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29/11/2015 10:05 CET | Actualizado 02/08/2016 19:57 CEST

Amarillo en el salón: claves para darle luminosidad sin empequeñecer el espacio

Es un gran aliado a la hora de decorar las zonas comunes de una casa, como el salón, el comedor o la cocina, ya que contribuye a transmitir una atmósfera alegre y optimista. El amarillo es además un color muy versátil porque depende de la época del año aporta unas cualidades u otras. En los meses más fríos ayuda a conseguir la calidez necesaria, en primavera resplandece y en verano proporciona esa pincelada divertida y alegre tan apropiada para cuando se acercan las vacaciones.

Estamos ante un tono vivo, que pertenece al grupo de los denominados cálidos. Resulta ideal para iluminar cualquier ambiente y al parecer incita a la comunicación entre las personas, de ahí que sea perfecto para las áreas de uso común. Aunque hay que usarlo en la justa medida, sobre todo si no se cuenta con un salón amplio porque tiende a empequeñecer el espacio. En ambientes de corte ecléctico, puede combinarse con multitud de colores, con lo que se consigue un espacio cargado de optimismo y buenas vibraciones, como la sala de estar de la imagen superior.

QUÉ COLOREAR DE AMARILLO Y CÓMO

1. Complementos textiles. Una de las soluciones más sencillas para decorar con un color determinado sin querer arriesgar excesivamente pasa por elegir pequeños complementos textiles, como unos cojines para el sofá. Lo recomendable es combinar varios de distintos formatos y diseños con el amarillo como gran protagonista. Puede completarse el look con velas, jarrones y flores en la misma tonalidad para crear un efecto armónico.

2. Piezas grandes. Aquellos que se atreva a tapizar o elegir una pieza de gran volumen en color amarillo, y no cuenten con demasiada luz natural, deberían compensar con cualquier gama de neutros a su alrededor. Pueden pintarse las paredes en blanco o gris para evitar que el ambiente se torne demasiado recargado. Con el amarillo se aporta un punto focal muy intenso y con personalidad arrolladora sin que el espacio parezca un muestrario de colores del que llegar a cansarse con facilidad.

3. Las paredes. A pesar de ser una propuesta que no es fácil de combinar, si se quiere dar a las paredes un tono amarillo hay que tener en cuenta que es recomendable que el techo o alguna pared sea blanco para no saturar. El amarillo debería ser suave, ya que si se pinta todo el salón en una tonalidad demasiado fuerte, el efecto resultante será demasiado eléctrico, por lo que perderá calidez y no resultará nada relajante. Pintar todo el salón de amarillo, sólo es válido si se dispone de un área de grandes dimensiones y se quiere conseguir un ambiente cálido o se necesita aumentar la sensación de luminosidad.

4. Pintura decorativa y papel pintado. Si el salón no es muy grande, siempre se puede optar por pintar una sola pared en ese tono o realizar algún patrón de dibujo, como unas franjas en vertical u horizontal, lo que te ayuda a aportar la dosis de calidez necesaria sin recargar demasiado el ambiente. Para conseguir ese efecto, también se puede usar un papel pintado en el que intervenga el amarillo mezclado con otros colores como el blanco, negro y gris, ya que tiene el poder de aumentar la temperatura del espacio, estimula el intelecto y aporta sensación de juventud.

¿CON QUÉ COLORES COMBINA?

La mezcla más sencilla consiste en coordinar diferentes tonalidades de amarillo con tonos pastel, ocres y sofisticados dorados. Para lograr que el salón no se transforme en un espacio aburrido, se puede jugar con distintas texturas en los complementos.

En un esquema armónico, sin excesivas estridencias, también se recomienda combinar el amarillo con verdes y naranjas. Para una propuesta de contrastes, hay que utilizar los colores que están al otro lado del círculo cromático, como los violetas, azules y púrpuras.

Aunque años atrás una de las combinaciones más utilizadas era la del amarillo con el azul marino —estilo que se identifica con ambientes tradicionales y coloniales—, ahora tiende a usarse más una tonalidad de azul pálido o turquesa, obteniendo así un ambiente de estilo nórdico, como en la imagen.

Gris y amarillo, la combinación ganadora. Probablemente el color amarillo sea uno de los más difíciles de combinar, excepto con los neutros que van desde el blanco hasta cualquier tonalidad de gris y el negro. Aunque su complementario en el círculo cromático es el violeta, con el que forma una combinación muy atrevida y alegre, si se quiere dar al salón una dosis de serenidad se ha de coordinar con el gris. Tanto si se trata de una opción pálida como oscura. Así se consigue un ambiente contemporáneo con pinceladas cálidas y optimistas.

En cuanto a los materiales, el color amarillo funciona muy bien con la madera, tanto de tonos claros como más oscuros.

Cuestión de estilo. Sea cual sea nuestro estilo, el amarillo tiene la virtud de adaptarse a cualquier propuesta decorativa. Tanto si se cuenta con un salón de estilo clásico como si es rústico o contemporáneo.

Algunas pinceladas en esa tonalidad ayudan a aportar vitalidad al ambiente.

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