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08/02/2017 07:47 CET | Actualizado 17/02/2017 11:54 CET

'Dirty Dancing' era un alegato por el aborto seguro disfrazado de comedia romántica

¿Quién nos iba a decir cuando éramos adolescentes y veíamos Dirty Dancing que iba a ser uno de los VHS feministas de nuestra colección?

Puede que la guionista Eleanor Bergstein tuviera una corazonada. "Como dice mi marido, si no estoy contenta con la longevidad de la película, debería hacer películas en la luna", comenta a los compañeros de la edición estadounidense del Huffington Post con ocasión del 30 aniversario de la cinta. Desde que se estrenó en 1987, millones de personas de todo el mundo se han enamorado de ese inolvidable verano en el hotel Kellerman.

Además, es una de las pocas películas que retrata de forma realista el aborto en la gran pantalla; a través del personaje de Penny, una bailarina que se ve obligada a perderse una actuación por someterse a un aborto clandestino en 1963, diez años antes de que se reconociera el derecho al aborto inducido en Estados Unidos. Ese es precisamente el punto de partida del resto de la trama: Baby (encarnada por la actriz Jennifer Grey) se ofrece a sustituir a Penny y a aprenderse la coreografía con la ayuda de Johnny (interpretado por Patrick Swayze), el misterioso y volátil profesor de danza por el que siente una atracción innegable. Y a esto le sigue la clásica dinámica típica de una comedia romántica.

"No ocupa mucho espacio en la película", comenta Bergstein sobre la trama del aborto. "Como era de esperar, antes de que se estrenara, uno de los patrocinadores estadounidenses la vio y nos pidió que omitiéramos el aborto. Se pusieron en contacto conmigo cuando la película ya se había rodado para decirme que quitáramos lo del aborto. Pero yo le dije, con total sinceridad: 'No puedo quitarlo porque si no hay aborto, no hay ningún motivo para que Baby aprenda a bailar ni para que se enamore de Johnny y la historia entera se desmoronaría".

Patrick Swayze y Jennifer Grey en 'Dirty Dancing'.

"La gente no reparaba en ello [en la trama del aborto]", comenta Bergstein. "Algunas veces, alguien se daba cuenta y decía: '¿A qué viene esto? Estamos en 1987. El aborto está permitido, es una tontería'. A lo que yo respondía: 'Sí, pero en el 63 no lo estaba, así que quién sabe'. A nadie le importaba lo suficiente como para discutir conmigo sobre el tema, pero la gente pensaba que había sido un poco ridículo incluirlo. Pero ahora sabemos que el derecho a abortar en Estados Unidos pende de un hilo".

De esta manera, una película que parecía no ser más que una historia de amor retrataba la oscura realidad de los abortos ilegales; un recordatorio cinematográfico de la importancia de los derechos por los que llevan luchando las mujeres durante generaciones. En un momento, Baby llama a su padre, que es médico, al enterarse de que Penny está sufriendo complicaciones tras la operación chapucera a la que se ha sometido y otro de los empleados del hotel Kellerman explica las condiciones insalubres a las que había estado expuesta la bailarina.

"Uno de los motivos por los que incluí un vocabulario desagradable era que las mujeres jóvenes de la época pensaban que abortar era tan sencillo como acudir a un centro de planificación familiar o como someterse a una operación de apendicitis; no entendían exactamente lo que podía pasar porque se encontraban dentro de una burbuja de seguridad total", explica Bergstein. Un espectador de Dirty Dancing, en el momento en el que se estrenó la película, podía estar acostumbrado a que el derecho a aborto fuera algo que se diera por sentado. Aunque Bergstein está orgullosa de haber podido compartir esta historia en concreto, opina que no le gusta nada "ver que ahora este tema puede volver a ser un problema en Estados Unidos".

Para algunos, la representación del aborto en pantalla puede parecer algo irrelevante. Sin embargo, una trama como la de Penny no suele ser muy frecuente en Hollywood. Bergstein recuerda haber investigado y haber visto otras películas en las que se hablaba de un posible embarazo, pero se sorprendió al descubrir que en muy pocas se trataba el tema del aborto sin paños calientes.

Una de las películas que menciona Bergstein como ejemplo de la representación realista de un aborto es Obvious Child; una cinta que se estrenó en 2014 en la que una monologuista se somete a un aborto tras quedarse embarazada después de un rollo de una noche.

"Lo que hace Obvious Child es mostrar lo difícil que es abortar, incluso por vías legales", afirma Bergstein. "Y lo caro, lo doloroso y lo difícil que es a nivel emocional".

"Si echamos un vistazo, parece que las películas feministas posteriores a Dirty Dancing en las que se trata el tema del embarazo no deseado acaban con una protagonista que al final decide tener el bebé", explica la guionista. "Así que en realidad lleva 30 años sin haber abortos legales en el cine. Y yo fui la primera en sorprenderme porque pensaba: 'bueno, nosotros lo incluimos y abrimos la veda", añade.

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Este artículo fue publicado originalmente en la edición estadounidense de 'The Huffington Post' y ha sido traducido del inglés por Irene de Andrés y Lara Eleno.

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