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21/05/2014 07:51 CEST | Actualizado 20/07/2014 11:12 CEST

¡Hasta el infinito y más allá! Así es la cocina y así es el cine

Mi película favorita sobre la cocina es sin duda alguna El festín de Babette de Gabriel Axel, donde los ojos y el rostro de los comensales se van iluminando poco a poco, en un estado casi orgásmico, en una mesa bien servida. Aquí os dejo algo para recordar y cocinar.

Canción recomendada: Capital Cities, Safe and Sound.

"Vivir día a día es lo mismo que cocinar. Sean los que sean los ingredientes, al final el sabor es lo único que cuenta". Chu. Comer, beber y amar. 1994

Ayer me preguntó un director de cine latinoamericano que pasaba de viaje por Panamá hacia el festival de cine de Cannes, cuál era mi película favorita sobre la cocina. Sin duda alguna El festín de Babette (en danés, Babettes gæstebud) de Gabriel Axel, donde los ojos y el rostro de los comensales se van iluminando poco a poco, en un estado casi orgásmico, en una mesa bien servida. Esto es gastronomía en el cine en su esencia más pura, bella e intelectual. Por cierto, Gabriel murió este año con 95 años... igual tan buen comer alargó su vida.

Pero, ¿os habéis preguntado alguna vez a qué sabe la comida de 2001: Odisea en el espacio? ¿O a qué sabrán los spaguettis escurridos sobre una raqueta de tenis que Jack Lemon le cocina a Shirle McLaine? ¿O si de verdad existen ratones capaces de distinguir entre un queso francés o un manchego? A veces llegamos al cine buscando la película perfecta y salimos de él con un apetito voraz, una salivación tan pornográfica que nuestra mente no deja de pensar en comer, beber, y cómo no, en amar.

La gastronomía y el cine ocupan un papel en nuestra cultura que décadas atrás era ocupado por el sexo. Pero ese matrimonio de aromas, sabores y fotografías en movimiento nos alientan a ejercitar la memoria y buscar entre nuestras patologías y placeres más secretos.

Así es la cocina en el cine, un laboratorio de emociones y experiencias que no podemos probar, pero que nos alimenta y nos lleva a recordar ese increíble diafragma de segundo que perdurará en nuestra mente años tras años, como la buena cocina; la cocina de nuestras abuelas y madres; la cocina que cada día nos hace pensar y recordar por qué la cocina es más que un acto biológico; es una acto cultural, como esos 35mm que no dejan de exponerse durante dos horas aproximadamente frente a nuestros ojos.

Pero no todas las escenas culinarias en el cine son pensamientos románticos, nostálgicos o de un glamour que nos hace perder la razón y nos cautiva creyendo que estamos en el mejor restaurante del mundo o en la boda perfecta. Os pongo por escena el momento en que Charles Chaplin (La quimera del oro), un vagabundo buscador de oro, comparte una magra cena de Acción de Gracias con su compañero de cabaña consistente en una bota hervida. Pocas veces el cine ha representado el hambre de una manera tan efectiva y tan cómica.

El cine es una suerte de cocina de las ilusiones y de las fantasías. La cocina donde la ensoñación lleva a enamorarse del protagonista, o a hacerle desaparecer antes de seguir comiendo, como en el caso de casi todas las películas de gangster (tal vez en las que mejor se come y se elaboran deliciosas recetas). Y hablando de gangsters, un detalle del género: "El viejo Clemenza explica a Michael Corleone cómo preparar los spaghetti perfectos, el guión indicaba: 'Tuesta un ajo picado'. Mario Puzo tachó inmediatamente el verbo de la frase, reemplazándola por 'fríe un ajo picado'. Su explicación: 'Ningún mafioso que se respete usaría la palabra 'tostar''", como explican en este artículo de Cinemanía.

Se acercan los minutos finales y hay que ponerle un bocado feliz a este artículo; es el momento de un crear un plato en la gran pantalla de tu vida, pero dejadme estos segundos de vuestra lectura para recordaos que la gastronomía en el séptimo arte, sirve como metáfora gráfica de la pobreza, riqueza, codicia, lujuria, sexo, pérdida, muerte e incluso la contradicción de los seres humanos. Al igual que el cine, la gastronomía sin público no existiría.

Quién sabe, si no puedes llegar a ser director de cine o conseguir un Oscar a la mejor interpretación del año, prueba con la cocina y siéntela como si fueras El Chef Enamorado: un chef francés extravagante y vividor que decide inaugurar un restaurante de lujo y se enamora de una hermosa princesa francesa.

El resto del guión lo cocinas tú. No olvides aliñar el guiso con tus recuerdos, con una luz maravillosa y salpícalo con bellas palabras, susurros de amor y voces de almíbar. No podrás fallar.

Aquí os dejo algo para recordar y cocinar.

#sedcuriosos

Tartar de salmón con foie-gras de pato

tartar

600gr de lomo de salmón fresco

Un huevo

Un vaso de aceite de oliva

Medio vaso de aceite de girasol

Zumo de medio limón

Una cuchara de alcaparras

Dos cucharadas de pepinillos

Dos cucharadas de cebolleta

Un manojo de cebollino picado

Unas gotas de tabasco

Unas gotas de yuzu (lima verde)

Unas gotas de salsa Perrins

Picamos finamente la alcaparra, los pepinillos y las cebolletas. Cortamos el salmón en cuadrados pequeños.

Con los aceites, el huevo y el limón hacemos una mahonesa.

Una vez hecha la mahonesa, y los ingredientes picados, unimos la mahonesa con la alcaparra, el pepinillo y la cebolleta. Aliñamos con el tabasco, el Perrins, unas gotas de yuzu sal, pimienta y el cebollino.

Foie-gras de pato:

4 escalopes de foie-gras de pato de 90gr y 1cm de ancho

2g curry rojo

10cl de Pedro Ximénez reducido

Flor de sal

Pimienta negra recién molida

 

Salpimentar los escalopes de foie-gras y espolvorear con el curry rojo. Reservar a temperatura ambiente antes de cocinar.

En una sartén antiadherente dorar el foie-gras de pato por ambos lados.

Para emplatarlo colocamos un poco de salsa en un plato hondo y con la ayuda de un molde, un poco del salmón y encima el foie-gras. Unas escamas de sal maldón y un chorro de Pedro Ximénez. Decorar con flores comestibles.

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