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27/03/2013 20:14 CET | Actualizado 26/05/2013 11:12 CEST

Venezuela: La campaña

Oficialmente, la campaña electoral comienza el 2 de abril y termina el 11 del mismo mes. Nueve días en los que los candidatos van a salir a matar o a morir (quizás esta no sea la referencia más adecuada, pues Venezuela es uno de los países más violentos del mundo).

La campaña electoral en Venezuela comenzó extraoficialmente. Los dos candidatos más importantes (hay otros candidatos, pero honestamente no tienen la más mínima oportunidad, aunque María Bolívar sirve como un alivio cómico para una campaña extremadamente sucia), se encuentran recorriendo el país, hacen concentraciones, mítines, besan bebés, abrazan viejitas y en sus discursos gritan mucho y se ofenden el uno al otro, constantemente.

Nicolás Maduro, el candidato del gobierno, el presidente encargado, el heredero de Chávez, el hijo de Chávez y de Bolívar y un sinfín de cosas más, parte con un grosero ventajismo; puede usar todo el aparato comunicacional del estado venezolano. El Consejo Nacional Electoral no le dice nada, no lo multa, no lo regaña, ni siquiera le alza la voz. Maduro está guapo y apoyado.

Henrique Capriles Radonski, el candidato de la oposición, el flaco, el caminante, el de la gorra tricolor, el del perro que se llama Progreso, parte con un Consejo Nacional Electoral en su contra, con un gobierno en su contra (gobierno que hace hasta lo imposible por impedir sus actos y sus concentraciones), parte con poco espacio para maniobrar; cualquier cosa que diga está mal vista por los chavistas que ahora son maduristas. Si un candidato presidencial la ha tenido realmente complicada en los últimos 20 años, ese es, sin lugar a dudas, Capriles Radonski.

Y eso que Venezuela está en precampaña. Oficialmente, la campaña electoral comienza el 2 de abril y termina el 11 del mismo mes. Nueve días en los que los candidatos van a salir a matar o a morir (quizás esta no sea la referencia más adecuada, pues Venezuela es uno de los países más violentos del mundo).

Los venezolanos realmente no esperamos nada nuevo de ninguno de los candidatos, las promesas son las mismas y la capacidad de cumplir esas promesas por parte del gobierno nacional son completamente nulas. Chávez en 14 años no cumplió nada de lo que prometió (basta recordar que cuando fue elegido presidente por primera vez en 1998, anunció que si al cabo de un año de su gobierno aún existían niños viviendo en las calles, él se cambiaria el nombre. Pues ni solucionó el problema de los niños en situación de calle, ni se cambió el nombre). Entonces, si Chávez, que concentró un poder y unos recursos nunca antes vistos para un presidente venezolano, no lo hizo, es lógico pensar que Maduro tampoco hará nada. O bueno, sí, va a hacer más de lo mismo. Lo que me hace concluir que lo que está mal ahorita con Maduro va a estar peor.

Pero, bueno, estoy un tanto parcializado. Lo único diferente que ofrece Capriles es la esperanza de un cambio y como dijo el poeta italiano Ovidio: "La esperanza hace que agite el náufrago sus brazos en medio de las aguas, aún cuando no vea tierra por ningún lado".

De ganar Capriles, los problemas no van a solucionarse de la noche a la mañana. Venezuela seguirá siendo uno de los países más violentos del mundo, continuará la escasez de alimentos, seguirá en picada la economía, continuarán las protestas en los sectores de la salud y educación, la delincuencia seguirá mandando en las calles y el pueblo continuará odiándose, gracias a la división fomentada durante los últimos 14 años. Sí, si gana Capriles el panorama es malo, pero es menos malo que si gana Maduro, pues Capriles ofrece una visión nueva de las cosas, una manera diferente de trabajar. La gran promesa de Capriles es la esperanza de poder hacer mejor las cosas y eso, en esta situación, sería todo un triunfo.

Independientemente de lo que pasé, independientemente del candidato que resulte ganador, me gustaría que se realizara un verdadero llamado al diálogo. Ya basta de que los venezolanos nos matemos (literal y figurativamente) tan sólo por tener una opinión política distinta. Al final de cuentas, a un país lo hace su gente, no el gobierno de turno.

Me tomo el atrevimiento de tomar prestadas unas palabras del cantante y actor venezolano Roque Valero, que creo calan muy bien en este momento: "Los líderes gerencian países, pero los países los hace su gente; seamos más país, seamos más gente". Sería interesante que los venezolanos comenzáramos a pensar en eso.

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