellos según su estatura y peso. Para los elfos eligieron el corzo, mientras que la zarigüeya pigmea del suroeste de Australia sirvió como modelo para los hobbits. Para la versión de los humanos presentes en el mundo de Tolkien se empleó como referencia el zorro común.

En otro estudio, Manoharan y Rosetti extienden sus resultados para computar el consumo total de energía durante el viaje de 92 días de la Comunidad del Anillo: 1.780.214,59 kilocalorías. Para ello, los integrantes de la compañía deberán hacerse con un total de 675 piezas de lembas —ese pan élfico del que se dice que un solo bocado llena el estómago de un hombre adulto— repartidas de la siguiente manera: 304 para los cuatro hobbits, 214 para Gandalf, Aragorn y Boromir, 99 para el enano Gimli y 60 para el elfo Legolas.

Por otra parte, los requerimientos de agua de Frodo y Sam en su etapa final hacia el Monte del Destino son obra de la estudiante Catherine Berridge, que ha tomado en consideración los patrones de actividad diaria de los hobbits, su consumo energético, la distancia a recorrer, la velocidad de la marcha e incluso el clima caluroso de Mordor. Por desgracia, los 24 litros por hobbit supondrían demasiada carga; la conclusión de la autora es que “no habrían tenido la fuerza suficiente para transportar toda el agua precisa para sus necesidades”. Berridge cita las palabras del propio Sam: "El agua va a ser un problema".

DURO COMO ESCAMAS DE DRAGÓN

Pero la alimentación y el agua no son los únicos retos que debe superar la Comunidad del Anillo. Durante su paso por las Minas de Moria, Frodo sufre el ataque de un trol de las cavernas que le agrede con una lanza. El hobbit sale indemne gracias a que oculta bajo su ropa una cota de malla de mithril, un material ligero como una pluma pero duro como escamas de dragón.

Alice E. Cooper-Dunn y Richard Walker se han ocupado de calcular las posibilidades reales que habría tenido Frodo de sobrevivir a la agresión y los resultados no pintan muy bien para el intrépido hobbit: aunque la armadura impidiese la perforación de su pecho, un traumatismo con una fuerza de 23.500 newtons habría bastado para romperle el esternón, una cifra muy por debajo de los 64.300 newtons que podría ejercer el gigantesco trol.

Con todo, los estudiantes destacan una diferencia entre la versión original de Tolkien y la cinematográfica de Peter Jackson: en la primera Frodo no era lanceado por un trol sino por un orco, de potencia física mucho menor. En este caso, los 1.727 newtons habrían sido perfectamente soportables.

Claro que en la Tierra Media toda clase de gestas sobrehumanas parecen posibles, y por ello Walker y Cooper-Dunn se han preguntado si el contenido de oxígeno en el aire tolkieniano sería mayor que en nuestra atmósfera, ofreciendo rendimientos extraordinarios a sus personajes. Y en este caso, las cifras cuadran: con un incremento de un 10% en la proporción de oxígeno y aplicando la ecuación de intercambio de gases, los autores concluyen que Aragorn podría haber alcanzado una presión parcial de oxígeno arterial al menos un 54% mayor del máximo en los humanos de nuestro mundo, lo que podría haberle “conferido una considerable ventaja física” para, por ejemplo, resistir toda una noche combatiendo contra el asedio de los Uruk-Hai en la batalla del Abismo de Helm.

La mayor cantidad de oxígeno, añaden los estudiantes, permitiría que en la Tierra Media habitaran animales sobredimensionados, como la monstruosa Ella-Laraña, el dragón Smaug o los olifantes o mûmakil, criaturas colosales similares a elefantes.

Curiosamente, no es la primera vez que los científicos se ocupan de la obra de Tolkien; en 2004 el biólogo evolutivo y redactor de la revista Nature Henry Gee publicó todo un volumen dedicado a la ciencia de la Tierra Media. Y todo ello a pesar de que el autor británico, enfrascado en sus mundos mágicos, profesaba una reconocida oposición hacia el progreso tecnológico, algo que reflejó en el ideal de la vida simple y campesina de la Comarca.

Pero si algo tienen en común ciencia y magia, es lo que resume Hurkett y que convierte a la ciencia en la magia de los científicos: "Aprender y aplicar la ciencia debería ser divertido".

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